9 de January de 2011 00:00

Los desalojos se tornan violentos y revelan huellas políticas en la zona

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El estruendo de las palas mecánicas contrastó con el roce de los machetes sobre los pedazos de caña que quedaron regados en la tierra. La mañana de ayer, el sector conocido como Elvira Leonor, se convirtió en un campo de batalla.Con palos, piedras y cuchillos, hombres y mujeres trataban de defender las endebles viviendas de madera que levantaron sobre una pampa en el noroeste de Guayaquil, declarada zona de seguridad por el Gobierno. Así se enfrentaron a los militares y policías que no dudaron en apuntarlos con sus pistolas y rifles.

De los gritos de reclamo pasaron a los empujones y luego a forcejeos, que terminaron con la detención de un hombre.

“Esto es lo único que tenemos para vivir, se lo compramos al abogado Marcos Solís. Él nos dijo que era legal y tenemos pruebas”, gritaba desesperada Rufina Vilela, quien se rehusaba a dejar el solar por el que pagó USD 1 500.

El paso de la maquinaria solo dejó cañas quebradas y planchas de zinc retorcidas. Cerca de las 11:00, unos 100 militares acompañados por patrulleros de la Policía Nacional realizaron un nuevo desalojo, por cuarto día.

Un día antes, cinco personas fueron detenidas mientras medían solares y contabilizaban varios predios en terrenos presuntamente de propiedad de Marcos Solís. Javier Q., Francisco P. y Carlos E. son tres de los detenidos.

Pero la mañana de ayer los desalojos se tornaron más violentos. Mientras el presidente Rafael Correa realizaba su enlace radial desde Baeza (Napo), donde ratificó su tesis de “tolerancia cero a las invasiones”, la comisaria Cuarta de Policía, Norma Quiñónez, constataba la destrucción de las casas que, según dijo, se levantaron en las últimas 24 horas.

Incluso trató de mediar con los supuestos invasores. “En toda esta zona hay que hacer una limpieza, por favor salgan”, repetía en medio de los gritos del populacho.

Armados con machetes y palos, los supuestos dueños de los solares seguían de cerca la ruta de los militares. En cuanto se daba la orden de derrumbar alguna vivienda, corrían para rodearla e impedir el paso del tractor.

En tanto que otros mostraban cartelones en los que resaltaban fotografías del líder popular del sector, Marcos Solís, junto a varios funcionarios del régimen de Rafael Correa. Ahí se lo observa en los recorridos de campaña de María de los Ángeles Duarte, actual ministra de Transporte, cuando buscaba la Alcaldía de Guayaquil. También aparece en reuniones con Roberto Cuero, en la Gobernación del Guayas.

Y en otras luce sonriente junto a Correa y el ex asambleísta Balerio Estacio, ahora detenido. Fue en una tarima instalada en Monte Sinaí, el principal bastión de Solís. “Primero nos usaron hasta llegar al poder. Ahí no éramos invasores”, resaltaba debajo de la foto.

“Nosotros éramos de País. Aquí venían en buses para sacarnos a campañas y marchas. Ahora nos pagan así”, repetía Hilario Espinoza, quien defendía un solar cercado, donde solo quedaron escombros.

Ruth Páez hacía trinchera frente a su casa. Sus hijos la custodiaban y le advertían de la llegada de una excavadora. “Correa comía en el mismo plato, se reía con Solís. Ahora nos persigue como delincuentes”, reclamó la mujer.

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