9 de April de 2011 00:00

Alerta a los signos del consumo de droga

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Alumnos del segundo de bachillerato venden droga dentro de un colegio particular del norte de Quito. Gonzalo Avilés, de la Policía Antinarcóticos, refiere que el caso fue denunciado el miércoles y que se inició una investigación.

El hecho es una evidencia de la exposición de los jóvenes a las drogas, sostiene. “La adolescencia es una edad de transición”, explica Patricio Narváez, coordinador del Departamento de Tutoría y Bienestar Estudiantil de otro centro educativo de Quito.

“Hay chicos que cuando eran niños no se veían físicamente, pero de adolescentes ya se miran al espejo. No se conforman con su apariencia física y para sentirse aceptados utilizan este tipo de sustancias. Los chicos que consumen drogas tienen autoestima baja, carencias afectivas”, dice.

Tenía 18 años y Óscar no terminaba el primer año de bachillerato. Una imagen de la niñez lo marcó: vio a su madre besarse con un hombre que no era su padre. Guardó ese secreto y sintió que traicionaba a su papá. Los especialistas que lo trataron concluyeron que esa fue la causa de su adicción: a los 14 años se involucró en las drogas en un colegio privado.

“Óscar fumaba en las afueras del plantel y perdió los años, primero porque bajó su rendimiento y luego porque ya no iba a clases”, dice el psicólogo tratante, quien pide la reserva del nombre, por su compromiso con el paciente.

Con base en las detenciones hechas por la Policía, dice Avilés, los jóvenes no solo acceden a droga en los colegios, sino también en discotecas, parques, centros comerciales, barrio. “Existe también el servicio a domicilio”, ofertado por conductores de taxis, vehículos particulares y motos. De hecho, en Quito hay 51 barrios donde se oferta droga. En 12 de ellos (ver mapa), según Antinarcóticos, el expendio clandestino es alto.

En Ecuador, el 23% de colegiales dice que es fácil conseguir marihuana; el 11% sostiene que puede acceder a cocaína, el 8% a éxtasis y el 6% a pasta base, según la última encuesta nacional sobre el consumo de drogas en estudiantes de enseñanza media, realizada por el Consejo Nacional de Control de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas (Consep).

“El problema del consumo es multicausal”, refiere Fabián Araujo, psicólogo de la Fundación Nuestros Jóvenes. “Los jóvenes consumen por influencia de los compañeros, pero también por antecedentes personales o disfunción familiar; la ausencia de la figura materna o paterna por la emigración tiene un costo alto”.

La primera vez que Gabriela desapareció de su casa tenía 14 años. Sus padres no supieron nada de ella por cuatro días. “Cuando regresó la castigamos y Gaby dijo que una pandilla le había impedido venir a la casa”, relata Cristina, su madre.

En los meses siguientes la madre notó que su hija perdía peso, tenía ojeras, no comía y dormía poco. “Nunca encontré droga en sus cosas, ella decía que no consumía, pero los cambios eran evidentes”, comenta Cristina, quien hace tres semanas no tiene noticias de su hija. Es la cuarta vez que ella desaparece, salvo que ahora tiene dos meses de embarazo.

¿Cómo saber si un adolescente es víctima de las drogas? Araujo sostiene que las señales de alerta vienen juntas: el cambio de actitud, el bajo rendimiento académico, la disminución de peso, el cambio de hábitos alimenticios, el silencio y la falta de sueño.

Si los jóvenes se vuelven agresivos, tienen la mirada rojiza, se aíslan, no pasan en la casa, tienen llamadas telefónicas secretas, se encierran mucho tiempo y no duermen hay motivo para prender las alarmas, asegura Narváez.

Pero los psicólogos precisan que si se detectan esos signos, no hay que sentenciar a los jóvenes. La solución es brindar tratamiento en un centro especializado. “Hay padres que están ausentes por sus trabajos y hay padres que están en la casa pero ausentes. Los jóvenes necesitan, sobre todo, cariño; hay que hablar con ellos, darles confianza, seguridad. Que sepan que por más grave que sea un problema cuentan con sus padres”, enfatiza Narváez.

Enrique Aguilar, médico psiquiatra, alerta: “El joven se convierte en adicto porque debe aumentar las dosis para obtener el mismo efecto sedante. Si un joven consume drogas, a futuro tendrá problemas en la memoria e incluso en aspectos más somáticos como el rendimiento sexual”.

El papá de Roberto era drogadicto y todos en la familia lo cuestionaban. Cuando tenía 12 años, “para que ya no hablen de mi papá y hablen de mí, empecé a consumir droga”, dice el joven, quien, como no tenía dinero, se convirtió en microtraficante en su barrio.

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