13 de December de 2009 00:00

Scrooge, su vida y la tragedia a cuatro voces

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¿Qué tienen los clásicos que se los repite hasta el hartazgo? Si hay algo más tradicional que los villancicos y cualquier comida navideña, sin duda es la proyección de una  de las infinitas versiones de ‘Un cuento de Navidad’.

Debe ser que Scrooge nos cautiva con su avaricia, debe ser que nos recuerda que también es bonito no  siempre tener un buen corazón. Pero eso está en contra de lo que nos dicen. Ya deberíamos saber que el verdadero sentido de la Navidad es bla bla bla,  pero somos conmovedoramente necios; entonces Scrooge debe recordarnos la lección nuevamente.

Nunca lo vimos como en ‘Los fantasmas de Scrooge’, una película en donde no se ha escatimado en recursos audiovisuales, gracias a los cuales vemos detalles hasta ahora desconocidos. El viejo Scrooge ha sido alto, seco, ha tenido vellos blancos en el lomo de la nariz  y los ojos profundamente verdes.

Pero, por sobre todo, vemos que su vida es la historia de sus propios fantasmas, que, incluso, a veces llega a ser tenebrosa. Estremece la aparición tridimensional de Jacob Marley, amigo y socio de Scrooge. Es verde, es fiero, está amarrado con pesadas cadenas a pesos que nadie podría sostener. Sus verdes cabellos se mueven  y no hay viento. Sus verdes cabellos ondulan como los de un ahogado.

Se cumple lo que Marley presagia. El primer fantasma que se presenta ante Scrooge es el de la Navidad pasada. Le muestra su infancia, lo feliz que era. También le enseña cómo fue que se volvió un avaro, cómo dejó que su trabajo se convierta en su obsesión, y debido a ello cómo se fue  quedando más solo. Este es el primer momento de luz de una película cuyas imágenes gritan  el frío  de la noche, la tristeza de la soledad y la írrita cara de la vejez.

Deslumbra la aparición del fantasma de la Navidad presente. Es gordo, es opulento, está rodeado de mucha comida. No parece tener una excelente salud. Todo brilla a su alrededor, como si la  Navidad de Dickens fuera tan llena de chucherías como la actual. Parece que deberíamos encontrar un punto medio con el pasado. La Navidad presente  le muestra la terrible situación de su empleado Bob Cratchit, y cómo  Scrooge se convertirá en  cómplice de la muerte del niño Tim Cratchit.

¿Es suficiente para ablandar a una persona? Parece que no, por eso se necesita que el fantasma de la Navidad futura aparezca. Es una sombra que nos es común a todos, es la huesuda muerte que ha olvidado su guadaña. Ella   le muestra al viejo avaro su propia tumba. El final es amargo cuando  Scrooge cambia para salvar su vida. Nunca cambia por los demás. Scrooge sigue siendo avaro. Por: Pablo Torres A.

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