16 de abril de 2015 20:08

Los ‘rollers’ se abren paso en las noches quiteñas

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Mariela Rosero

El colectivo Roller Adventures fomenta el uso de patines como medio de transporte. Enseña a patinar los lunes y domingos, en La Carolina y el Bicentenario.

Si pudieran elegir, preferirían patinar a caminar. Con las botas dotadas de cuatro ruedas en fila se mueven por sitios imposibles para motos o bicicletas. Pero no pueden ser intrépidos con el tránsito pesado y el irrespeto cotidiano a los pasos cebra.

Unos 25 integrantes del colectivo Roller Adventures se sienten libres en patines. Cuando se los sacan se quedan con la costumbre de agacharse un poco y flexionar las piernas lo más posible, para que, al estirarse, su cuerpo los ayude a impulsarse como si aún los tuvieran puestos.

Eso le pasa seguido a Juan Sebastián Baquero, de 28 años; ingeniero civil y profesor de la Universidad Católica. También a Damián Castro, ingeniero automotor de 36, que trabaja en el Ministerio del Interior.

Tres veces por semana se juntan en el parque La Carolina. Los lunes de 20:00 a 22:00, en las canchas de basquetbol, por la av. De los Shyris, enseñan técnicas a principiantes.

Los otros dos días prueban rutas, a La Ronda o Guápulo; usan los parques, toman las ciclovías y la vía del trole. Suelen llegar a las 23:00. Comen algo y vuelven, a la Cruz del Papa, en donde algunos dejan sus autos.

Los rollers escogen la noche porque es más seguro con menos vehículos. Y porque trabajan o estudian en el día. Son universitarios, jueces, defensor público, importador, cosmetóloga, diseñador gráfico… Tienen de 18 a 52 años.

Los sábados se entrenan en el Itchimbía y los domingos van al Bicentenario, en donde enseñan a niños desde los 4 años.
En la ciudad hay unos 10 colectivos que también usan La Carolina, Bicentenario y el Patinódromo del Estadio Olímpico. Entre ellos se destaca Quito Patina, que hace rutas nocturnas desde la Plaza de Toros hacia la Mama Cuchara.

En la calle van en bloque. Unos guían a los novatos. Otros, con chalecos reflectivos, piden reducir la velocidad y respetar los pasos cebra a choferes.

Los Roller Adventures fomentan el uso de patines como medio de transporte, desde hace dos años. Aunque siete patinadores coinciden en que Quito no es amigable con ellos. No se sienten seguros ni en las aceras y sus obstáculos: huecos, material de construcción y residuos de postes de metal.

Fredi Paredes, ingeniero de transporte, apunta que las vías no han sido diseñadas para ellos. No es seguro para patines o patinetas. “Ni las ciclovías son seguras. ¿Dejaría a su hijo de 8 años en ellas?”, cuestiona.

En algunos centros comerciales, los rollers no son bien recibidos. “Creen que somos vándalos. Les explicamos que vamos a consumir”, señala Juan El Juri, a quien le parece increíble que se permita el paso de autos y no de gente en patines.

Este importador, de 52 años, comenta que en Miami y Nueva York los mensajeros trabajan en patines. Los suyos son Quad: de cuatro ruedas, como carritos, que le permiten saltar, girar y bailar. Lo común es usar los patines en línea (con ruedas una a continuación de otra).

Paulo Garzón se mueve en patines a su oficina, de Los Álamos, en El Inca, a la Pereira. Va como peatón por las aceras y usa las calles alternas. Lleva vendada la mano izquierda por una luxación producida hace 15 días. Deben usar muñequeros con placas rígidas y casco.

En las noches, estos rollers ven una ciudad insegura y con borrachos. Un sábado, en la plaza de Santo Domingo, llegaron sobre ruedas, como superhéroes, a evitar un robo.

El lunes, desde las 20:00 a 22:00, el colectivo de patinadores practicó en el bulevar de la Naciones Unidas.

Necesitamos aceras más anchas


Diego Puente/fundador y director de Ciclópolis

Más del 70% de quiteños usa transporte público y alternativo. En ese porcentaje se cuentan peatones, usuarios de servicio público, ciclistas y rollers.

No se trata de generar espacios para cada uno sino de contar con vías incluyentes. Hay que convivir con gente que se mueve a pie, que va en silla de ruedas y madres que empujan coches de bebés. Necesitamos aceras más anchas. Y los conductores deben disminuir la velocidad. Ellos son los que más daño pueden producir.

Como parte de Ciclópolis reivindico el uso de todas las alternativas al carro. Es válido que colectivos defiendan el uso del patín como forma de movilizarse, más que para recrearse. Requieren un asfalto o adoquines apropiados para llantas más pequeñas, susceptibles ante grietas o fisuras de la calzada.

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