1 de November de 2009 00:00

Río de Janeiro asimila el triunfo de su candidatura olímpica

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Sabrina Duque.  EL COMERCIO

En la ‘Ciudad Maravillosa’ los carteles publicitarios alusivos al tema se multiplican. La ciudad brasileña aún tiene resaca por su victoria frente a Madrid.

No hay que poner un pie en Río de Janeiro para darse cuenta de que la  celebración por el logro de ser la ciudad olímpica para 2016 aún no termina. A 1 150 kilómetros de ahí, en la capital Brasilia, el tema no solo se encaja en cualquier conversación casual –siempre con mucho entusiasmo- sino que se palpa en zonas específicas, como en los pasillos del Aeropuerto Juscelino Kubitschek.

Ahí, en frente de los cajeros automáticos, junto al arribo nacional, en una pantalla plana que anuncia Río 2016, se pueden ver videos de la ciudad, su gente, sus playas y montañas, conseguir información turística –hoteles, restaurantes, teatros...- y hasta dejar un mensaje de felicitación para Río de Janeiro.

Solo hay que aplastar un botón que dice “¡Eu quero!”  (“¡Yo quiero!”) y empezar a hablar frente a la  cámara  sobre la pantalla.

Ya  en Río de Janeiro, el tema Olimpiadas surge a cada paso. Desde que se llega al aeropuerto y en todo el camino hacia la Zona Sur, la autopista  Linha Vermelha (línea roja) dos tipos de vallas predominan. Las primeras, las de celebración. “Un triunfo de todos nosotros”, dicen las que la Alcaldía colocó, con el logo olímpico.

“El futuro comienza ahora”, rezan las otras, ilustradas con fotos de niños de inmensas sonrisas en sus facetas de nadadores, basquetbolistas… Esas vallas disparan, la mayoría de las veces, las conversaciones espontáneas que surgen en la calle,  en un restaurante, o en una esquina mientras se espera el verde de  semáforo.

Los cariocas son muy comunicativos por naturaleza y adoran hablar bien de la ciudad en la cual viven. A veces parece que solo el contacto visual activa un resorte en sus bocas y, después del saludo, algo comentan.

Son un pueblo que parece hecho para el turismo: aunque no entiendan la lengua  del recién llegado, se esfuerzan en comunicarse en ese otro idioma. Meseros y taxistas, quienes también adoran conversar con sus clientes, ya piensan en aprender a hablar inglés… porque con el español se sienten más seguros, dicen, mientras imitan el acento de los argentinos e intercalan frases en portuñol rematadas con un ‘che’.

El libreto olímpico está aprendido de memoria entre quienes trabajan en el sector turístico. Todos los taxistas cuentan que en el estadio Joao Havelange serán las competencias de atletismo y que en la Arena Olímpica serán las pruebas y gimnasia. Otros especulan sobre lo que ocurrirá en el sambódromo: ¿competencia de esgrima o de hockey? Lo cierto es que las Olimpiadas serán en cuatro puntos de la ciudad: en Deodoro, en los alrededores del Maracaná, en Copacabana (zona sur) y en la Barra da Tijuca. Mucha de la infraestructura ya está lista.

Por ejemplo, el Centro Acuático Maria Kenk, el Centro Nacional de Equitación, el Centro Nacional de Tiro Deportivo y el Velódromo Olímpico de Río. El Maracaná será cerrado durante dos años, para remodelarlo.

El domingo pasado, en el diario O Globo, un amplio reportaje describía cómo el sistema de Metro ya estaba llegando a Ipanema –una ampliación de los accesos de transporte, también pensados para las Olimpiadas y, por supuesto, para la final del Mundial de Fútbol 2014, que también será en esta ciudad.

Lo cierto es que ni el problema de la violencia, impulsado por las bandas de traficantes que invaden las favelas de la ‘Ciudad Maravillosa’, le quitan la ilusión a los cariocas. Ellos creen que los índices de violencia seguirán cayendo, según el patrón que comenzó hace dos años, impulsado por el plan antiviolencia de la Alcaldía.

Mientras tanto, la celebración sigue. El martes pasado, en Copacabana, uno de los escultores con arena había hecho un castillo a orillas del mar y, a su lado, levantó una ‘montaña’ con el logo de las olimpiadas. Hasta pintó la arena de verde y amarillo para darle impacto a su creación, acompañada por los aros olímpicos, también coloreados y resaltando frente al mar, a la hora de la caída de sol.

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