asia

29 de septiembre de 2015 00:00

La 'revolución de los paraguas' es solo un lindo recuerdo en Hong Kong

Un manifestante prodemocracia se dirige a la multitud durante una manifestación para conmemorar la "Revolución de los Paraguas" en Hong Kong, China. FOTO: ALEX HOFFORD / EFE

Un manifestante prodemocracia se dirige a la multitud durante una manifestación para conmemorar la "Revolución de los Paraguas" en Hong Kong, China. FOTO: ALEX HOFFORD / EFE

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Agencia EFE
Isabel Fueyo (I)
Hong Kong

Hong Kong conmemoró el primer aniversario de las mayores protestas pro democracia vividas en China desde 1989 con algunos homenajes, pero sin que el panorama político por cuyo cambio miles de personas se manifestaron hace un año se haya movido un ápice.

Las imágenes de gente protegiéndose con pañuelos y paraguas de los gases lacrimógenos lanzados por la Policía el 28 de septiembre de 2014, que llevaron a miles de personas a salir a la calle para protestar, serán recordadas mañana, al cumplirse un año.

Los impulsores de un movimiento de protesta que duró casi tres meses, como el estudiante Joshua Wong, que cumplió 18 años durante aquella "Revolución de los paraguas", harán memoria a través de un acto en el centro financiero de la ciudad, donde hace un año se retó al hermético Gobierno chino.

Desde allí vuelve a colgar desde hace unos días una pancarta de 12 metros de largo donde se pide nuevamente "un sufragio universal verdadero", y mañana manifestantes e impulsores del movimiento guardarán un minuto de silencio parapetados entre paraguas amarillos.

La "Revolución de los paraguas" avivó la esperanza de que este movimiento social pacífico pudiera poner en jaque el plan de Pekín para seguir controlando la política de Hong Kong.

Los manifestantes salieron a la calle para pedir al unísono un sistema democrático sin restricciones para las elecciones locales de Hong Kong, en desacuerdo con la reforma electoral presentada para China de cara a los comicios de 2017.

El plan de Pekín contemplaba, por primera vez y como se había prometido tras la retrocesión de Hong Kong a China por el Reino Unido en 1997, la instauración del sufragio universal para la elección del jefe de Gobierno de la excolonia.

Sin embargo, dejaba la elección de los candidatos a manos de un comité formado por 1 200 miembros afines al régimen comunista, un punto que fue el que desató las protestas, que empezaron con huelgas estudiantiles y acabaron con acampadas en algunas de las principales arterias de la ciudad.

Las imágenes de calles ocupadas por miles de personas y cientos de tiendas de campaña instaladas a la sombra de los mayores bancos del mundo supusieron un desafío inesperado a los líderes de China, a los que se les enviaba el mensaje de que no podían ejercer un control total sobre Hong Kong.

La protesta, sin embargo, terminó en diciembre, cuando un despliegue policial sin precedentes, avalado por resoluciones judiciales contra la ocupación ilegal de las calles, acabó con 79 días de ocupación.

Desde entonces, los coletazos más visibles del movimiento se trasladaron al terreno político, donde el pasado junio 23 parlamentarios democráticos de Hong Kong rechazaron el plan original de reforma electoral.

Pese a que las protestas hicieron temer repercusiones económicas y daño a la imagen de Hong Kong como centro financiero de talla mundial, el Banco Mundial disipó toda duda el pasado octubre al señalar que la ex colonia británica seguía siendo una de las tres mejores ciudades del mundo para hacer negocios.

Las consecuencias legales del movimiento civil se tradujeron en más de un millar de detenidos -puestos en libertad poco después- y cargos contra los líderes de las protestas estudiantiles, pendientes de juicio, por su participación e incitación en las reuniones que desencadenaron en la ocupación.

Aunque los manifestantes no lograron arrancar concesiones, estudiantes, políticos y analistas coinciden en que después de estas protestas la ciudad no es la misma.

"Hemos ganado el despertar político de toda una generación, el movimiento ha cambiado la visión general sobre la gente de Hong Kong, ya no son sólo gente que quiere dinero. También queremos democracia y justicia", dijo Benny Tai, líder del movimiento "Occupy Central", que propulsó las protestas.

"La gente de Hong Kong ha llegado a un punto de cambio, el movimiento ha ayudado a que el mundo esté al tanto de la falta de democracia que se vive en una ciudad que es centro financiero mundial", explicó, por su parte, el analista financiero y político David Webb.

Sobre el presente y futuro de este movimiento se habla y debate este fin de semana, aunque se descarta que lo ocurrido hace un año puede volver a ocurrir.

"El movimiento democrático se encuentra en pleno proceso de recuperación, reflexión y revisión después de dos años y medio de acción y 79 días de ocupación. Tendríamos que haber acabado la ocupación antes y haber maximizado nuestro apoyo en la comunidad para haber mantenido el impulso del movimiento", consideró Tai.

Según él, el enfoque ahora debe estar en consolidar la representación democrática en el Parlamento de Hong Kong, y "de esta forma el Gobierno podría tener que considerar una nueva ronda de reforma constitucional para 2018".

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