20 de November de 2009 00:00

El respeto a la diversidad de género crece

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Redacción Sociedad
 sociedad@elcomercio.com

Ni femeninos ni masculinos. Desde  la casa de la calle Leiton 1180 y La Gasca se defiende el derecho a la ambigüedad. 
 


La Confetrans
El proyecto Transgénero  trabaja en el fortalecimiento de la identidad trans en Ecuador. Está en Face Book, blogs  y  en la página  web  www.proyecto-transgenero.org/   La incidencia política del proyecto se ha materializado con el caso Ciudadana Luis Enrique Salazar, que en noviembre de 2007, logró que el Registro Civil de Machala cedule conforme su imagen a los transgénero y no exigió que se desmaquille, etc. También han participado en la elaboración de la  Constitución. 
La Confederación  Ecuatoriana de Comunidades Trans e Intersex (Confetrans) ha recorrido el país para conocer la realidad diversa de los trans. En Jaramijó hay transpescadores, etc.   

Patrulla legal  es uno de sus  programas, da  asesoría legal itinerante y ha elaborado   con la Policía normas de  Procedimientos Género  Sensibles. Emiten carnés culturales que detallan los derechos del usuario.

Shirley Analía Valverde Quiñones tiene 27 años. Su sexo legal es masculino, según se lee en el carné de identificación cultural, creado por el Proyecto Transgénero, Cuerpos Distintos y Derechos Iguales. Pero es una trans.
   
Realmente es una trans femenina,  biológicamente un hombre, que se siente y se identifica como una mujer. Inicialmente pensaba que era un gay y hacía trabajo de prevención del VIH/Sida.

Desde hace tres años aprendió a maquillarse, tomó terapia de voz y empezó la construcción estética de la  identidad que le hace feliz.

Acepta su cuerpo como está, no ha pensado en pasar por el quirófano para un cambio de sexo.
 
Aunque   solo las  transfemeninas  (se transforman  de hombre a mujer) están en el imaginario de la gente, hay varios matices.
 
Una foto de Stephen Wittle, vestido de traje, con chaqueta y corbata, en una de las paredes de la casa, no dejaría dudas: es un hombre. Usa lentes, lleva barba. Pero Elizabeth Vásquez, activista  del proyecto Transgénero, cuenta que el británico nació mujer y  decidió vivir como un varón.
 
“Hasta el transgenerismo ha sido  un privilegio de machos”, apunta  Vásquez. Se cree que solo existen transfemeninas. Es más difícil visibilizar a los  transmasculinos (biológicamente mujeres con  identidad de varones).
 
En una escuela de Quito labora  un conserje, que debe vivir sin mostrar su verdadera identidad trans. Es anatómicamente una mujer, pero se siente  hombre y para sobrevivir sin ser juzgado no le ha contado a sus jefes su realidad.

Por eso afronta sobre exigencias físicas. Incluso un día se cayó de un andamio y cuando llegó la ambulancia,  para conducirlo al hospital, se incorporó. Tenía miedo que descubran su verdad. Estaba muy lastimado, se curó  en casa.
 
Algunas personas con este caso se sumaron al proyecto tras uno de sus foros (Cosas de Hombres).
Ana Almeida,  directora del Proyecto Transgénero, es una arquitecta de 36 años. Asegura que esta es  una iniciativa de la sociedad civil, con  personas transfemeninas, transmasculinas, travestis, bigéneros, intersex, andróginos...

Todos son transfeministas. Esta es  una postura política así como hay femenistas, socialistas, etc.

“Algunos  no somos trans ni en cuerpo ni en género pero sí  en  la cabeza.  Es una corriente que nos hace tener sensibilidad y solidaridad con cuerpos femeninos y feminizados, también con los que se masculinizan o buscan no encasillarse en uno u otro lado del sistema binario”, indica.
 
La Casa Trans, en La Gasca, donde vive Shirley, es uno de los programas para reivindicar el acceso a la vivienda. Surgió en 2006. 
 
Shirley es la residente que se ha mantenido desde el inicio. En tres años, por el lugar han pasado  más de 100 personas, del Ecuador y activistas  de EE.UU., España, Chile, Perú, Brasil e Inglaterra. 
 
Una estudiante  de Wesley, en EE.UU., está por llegar. Ella se define andrógina y  transmasculino. Esas visitas son enriquecedoras, para  Cayetana Salao, otra habitante de la Casa Trans.

“Viene  gente del ambientillo y nos deja  ver que hay más que el  estereotipo del género opuesto.  Joey (Hateley), transmasculino y    andrógina, mostró  que existe un punto    intermedio. Ves la  pinta de Joey    y no sabes si es hombre o mujer”, comenta Cayetana, de 26 años. Dirige la propuesta artística del proyecto. Un transtango, donde aparece vestida de hombre.

 Almeida cuestiona la obligación de definirse  hombre o mujer,  “bien   machito  y bien mujercita, que deben gustarse, casarse y tener hijos, perros, lavadora...”.   
 
Por eso, en la Casa Trans se promueven intercambios interculturales. Han convivido con hip hoperos, roqueros y hasta emigrantes, así nació la propuesta de familias diversas para la Constitución.

A través del  programa de diálogo transindígena recibieron a César Pilataxi, de la Fundación  Kawsay (vida).  Le relataron  que así como a los indígenas los discriminan al pedirles que en las instituciones públicas se quiten el sombrero, a ellos les pedían despojarse de la identidad a la que pertenecen, en el Registro Civil.

“Relacionarnos con gente que lucha por  la diversidad de  identidades  de género nos pareció muy interesante. Crecemos  con prejuicios de que el homosexual, la  lesbianas, los trans son  personas no deseables en la sociedad. Ellos sufren  rechazo como nosotros”.

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