18 de December de 2009 00:00

El regreso de los emigrantes altera el ritmo del aeropuerto

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Redacción Quito
quito@elcomercio.com

La llegada de los compatriotas desde Europa incrementó el movimiento en el aeropuerto Mariscal Sucre, el pasado martes.
Casi un centenar de personas aguardaban, desde las 17:00, el arribo del avión Airbus A340 a la pista de la terminal aérea.

El ‘hall’ de la salida internacional se llenó de a poco de  familiares y amigos de los emigrantes. Flores, globos, regalos y las ansias de reencontrarse con sus parientes fueron la tónica  aquella tarde.
 
Eduardo Córdova llegó a las 17:00 al aeropuerto, en compañía de algunos familiares. Sus manos sujetaban un globo rojo en el que se leía “bienvenida Elizabeth”. Ella es su hija, quien vive en España y con la que se iba a reencontrar luego de 10 años.

 Mientras Córdova aguardaba la llegada del vuelo, que tuvo  un retraso de 45 minutos, preparaba las palabras justas para recibir a su hija. “No sé como expresarle todo lo que siento este momento,  pero estoy feliz porque llega para festejar mi cumpleaños 65”.
 
Con el mismo entusiasmo aguardaban Cristina y Paulina Quinga a su madre Rosa Gómez. Ambas compraron un ramo de rosas adornadas con globos blancos y amarillos.
   
Soledad Calva vende flores, tarjetas, regalos, peluches... en la salida internacional desde hace siete años.  Para ella, la época navideña y el arribo de vuelos desde España y Estados Unidos es la  mejor, pues incrementa la venta. “Es muy conmovedor mirar el reencuentro de los familiares”.
 
A las 17:45, el Airbus se estacionó en la manga siete. Luego de otros 10 minutos, los primeros pasajeros empezaron a bajar del avión. Los parientes que aguardaban en el Mariscal Sucre podían observar a los viajeros a través de una gran ventana del segundo piso de la terminal.
    
Desde allí,  se agitaban las manos para llamar la atención de los pasajeros. Ellos descendían por la escalera eléctrica hasta el punto de migración.
    
José Alberto Simbaña saludó  brevemente  a sus parientes, quienes estaban atrás del vitral. “Vivo en Madrid desde hace ocho años  y ahora voy a viajar  a Riobamba para   Navidad”.
En seguida, los viajeros formaron una hilera para pasar por los controles y retirar sus equipajes.
 
Henry López, supervisor de la Corporación Aeropuerto de Quito (Corpaq), facilitaba el arribo. El joven aseguró que en esta época hay más trabajo ya   que los vuelos llegan copados. La Policía también realizaba el control en el aeropuerto.

Para las 18:00, el ‘hall’ del arribo internacional ya estaba atestado.  Juan Fonseca fue uno de los primeros pasajeros que salió  hasta el pasillo. A los pocos segundos, el pequeño  Rómel, su hijo, se abalanzó hacia él y lo abrazó con fuerza.

Todavía aturdido por la emoción, Fonseca repartía abrazos al resto de familiares que llegaron a su encuentro. “La alegría de ver a mi familia no tiene precio. Estoy feliz de volver a mi país”, dijo con un marcado acento español. Fonseca trabaja  como    mecánico en España y pasará un mes de vacaciones  en el país.

Hernán Ortiz también se dedica a esa profesión en Madrid y volvió al país luego de un año y medio. “Estoy feliz, feliz de ver a mi familia, a mi esposa”, decía con la voz entrecortada y mientras recibía las flores que compró su hijo Brandon. “Son para mi papi, para que no  se vaya otra vez”, dijo el niño de 7 años.
Mónica Pallango, esposa de Ortiz, lloraba al observar a su familia reunida. “No voy a dejar que regrese, es muy doloroso que la familia se separe”.

Berta López, de 84 años, también sabe lo triste que es que la familia se distancie. Ella volvió a encontrarse con su hijo, Manuel Gallardo, luego de 10 años.
Apenas lo vio caminar por el pasillo corrió y se aferró a su chaqueta de cuero café. Para ella, y sus dos nietos, esta Navidad será inolvidable. Ellos viajaron, esa misma noche, hacia Santo Domingo.     “Tengo una emoción que no se puede explicar, regresar a la casa es lo mejor que me ha pasado”, dijo Gallardo mientras abrazaba a sus dos hijos.

Para Napoleón Colorado, regresar al país también fue una experiencia emocionante. Él retornó desde Madrid y ese mismo día tenía previsto viajar a su natal Muisne. Con un leve acento español y costeño saludó con afecto  a su madre, Virginia Cheme.
 
Los abrazos y las palabras de cariño también conmocionaron a Patricia Aguilar, quien vive en España desde hace siete años. Sus familiares la recibieron calurosamente y disfrutarán de su compañía durante la Navidad.

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