1 de December de 2009 00:00

En reconstrucción

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Alexandra Kennedy Troya

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Las ciudades ecuatorianas que hoy habitamos o visitamos son muy distintas a lo que fueron en su origen durante la colonización española entre los siglos XVI y XVII.  La transformación de las urbes y la reconfiguración del territorio entre 1840 y 1950 fue notable.  Se reconstruyeron ciudades íntegramente debido a terremotos o incendios (Guayaquil a fines del siglo XIX) o se crearon nuevos caseríos y pueblos tras la colonización del oriente o alrededor del ferrocarril. De manera desigual y autónoma cada región tuvo respuestas propias; en algunos casos el salir de la Colonia fue lento y difícil; la implantación de la modernidad aceleró su paso en ciudades como Quito y Guayaquil cuyos ingresos permitían que así fuese.  Higiene, ornato, implantación de servicios públicos, de transporte, fueron procesos que se incorporaron también de manera desigual y con soluciones distintas de acuerdo a la topografía o el clima.  La inscripción de símbolos patrios -en plazas, nomenclaturas de calles, monumentos- ocupó buena parte de la preocupación de estos años signados por la construcción de una nueva nación.  La llegada de inmigrantes europeos tras las guerras mundiales y el desempleo, también sirvió para configurar nuevos asentamientos o crear barrios de nuevas características en Ambato o Riobamba.

Y a pesar de la importancia del período, la bibliografía al respecto es escasa. Por ello celebramos el lanzamiento de un gran texto de consulta que hoy presenta la Universidad Católica de Quito: “Ciudad y arquitectura republicana de Ecuador”, bajo la coordinación de la historiadora  Inés del Pino, conocida por su tenacidad y dedicación en este campo aún virgen en el país.

La obra se divide en tres grandes apartados: el de las ciudades más cosmopolitas del país, tratadas individualmente, Quito, Guayaquil y Cuenca; otro destinado a la reconstrucción tras los terremotos, de Riobamba e Ibarra; y el tercer capítulo, el más novedoso y de grandes aportes, dedicado a las nuevas formas de ordenamiento del territorio ligadas al ferrocarril (estaciones y Vinces), la nueva producción agropecuaria, la industria petrolera (Ancón) y la colonización amazónica (Hacienda Moravia). Abro un apartado al último aporte del arquitecto Miroslav Kubes.  Kubes reconstruye la vida de su familia de origen checo, expertos molineros, ligada a la instalación de la hacienda Moravia (entre Puyo y Mera), tras la adjudicación de 1 200 hectáreas que les hace el presidente Isidro Ayora en 1929.  Es un magnífico ejemplo de colonización,  de arquitectura industrial, de relación con el petróleo, entre muchas otras entradas a este renglón de la historia  que necesita seguir siendo investigado y difundido cuanto antes.

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