25 de junio de 2014 10:29

La segunda hija del rey Juan Carlos, pasó de tener una vida envidiada por muchos a ser apartada de la familia real

infanta Cristina. Foto: AFP

La infanta Cristina. Foto: AFP

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ANSA

La infanta Cristina, segunda hija del rey Juan Carlos, pasó de tener una vida envidiada por muchos a ser apartada de la monarquía y tener que exiliarse del país.

Su hermano, Felipe VI, con quien la infanta Cristina estaba muy unida, se alejó de su hermana al estallar el caso y actualmente no mantienen ninguna relación.

De 49 años, Cristina de Borbón y Grecia contrajo matrimonio en 1997 con el jugador de balonmano Iñaki Urdangarín.

Deportista como su padre y amante en especial de la vela, el círculo de amistades de la infanta siempre estuvo en el deporte.
Urdangarín fue visto por la sociedad española como el candidato ideal para contraer matrimonio con la hija del rey Juan Carlos al ser alto, rubio, de ojos azules y deportista.

La pareja mantuvo su residencia en Barcelona, adonde la infanta se había trasladado años antes huyendo de la atención mediática de Madrid hacia la familia real.

La infanta, licenciada en ciencias políticas, trabajaba en el departamento de programas culturales y de cooperación de la Fundación La Caixa en Barcelona y participaba en numerosos actos oficiales en representación de la monarquía.

Tras la boda, la pareja tuvo cuatro hijos.

Obligado a dejar el balonmano, Urdangarín se matriculó en una escuela de negocios y con uno de sus profesores creó una empresa (el Instituto Noos) , que se presentaba como entidad sin ánimo de lucro y estaba dedicada a actos deportivos.

La alarma de los presuntos negocios ilegales de Urdangarín saltó cuando la pareja compró en 2004 por cerca de 6 millones de euros (cerca de USD 8 millones) una casa en Barcelona de 2 200 metros.

Cuando el juez empezó a investigar a Urdangarín, la familia se trasladó en 2009 a Washington.

Con la imputación de Urdangarín, ella y su esposo fueron apartados en 2011 de los actos oficiales de la familia real.

La infanta regresó con su familia en 2012 a Barcelona, pero la presión mediática les hizo cambiar en 2013 su residencia, esta vez a Ginebra (Suiza) , donde viven desde entonces.

La infanta tuvo que declarar como imputada en febrero pasado ante el juez del caso convirtiéndose en la primera persona de la familia real en prestar declaración en un juzgado.

Soberbia, según dicen de ella, pasó del “enfado” inicial ante la situación a “sentirse abandonada” y el “chivo expiatorio de la corrupción en España” .

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