7 de April de 2012 00:02

El voluntariado es un trabajo de generaciones

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‘Dios te salve María. Llena eres de gracia…” se escuchaba entre los grupos de familias y otros devotos que rezaban en la iglesia de San Francisco. A las 22:14 del jueves, las pesadas puertas de madera del templo se cerraron. En el interior 24 voluntarios del Culto a Jesús del Gran Poder iniciaron su labor. La mayoría llevaba una camiseta púrpura con la imagen del Cristo Nazareno que los identificaba.

El año pasado, Patricio Quichimbo participó en la procesión vestido de cucurucho. Este año decidió ofrecer su ayuda en el voluntariado, junto a su padre José. Él es parte de la segunda generación que se integra al grupo. Cuando Quichimbo padre empezó a participar en la procesión también lo hizo como cucurucho. Ahora aporta con su tiempo y su experiencia en cerrajería. Con una mano enyesada y sostenida por un cabestrillo, ayudaba a acarrear bancas, tubos, herramientas y otras cosas.

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Para los preparativos, la comisión se dividió en dos grupos. Cada uno se encarga de armar y decorar las andas que llevarán a Jesús del Gran Poder y a la Virgen de Los Dolores. La preparación de la imagen de San Juan se realiza entre todos. El trabajo no falta. Mientras unos retiraban las bancas de la nave central, otros empezaban a barrer. El voluntariado nació con la primera procesión hace 51 años. El padre Jorge González, director del culto, explicó que el grupo se reúne cada sábado durante todo el año para compartir un mensaje bíblico. A partir del Miércoles de Ceniza empiezan a organizar las comisiones y las tareas antes de la procesión del Viernes Santo.

Para mover las andas desde el patio del convento hasta la iglesia hizo falta la fuerza de ocho personas. Estas estructuras fueron construidas sobre el chasís de dos vehículos, en 1957. David Maldonado dejó de lado su chompa. Las gotas de sudor se notaban en su frente. Su devoción por la imagen del Nazareno se afianzó desde su niñez y durante su paso por las aulas del Colegio Franciscano San Andrés. Se graduó de Ingeniero en Informática y desde hace nueve años no ha dejado de ofrecer su ayuda en los preparativos de la procesión.

El ambiente es de camaradería. El trabajo se comparte con amigos y familiares. Desde hace unos 10 años, Geovanny Novoa y su hermano José le siguieron los pasos a su padre, Ruperto, quien es parte del voluntariado desde 1960. El año pasado, Geovanny no pudo ir a ayudar en el templo porque en la empresa donde trabajaba no quisieron cambiarle el turno de trabajo. “Fue muy triste. Me sentía impotente por no poder ayudar en la procesión”.

Otro caso es el de Marcelo Quinaluisa, quien comparte las tareas del voluntariado con su padre Vicente, quien ayer estuvo en la comisión que preparó los refrigerios luego de la procesión. La noche del jueves, Quinaluisa y su esposa Elizabeth Morales dejaron a sus cinco hijos en casa para colaborar en la iglesia.

A las 23:54, cinco personas cargaban, con cuidado, la imagen de Jesús del Gran Poder para colocarla sobre el anda. Jaime Beltrán acomodaba la corona de espinas y las tres potencias sobre la cabeza del Nazareno.

Luego de 28 años en el grupo, Beltrán es quizá uno de los más experimentados. Más que un sacrificio, para él es un privilegio preparar las imágenes para que miles de fieles puedan expresar su devoción y agradecimiento a la imagen a la que se le han atribuido cientos de favores, que se recogen en más de 1 600 placas y recuerdos que se guardan en el convento franciscano.

Ayer, Beltrán conducía las andas que transportaban a Jesús del Gran Poder. Aunque varios miembros del voluntariado lo han intentado, aún no hay quien reemplace a Beltrán.


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