6 de December de 2010 00:00

El ¡Viva Quito! encendió la noche

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Redacción Quito

La calle Vaca de Castro estaba cerrada al tránsito vehicular la noche del sábado. En una tarima del lado occidental se instaló un disco móvil con grandes parlantes.

Entre las fachadas colgaban cintas con la bandera de Quito. Los puestos de canelazos y comidas típicas estaban instalados en las veredas y el olor a naranjilla se percibía en el ambiente.

A las 20:00, empezó el baile por las fiestas de Quito que fue organizado por 50 familias del Barrio San Carlos, en el norte.

Maritza Romero tiene 19 años y es de Los Ríos. Llegó junto con su novio Roberto y tres amigos más el viernes por la tarde. “Vine para festejar a Quito con mis primas”, comentó mientras tomaba un canelazo que fue servido en un pequeño vaso de plástico.



Los vecinos poco a poco aparecían y la calle se llenó. Con bailes y alegría el ¡Viva Quito! se escuchaba con fuerza. En grupos o en parejas, los vecinos bailaban, con rondas y al ritmo de El Chulla Quiteño, la algarabía se apoderó de grandes y chicos.

En la calle Vancouver, más al sur, se vivía otra fiesta. Globos azules y rojos colgaban de las ventanas de las casas. A las 20:30, la tarima estaba instalada y el discomóvil también. Lucía Chávez, una vecina del sector, comentó que es un tradición compartir las fiestas con los vecinos y los amigos. A ella no le preocupaba el frío de la noche. Al son de pasacalle, zapateaba.

En la plaza Foch, el concierto Quito Diverso y Solidario convocó a unas 3 000 personas.

Pablo Galárraga disfrutó de este show, junto con sus hijos Camilo y Álvaro. Reconoció que fue un riesgo llevar a sus hijos. “Esto es una locura, hay tanta gente y no hay como pasar”, dijo mientras con sus brazos protegía a los niños de la multitud. A las 22:00, los juegos pirotécnicos iluminaron La Mariscal durante dos minutos. Camilo y Álvaro no dejaron de ver emocionados y hacia el cielo con la boca abierta.

El sonido de la música, interpretada por las bandas de pueblo, fue algo común en las calles.

Gladys Portilla es de Riobamba y a las 24:00 recorría la ciudad sobre la Chiva llamada ‘El mimado de las carreteras’. Mario Revelo es su dueño y dijo que la afluencia de gente fue buena.

Portilla, que tocaba un pito y movía la bandera de Quito, no dejaba de bailar al son del tambor y las trompetas. A las 00:15 llegaron al parque de El Ejido e hicieron de una de las veredas su pista de baile. Con zapateo y al grito de ¡Viva Quito! continuaron la noche a bordo de la chiva.

En los barrios del sur también los festejos se trasladaron a las calles. A partir de las 20:00, en la calle Miguel Pontón, en Santa Anita, el ambiente nocturno empezó a animarse con la música de un disco móvil instalado sobre una tarima. El tránsito vehicular fue interrumpido y los vecinos del sector empezaron a llenar la calle.

Oswaldo Salazar es parte de la comisión encargada de organizar el baile popular. “Cada año nos reunimos entre los vecinos para pedir una colaboración económica y hacer algún programa por las fiestas”.

Luego de tres años, la respuesta de los vecinos sigue siendo de colaboración. Los festejos populares también atraen al comercio. A las 20:30, los canelazos hervían sobre la hornilla de Gladys García. Desde su puesto de ventas, cerca de la tarima, ella también disfrutaba de la música y el ambiente festivo. Una botella grande costaba USD 2. El secreto de la bebida caliente, dijo, son las puntas que trae de Calacalí.

Los organizadores de la fiesta habían invitado a varios artistas aficionados y también iban a entregar premios entre los asistentes a la fiesta. “La mayoría son vecinos y amigos de otros barrios cercanos que vienen a disfrutar en un ambiente alegre y seguro”, explicó Salazar.

En la Tribuna del Sur, la música y el encuentro familiar también fueron la tónica.

Mauricio Ochoa, su esposa y su hijo acababan de encontrarse con sus familiares en los graderíos de la tribuna para ver juntos el concierto de artistas nacionales. A las 21:30, aún habían espacios vacíos en la tribuna.

Mario Andrade llegó a ver el concierto desde La Magdalena. La cercanía a su casa fue una de las razones por las cuales optó por ese programa. En la calleMichelena también se habían instalado dos tarimas. Ahí tampoco había mucha gente. “Además de los conciertos en Quitumbe hay muchos otros programas entre los que la gente puede escoger”.

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