28 de July de 2011 13:54

Una visita para recordar la leyenda del Padre Almeida

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 2
Triste 0
Indiferente 1
Sorprendido 1
Contento 1

La imagen de la Virgen de Chiquinquirá, el cuadro de Cristo Agonizante y el Cristo que el padre Almeida usaba como escalera para salir a sus fiestas se conservan en el convento de San Diego, en el centro de la ciudad.

El arte de la Escuela Quiteña del siglo XVIII se plasma en las obras pictóricas del museo. Allí funcionó la antigua recoleta de la Orden Franciscana, un lugar de recogimiento y retiro espiritual. Fue la primera recoleta del país, construida en 1597.

Dentro del convento está el Patio de la Cruz. En el centro hay una pileta y alrededor hay cuadros de las estaciones de la muerte y crucifixión de Cristo. Por un camino de piedra se llega a un patio más pequeño, en el cual hay cuatro salas de exposición de pinturas de los siglos XVI y XX. También hay esculturas.

La primera es la Sala Barroca. Lleva este nombre porque en el siglo XVII los marcos cumplían un importante papel en la pintura. Eran tallados, policromados y de color dorado. Una de las principales pinturas es la del Padre Almeida, de autor anónimo.

La siguiente es la Sala Bosco, conocida así por el cuadro Paso de la Vida a la Eternidad, atribuido a Jerónimo de Bosch. La pintura representa la destrucción del mundo.

En los cuadros destacan los arrepentimientos del artistas. Pintó algo y no le gustó y encima pintó otra vez. En esta sala también se encuentran los misales, libros en Latín con los cuales los padres daban las misas.

La tercera sala es la de La Virgen. Uno de los cuadros importantes es La Sagrada Parentela, del siglo XVIII. Es una Santa Ana mestiza. En la cuarta sala, que no tiene nombre, hay cuadros antiguos y nuevos. Están expuestos cuadros como La Orquesta Celestial, el Corazón de Jesús y La Dolorosa del siglo XVII con los instrumentos de la pasión de Cristo.

Cerca de las salas está el Profundis. Es una habitación que los padres utilizaban para rezar una hora antes de cada comida. Por unas escaleras anchas de piedra, que conducen al segundo piso, están las celdas de los padres. En las paredes de los corredores hay escritos pasajes bíblicos.

La celda 06 era la del Padre Almeida. La leyenda cuenta que su celda era la más cercana al coro. En su habitación, que da hacia el patio principal del convento, hay un camastro donde dormía, silicios (instrumentos de penitencia): una cruz de pecho, un flagelador de espalda y una alpargata con clavos, que era utilizada para caminar alrededor del claustro durante una hora. Además, está el hábito y las casullas para celebrar misa.

A unos pasos de la celda 06, hay una corta escalera que conduce al coro, al antecoro y al campanario.

De regreso a la planta baja del convento, en la Sacristía, está el Cristo que el padre Almeida usaba como escalera para salir de juerga.

Ya en el altar de la iglesia, del lado derecho mirando hacia el público, a unos 7 metros de altura, se aprecia la marca de una ventana, una especie de arco de medio punto, donde estaba colgado el Cristo y por donde salía el padre. Fue sellada cuando los padres se enteraron de la leyenda.

El Museo del Padre Almeida se ubica en la calle Calicuchima y Farfán. Está abierto de lunes a sábado, de 10:00 a 13:00. Los domingos, de 10:00 a 14:00. El costo de la entrada es de USD 2 adultos y USD 1 estudiantes. Hay guías para el recorrido por los ambientes del convento.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (1)
No (2)