5 de April de 2012 16:14

Peregrinaje por los templos del Centro

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

Con la Misa Crismal, celebrada hoy a las 08:30 en la Catedral de Quito, en el Centro Histórico, los fieles católicos empezaron el peregrinaje por las siete iglesias, tradicional recorrido del Jueves Santo.

Aunque la tradición es visitar los templos en la noche, devotos como Rosa Uribe prefirieron hacerlo a tempranas horas para evitar las aglomeraciones.

La lluvia y la neblina que caía sobre la capital no frenaron a los fieles, quienes desde las 07:30 ya copaban la Catedral, que tiene una capacidad para 2 000 personas.

Las confesiones no pararon durante la hora y media que duró la eucaristía. Por la demanda de feligreses, los confesionarios no abastecieron. Sacerdotes como Monseñor Héctor Soria se ubicaron en las esquinas del templo para confesar a los devotos.

Uribe asiste todos los años a la Misa Crismal. “Desde que era niña”. Lo hace sola porque para ella es un momento de fe y reflexión.

Mónica Benítez llevaba entre sus brazos la imagen del Niño Jesús, su intención era que lo bendijera Monseñor Fausto Trávez, quien presidió la eucaristía.

Acompañada de sus hermanas y sobrinas, comentó que la visita a las siete iglesias es una costumbre muy arraigada de su familia, que viene desde sus abuelos.

Hoy fue el Día del Sacerdocio. Por ello, en la misa los religiosos presentes renovaron su compromiso sacerdotal. Otro de los momentos emotivos fue la bendición de los santos óleos.

Todos los fieles se mantuvieron de pie y en silencio cuando Monseñor Trávez consagró los tres óleos: para los enfermos, para los catecúmenos y para el Santo Crisma, que es el aceite con el que se unge a los nuevos sacerdotes.

Estos óleos luego son distribuidos a las parroquias.

Al finalizar la misa, los devotos continuaron con la visita a las iglesias del centro, que hoy abrieron sus puertas desde la mañana para exhibir sus altares.

En la Capilla de Cantuña, Patricio Yanza y su hijo Jhonatan limpiaban la plata ennegrecida de las aureolas de las imágenes de Jesús y María, que permanecían en el altar. También los bordes de los cuadros y todo lo que tenía plata.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)