23 de December de 2012 00:26

Un mundo de texturas y colores se despliega en la temporada navideña

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Llega la época navideña y la gente se acelera por calles, plazas y parques de la ciudad. Las personas corretean de un centro comercial a otro. Van de bazar en bazar, de local en local, tras el regalo perfecto para ese alguien especial.

La lista parece interminable: obsequios para los niños, los padres, la abuelita, el tío, la madrina, el ahijado, el novio, el amigo secreto, la profesora del jardín de infantes del hijo…; ojalá no se olviden de nadie.

A la mitad del mes, la gente vuela a cobrar el aguinaldo salvador. Como la fila del banco parece no tener fin, este es un buen momento para pensar en qué ofrecer a los invitados que llegarán a casa para rezar la novena. También hay que comprar los ingredientes para preparar la cena de Nochebuena. El 24 habrá casa llena.


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Y saborear el esperado pavo o el lechón y los dulces típicos, como buñuelos, pristiños, pan de pascua, rompope, agua de canela, galletas, cerezas y el infaltable buen vino tinto o champán.

Con el dinero en mano, las compras se convierten en la única obsesión de estos tiempos frenéticos.

Y entre tanto corre-corre y tránsito pesado por las más colapsadas avenidas, las personas se olvidan de los detalles y matices que ofrece esta época especial.

Deténgase un momento...

Observe el universo que pasa desapercibido: un mundo de colores, formas y, sobre todo, texturas, es decir, el alma silenciosa de esos objetos que revelan su oculta y sensorial esencia.

Son artículos que cada diciembre desempolvamos y se convierten en parte del escenario para vivir la magia de la Navidad.

Son los que llenan el ambiente de olores, sabores y colores que dan vida a la tradición de recordar el nacimiento del Niño Dios, junto con los miembros de la familia y a los amigos más queridos.

Las luces atrapan, las golosinas endulzan, las guirnaldas provocan movimiento, la luz de la vela cobija, los regalos sorprenden, los bombillos destellan, las cerezas animan el gusto, el musgo evoca lo natural, el Niño Dios pacifica, la Navidad te despierta... Todas, metonimias de la tradición. ¡Feliz Navidad visual!

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