El Machángara aún arrastra contaminación

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Viviana Macías. Redactora

Para sanear la red fluvial del Distrito se necesitarán varios años. También financiamiento.

Durante la rendición de cuentas del alcalde Augusto Barrera, se refirió, en material ambiental, al plan de descontaminación de ríos y quebradas del Distrito. Habló que se cuenta con los diseños definitivos para la descontaminación y depuración de todas las quebradas del sur de la ciudad.

Además, que en noviembre pasado se arrancó con la construcción de la primera planta depuradora de aguas residuales. Se levanta en Quitumbe, en el sur de Quito, con una inversión de USD 11,8 millones.

Un recorrido realizado por el río Machángara muestra que se mantiene como el "depósito" de desechos domésticos e industriales.

La espuma gris en las orillas, su tono oscuro y los restos de todo tipo son una constante desde el inicio de este caudal, en Cutuglagua hasta su confluencia con el río San Pedro, en Cumbayá.

Todas esas aguas terminan en el río Guayllabamba que a su vez termina confluye con el Esmeraldas que se desemboca en el océano Pacífico.

A lo largo de la cuenca de este río es notoria su contaminación. Lo que más se observa son fundas de plástico enredadas entre palos y piedras. También hay llantas y materiales de construcción. Durante el recorrido, en los sectores donde hay viviendas (unos 50 consolidados) también se pueden ver tuberías de PVC que apunta hacia este cauce.

En el sector de Miravalle de Guápulo es evidente esta situación. En un tramo de 200 metros de largo hay cuatro tubos. Todos los residuos van al río.

En el sector del puente de la avenida Interoceánica, Juan Véliz tiene un taller de pica pedrería. Él trabaja con una máscara. Asegura que este implemento no solo lo protege del polvo sino del mal olor que emana del afluente, sobre todo en los días de lluvias. Pese a que trabaja junto al río hace 16 años, todavía no se acostumbra.

En la unión de los ríos San Pedro y Machángara, a la altura de la vía a Nayón, la situación se repite. El río no cambia de color ni tiene menos espuma.

Véliz perdió la esperanza de ver al río descontaminado. Es más, desconoce que existe un programa para su recuperación. Luis Guaytavilla, morador de Guápulo, afirma que sí escuchó sobre el tema. Pero menciona que desconoce los plazos para su saneamiento.

Hay un plan
Hace dos años, la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (Epmaps) anunció la recuperación de los ríos Machángara, Monjas, San Pedro y Guayllabamba. Un estudio de la institución determinó que en el caso de los dos primeros el porcentaje de la contaminación superaba al mismo cauce y que la mayor parte de elementos contaminantes provenían de las viviendas.

En el caso de los ríos San Pedro y Guayllabamba la mayor parte de la contaminación procede de industrias.

Pese a que desde ese tiempo se informó sobre el plan de descontaminación de ríos y quebradas del Distrito, aún es poco lo que se ha avanzado. En enero se inició la construcción de la planta de tratamiento de agua residuales en Quitumbe.

Al momento, se está edificando una piscina. Se prevé que para octubre del 2015 esté lista y beneficie a 70 000 habitantes de la zona. Esto equivaldría al 10% de la obra en total.

Xavier Vidal, director del Programa de Saneamiento Ambiental de la Epmaps, menciona que la demora para iniciar la construcción de las plantas de tratamiento se debe a que los estudios demandan tiempo. De allí que la meta para terminar la edificación de las estructuras que ayuden a descontaminar los ríos es el 2019.

Para hacerlo en la zona norte de Quito se construirá una planta en el sector de Vidovona, en San Antonio de Pichincha. El proyecto en forma global tendría un costo de USD 600 millones.

En contexto. La actual administración está a pocos días de culminar su gestión. Uno de los ejes en los que se trabajó fue el proyecto para descontaminar los ríos del Distrito. Hasta el momento, la ejecución de este programa no ha sido visible. Los primero han sido los estudios.

No olvide
Los ríos y las quebradas no son basureros. No arroje desperdicios en estos.

Las fábricas deben modificar sus sistemas de desechos de efluentes, especialmente aquellos que tienen niveles altos de metales pesados y químicos considerados nocivos para el entorno.

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