24 de April de 2011 00:00

Jóvenes que dejan sus tareas para cantar y enseñar en nombre de Dios

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En la iglesia de la parroquia de San Bartolo del Espíritu Santo (sur), cerca del altar, Fabián Flores (15) y Danilo Acuña (21) arreglan cables y guardan instrumentos.Ellos son integrantes del grupo llamado Ángeles. Son jóvenes coristas que cantan en misa. Lo hacen los sábados, a las 17:30, y los domingos, a las 18:00.

El grupo empezó hace dos años con tres integrantes. Acuña como director musical y encargado del grupo; Flores, el representante del grupo en la parroquia, y Estefanía Ojeda como la vocalista.

Su meta fue juntarse y ser el cuarto grupo de jóvenes coristas de la parroquia. Dos años después de su creación, la agrupación Ángeles está conformada por 13 integrantes.

Ellos se reúnen para ensayar. Lo hacen a dos cuadras de la parroquia, en casa de Angie García, de 13 años. Allí se escuchan cantos. Son cinco de los 13 chicos de Ángeles ensayando los ritmos y melodías de las canciones. “Muchos están de vacaciones, por eso ahora estamos pocos”, dice Shirley Chiriboga, vocalista de 13 años.

Practican una, dos, tres canciones o las que sean necesarias. Usan una batería, guitarras, bajo, acordeón y una pandereta. Acuña imparte indicaciones. A Jordy Flores, el baterista, le recuerda que no debe adelantarse.

El repertorio lo obtienen de libros e Internet. Conservan las letras, pero cada integrante aporta su idea y construyen nuevos ritmos. Sus canciones, por ejemplo, tienen ritmo de cumbia.

“Por lo general las canciones tienen tono triste. Nosotros le damos alegría y más movimiento, por eso las hacemos cumbias”, dice Acuña, el mayor del grupo.

A los chicos de Ángeles les une una cosa: alabar a Dios y su amor por él. Todos coinciden en que se unieron al grupo porque escucharon el llamado de Dios.

Se sienten felices por animar las eucaristías que se realizan en la parroquia. Son persistentes en la práctica. Ensayan algunas horas antes para llegar preparados a la misa de la tarde.

Hay otros jóvenes de la parroquia que también trabajan para la iglesia. En la cocina del templo están Jonathan Panchi (16), Jefferson Caiza (17) y Jenny Maldonado (32). Ellos, en cambio, son parte del grupo Catequistas.

Está conformado por 28 jóvenes que se dedican a dar clases de religión a niños y chicos más jóvenes. Junto a ellos, sobre la estufa de gas, están tres ollas grandes con agua hirviendo. Sobre la mesa hay ramas de cedrón. Van a preparar el refrigerio para todos los jóvenes que participan en las actividades de Semana Santa.

Panchi entró a la parroquia como estudiante de catequesis y decidió unirse al grupo Catequistas. Le llamó la atención la unión y la amistad que había entre los chicos. “Además, si tenemos problemas nos ayudamos entre todos, es un grupo de terapia. Hasta en chefs nos convertimos”, comenta.

Ricardo Quishpe, de 18 años, es catequista desde hace dos. Revela que el llamado de Dios fue lo que influyó y le llevó al grupo. Para él, la catequesis sirve para que “los chicos se liberen”.

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