14 de July de 2011 00:03

Falta de solidaridad en los buses

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Según estadísticas del Conadis, en Quito viven 29 000 personas con discapacidad, de ellas el 90% (26 100) utiliza el trasporte público. Se entregaron 1 147 salvoconductos a quienes se movilizan en sus propios carros.

Los nuevos articulados del Corredor Sur Oriental tienen ocho asientos amarillos. En teoría, son para el uso preferencial de personas con discapacidad, adultos mayores, mujeres embarazadas o con niños en brazos. En la práctica, la mayoría de pasajeros no respeta esa norma de urbanidad.

El pasado martes, Mercy Ojeda se embarcó, por la tercera puerta, en un articulado del Corredor Sur Oriental. En la estación El Recreo no hay rótulos ni otro tipo de información que indiquen un acceso preferencial para grupos vulnerables. En su pechos, sostenida con un canguro celeste, llevaba a su hija Andrea, de 11 meses.

Ninguna de las personas que ocupaban los asientos cercanos le cedió el puesto. “Cuando viajo en bus, más de una vez he estado a punto de caer con mi hija”.

En el país está vigente un compendio del Instituto Ecuatoriano de Normalización (Inen), con 22 normas técnicas de accesibilidad, pero no hay una normativa que regule el uso de estos espacios en el transporte público.

Galo Muñoz, gerente técnico de la Empresa Pública Metropolitana de Transporte de Pasajeros, explicó que en los articulados del trolebús se asignaron ocho asientos de diferente color para uso preferencial. En la Ecovía hay seis. Además, se mejoró la señalética y se instalaron rampas para el acceso en silla de ruedas.

En el bus 35 del trolebús hay un rótulo que indica el uso preferencial de los asientos de la parte delantera. Todos los días, Manuel Lara, un no vidente, se moviliza entre la Lucha de los Pobres y El Ejido. “Próxima parada, Villa Flora”, se escuchó por el altavoz del articulado. El mismo anuncio se leía en un panel electrónico.

Lara explicó que el anuncio de las paradas por los altavoces y en los paneles electrónicos es indispensable para las personas con discapacidades visuales y auditivas, respectivamente. “Los buses convencionales ni siquiera paran y como no se anuncian las paradas, es muy difícil orientarse”.

A Pablo Pico, las rampas y la zona exclusiva para las sillas de ruedas en los articulados de la Ecovía le han facilitado sus desplazamientos diarios desde La Marín hasta el estadio Olímpico. En el articulado había un cinturón de seguridad para sillas de ruedas.

Él no lo utilizaba. El principal obstáculo son las rampas metálicas instaladas en los andenes. “Hay unas que son muy inclinadas y no me puedo bajar solo. Más de una vez me he caído”.

Según Muñoz, existe una política para crear paradas amigables. En la rehabilitación de las paradas del Corredor Central Norte se ejecuta un plan piloto para incorporar materiales de diferente textura para facilitar el ingreso de personas no videntes. La idea es replicar el proyecto en los demás sistemas troncalizados.

En las unidades de transporte convencional, la preferencia de los asientos tampoco se respeta.

Para subirse al bus 52 de la Cooperativa Monserrat, Gloria Valenzuela sostenía entre sus brazos a Leonora Herdoíza, de 1 año y medio, y con la mano izquierda llevaba a Camila, de 5 años. También sostenía de un costado de su blusa a Gabriela, de 9 años.

En la parte delantera había un letrero que mostraba la preferencia de los cinco primeros asientos para las personas con discapacidad, mujeres embarazadas y con niños en brazos. Todos los asientos estaban ocupados, por personas que no cumplían esas condiciones. Las dos niñas se sentaron sobre la colchoneta que cubre el motor del bus.

Ella iba de pie. Luego de dos minutos, una persona le cedió el asiento. “Siempre viajo con mis hijas, algunas veces me ceden el puesto, en otras las personas se hacen las dormidas. En horas pico espero más de 30 minutos para que un bus me lleve”, contó.

Para Xavier Torres, vicepresidente del Conadis, el acceso para personas con discapacidad en los buses convencionales es casi imposible, porque no cuentan con la infraestructura necesaria.

Torres señala que los buses deben ser construidos con plataforma baja, eso permitiría la accesibilidad para niños, personas de la tercera edad y con discapacidad. La primera grada de esos buses está a 70 u 80 cm de la calzada.

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