18 de April de 2010 00:00

Factory no borró los momentos más lindos de los que se fueron

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Pamela Parra.

Pueden pasar años pero el dolor y el amor que sienten al recordar a sus seres queridos sigue intacto. Los familiares de las víctimas que fallecieron en la discoteca Factory, hace dos años, cuentan con algunos recuerdos la vida de esas personas a quienes amaron entrañablemente y de quienes recuerdan solo lo mejor.

Las agradables experiencias que vivieron a su lado los hace sonreír aunque, a la vez, derraman lágrimas por la falta que les hacen en cada una de sus familias. Así al menos siente Julio Cárdenas, padre de Juan Carlos, quien murió dentro de la discoteca el día del incendio.

Más allá del dolor de su pérdida, para Cárdenas pesa mucho la forma en la que falleció. Cree que una persona trabajadora, humilde y buena gente, como consideraba a su hijo, merecía otro tipo de destino. “Él quería ser arquitecto”, cuenta Cárdenas con orgullo. Al menor de sus tres hijos no le pesaban las manos a la hora de trabajar y ayudar a buscar el sustento para su familia. “Siempre encontraba la forma de traer el pan a la casa. Compraba cosas efectuando muchos oficios, incluso vendía medias”.

Todo valía para Juan Carlos con el fin de ayudar a sus padres, con quienes convivía en el segundo piso de una casa por El Camal, en el sur. Allí aún se conservan las cosas que él adquirió fruto de su trabajo como albañil. Por eso quería seguir estudiando. “Nos decía que con su carrera universitaria compraría una casa y podría velar por su hijo”.

Ahora su cuarto es una pequeña bodega en donde sus padres almacenan todo tipo de cosas. Su cama, su ropa y algunas de sus pertenencias ya no están. Así lo decidieron. Conservan sus fotos en las paredes de la sala para pensar que aún sigue con ellos.

Esa misa sensación experimenta todos los días Elida Lalangui, madre de Diego Subía, quien también falleció ese 19 de abril. En la pared rosada de la sala de su casa, en la Tola Baja, tiene un póster del día en que Diego sostuvo por primera vez a su hijo en brazos, hace dos años.

Todas las mañanas antes de salir a su trabajo, se despide de su hijo y siente que en el trayecto él la acompaña. “Salíamos siempre juntos de la casa, me cuidaba, me mimaba... Siempre estuvo ahí para cuando yo o cualquiera de la familia lo necesitase”.

Diego trabajaba en su local de computación en el Centro Comercial El Tejar. Allí enseñaba a los chicos a utilizar las computadoras que, según su madre, lo apasionaban. Por eso decidió ingresar a estudiar Sistemas. Con eso quería mantener a su familia y ser alguien en la vida. “Estoy segura de que él lo hubiese logrado. Era un joven de empuje, pilas y echado para adelante”. El positivismo que proyectaba -cuenta- contagiaba a todos, pues fue un hombre espontáneo y amoroso.

“Para recordarlos siempre no hace falta nada, solo soñar lo que ustedes soñaban”. Ese lema reza en un afiche que Eva Arias conserva con la foto de su hijo y su nuera. Pablo Bernal y Paola Flachier llevaban seis años de matrimonio. Una unión que para Arias era inquebrantable, pues ambos se amaban mucho.

Como fruto de ese amor nació Martina, una pequeña que ahora tiene 7 años y que es la vida de sus abuelos. Con una tierna sonrisa, Arias cuenta que la pequeña es la alegría del hogar. “Se parece mucho a sus papás, ella heredó todas las cosas buenas que tenían; es una niña dulce y feliz”.

Arias recuerda que cuando Pablo era pequeño era igual a Martina. “A donde iba llamaba la atención porque era educadito, tranquilo y bonito”. Y así se mantuvo -dice- hasta el último día en que estuvimos con él.

Cada vez que Arias lo recuerda solo tiene cosas buenas que decir. “No es porque sea mi hijo, pero él era muy bueno, muy cariñoso. Todas las personas lo recuerdan con cariño porque era un chico bastante respetuoso”.

Las mismas palabras expresa por su nuera, Paola que era para ella como una hija más. “Siempre proyectaba dulzura, daba la vida por su pequeña y amaba mucho a mi hijo. ¿Qué más puede pedir una madre?”. Arias cuenta que ellos siempre están presentes, sobre todo en la vida de su pequeña nieta. “Yo creo que siempre hablan con ella, pues Martina comenta sobre sus padres con mucha naturalidad. Oírla hablar así es hermoso”.

Daniel Calderón guarda en su corazón los más gratos momentos que vivió junto con su hermano y su padre. Paúl, su hermano, falleció el día del siniestro y su padre Fidel un mes y medio después. Ambos llenaron la vida de Calderón de risas y alegrías. Mi padre -dice- era nuestro mejor amigo. “Por él empezamos a amar la música, era su sueño. Siempre nos acolitó para que formáramos una banda. Nos aconsejaba, nos amaba...”.

Pese a que era mayor que su hermano Paúl, Calderón recuerda que a veces él asumía el rol del hermano mayor. “Era muy centrado en sus cosas. A veces peleábamos pero nos queríamos y nos acolitábamos”.

Sus sufrimientos y la tristeza que les causó la muerte de esos seres a quienes amaron fueron las razones para que los familiares crearan la Fundación Factory Nunca Más. Se unieron con el propósito de que una tragedia como la que ocurrió en esa discoteca no vuelva a repetirse.

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