29 de July de 2010 00:00

Estudiantes y artistas son víctimas de la delincuencia en La Floresta

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Redacción Quito

En la noche del miércoles 14 de este mes, por la intersección de las calles Madrid y Valladolid, sector de La Floresta, circulaba poca gente. A las 20:00, dos músicos del Estudio de Percusión salieron con sus instrumentos del edificio Múnich. En el segundo piso funciona la Academia de Música.Ellos tenían que llegar a Cumbayá, a las 21:00, para una presentación. El vehículo de uno de los músicos estaba estacionado en la calle Madrid. Mientras guardaban en la cajuela un teclado y un bajo, valorado en USD 14 000, se acercaron cuatro desconocidos. Estaban armados, se llevaron los instrumentos y huyeron en dos vehículos.

El asalto duró unos 20 segundos, según cuenta Carlos Albán, director de la Corporación Ecuatoriana de Formación Artística, organización que funciona en el tercer piso del mismo edificio. Esa noche, él estaba en su oficina.

Cuando él salió a la calle, los delincuentes ya habían huido. “No les interesó el auto, que estaba parqueado y hasta encendido, al parecer solo les interesaban los instrumentos musicales”.

Albán denuncia que La Floresta es una zona insegura. En las últimas semanas se han registrado cuatro asaltos de ese tipo, a artistas y a estudiantes. Hace un año, un grupo de delincuentes ingresó en la madrugada al edificio Múnich y se llevó las computadoras.

Dos días después del robo del miércoles 14, Omar Fiallos, coordinador de la Academia, llamó a la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) del sector, para pedir una reunión con los uniformados y solicitar vigilancia para la zona.Dice que un policía, cuyo nombre desconoce, se comprometió en ir a la Academia ese mismo día, pero hasta ahora no ha llegado. El sargento Erizaldo Pilalumbo, uno de los tres policías de la UPC Floresta Baja, desconocía sobre la solicitud de Fiallos.

A los uniformados de ese retén les corresponde el patrullaje de todo ese sector.

La calle Madrid, donde se ubica la Academia, marca el límite de dos UPC: de la Floresta Alta y de la Floresta Baja. La primera se encarga de la vigilancia desde la González Suárez y Coruña hasta la Madrid y 12 de Octubre.

La segunda, desde la Madrid hasta San Pablo, en La Vicentina Baja, incluida la zona de las universidades Salesiana y Andina Simón Bolívar.

Pilalumbo tiene tres meses en esta unidad y afirma que los patrullajes son constantes. “Todo el tiempo recorremos el sector y acudimos a las emergencias reportadas a la central 101”.

Admite que hay quejas de los moradores, pero explica que el sector que deben cubrir es extenso y que a veces no se alcanzan, especialmente, cuando tramitan los casos ante las autoridades.

Lupe Fernández, moradora del sector desde hace 35 años, prefiere no quejarse. Reconoce que las calles de su barrio son desoladas, especialmente las transversales. Según la Policía, tres sitios son los más peligrosos (ver mapa).

Ella, en su tienda de víveres, a unos 10 metros del redondel, ha escuchado con frecuencia sobre los robos que han sido víctimas estudiantes universitarios y proveedores, que acostumbran a utilizar computadoras portátiles.

Lisette Gálvez, de 37 años, fue víctima de la inseguridad del sector. Ocurrió semanas atrás, después de salir de clases de la maestría en la U. Salesiana. A las 21:30, aproximadamente, subió a un bus de la cooperativa Vingala, para ir a su casa en Sangolquí. Se sentó en la tercera fila. A los pocos minutos, mientras el chofer esperaba que el bus se llenara de pasajeros, se subieron dos hombres, uno de ellos con un arma.

“Saludaron y luego nos advirtieron que era un asalto. Pensé que nos iban a desvalijar a todos, pero se fueron directo al último asiento, donde estaba un chico que tenía una mochila con una computadora portátil”.

Gálvez recuerda que hubo un forcejeo entre el estudiante y los ladrones. Finalmente, los dos delincuentes huyeron lanzando disparos al aire.

“Pese a eso, el chofer se rehusaba a cerrar la puerta del bus”, dice la estudiante. Desde entonces, ahora es más cuidadosa. Prefiere no caminar sola y en lo posible, no llevar cosas de valor.

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