12 de March de 2012 00:02

Carmen Cadena moldea en un taller quiteño la historia del país

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La casa de Carmen Cadena, pintora y ceramista de 62 años, fue adecuada para implementar su taller. Por la falta de espacio tuvo que distribuirlo en diferentes sitios. En la sala, el cuarto de estudio, el patio, el garaje y algunos dormitorios se encuentran las piezas de los murales de arcilla que componen los hechos históricos que diseña.

Desde hace 7 años Cadena empezó a diseñar murales que relatan hechos de la historia ecuatoriana como la época colonial, el Primer Grito de la Independencia, la Revolución Liberal, entre otras. Graduada de bachiller en Contabilidad, ingresó a la Facultad de Artes de la Universidad Central a los 48 años.

El mural sobre los próceres de la Independencia de Guayaquil es su último trabajo. El lugar donde arma la obra queda cerca del patio y aunque hay poco espacio se siente mucho frío. “Es por el uso de la arcilla húmeda”. El diseño final toma cerca de cuatro meses de planeamiento, conceptualización y bosquejos.

En el sitio se encuentra una estructura de arcilla de más de 2 m de alto sobre la que se arma el mural. La obra aún no está completa pero ya se distingue a siete personajes, la fachada del primer Cabildo de Guayaquil, un librero, una silla y una mesa. Con un esteque de madera (pieza para moldear la arcilla) Cadena da forma a los pliegues de la chaqueta del general José Villamil. Una tira de masa, que antes fue estirada y cortada, es colocada sobre los hombros de la figura, “Esto es el cuello de la chaqueta” dice, mientras estira sus brazos para encajar la pieza, que quedará fija gracias al pegamento especial hecho con arcilla y vinagre.

Las pequeñas manos de la artista, sucias por el barro, moldean con finas porciones de arcilla las charreteras. Para evitar que el peso de la cabeza de los próceres deforme los cuerpos de arcilla, Cadena trabaja los detalles del rostro por separado. Para eso pone sobre un torno la pieza de barro y con la foto de Villamil a un costado empieza a diseñar los detalles con ayuda de sus dedos, esteques y entresacadores.

El general adquiere una expresión de seriedad. Sus ojos parecen reales, pues tienen los pliegues de los párpados bien formados. En la barba, cejas y cabellera se distinguen las líneas curvas que forma el cabello en esas zonas.

Una serie de varillas metálicas permiten sostener con firmeza las piezas de la obra. Cuando pasen a la fase del vaciado estos implementos serán retirados. El mural que representa el astillero de Guayaquil pasó ya por la etapa del vaciado, pero antes fue cortado en piezas para facilitar su traslado. El mural sin vaciar pesa cerca de una tonelada.

Al terminar el vaciado se llevan las piezas hasta el ex cuarto de estudios para colocarlas sobre rejillas de madera y dejarlas al menos cuatro semanas antes de meterlas al horno a más de 1 000 grados de temperatura para quemarlas y tener casi listo el mural. En el horno pasarán 16 horas, ocho quemándose y ocho enfriándose. Fuera del horno las piezas se arman sobre una plancha de madera. El mural ocupa un área de 8 m2.

Al final las piezas de arcilla que tenían un color café oscuro han adquirido una tonalidad similar al mármol, son de color beige con pintas cafés que dan más profundidad a las figuras. Cada mural contiene aproximadamente siete quintales de papel periódico licuado y cernido que se mezcla con la arcilla.

Mientras Cadena concluye la obra de los próceres, ha empezado a levantar la base de un nuevo mural sobre el que se diseñará la regeneración urbana de Guayaquil. Con este sumará trece murales que irán al Municipio de Guayaquil, que adquirió la obra completa que aproximadamente ocupa un área de 90 m2.

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