8 de December de 2010 00:00

Una capital para iniciar y hacer negocios

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Paúl Zamora Munzón

Según datos de la Superintendencia de Compañías, el número de empresas en el Distrito Metropolitano pasó de 9 768 en el 2001, a 12 869, en el 2009. Representa el 32% del total de empresas que hay en el país (40 331 a escala nacional).

Los tres sectores económicos de mayor agrupación son: actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (30,5%), comercio al por mayor y menor (30%) y transporte y almacenamiento (11,1%).

Para el arquitecto René Vallejo, secretario de Territorio, Hábitat y Vivienda del Municipio, el tema del desarrollo industrial en Quito se remonta a la época de la llegada del ferrocarril, en 1908.

Por eso, alrededor de la estación de Chimbacalle, en el sur, se edificaron las primeras fábricas debido a que estas se ubicaban en un sitio estratégico. Ahí llegaban los insumos de materias primas y los productos podían ser enviados.

Es así que para 1942 se realiza el primer plan de Quito y en este consta el sector sur (Chimbacalle, Villa Flora) como la zona industrial de la ciudad.

No obstante, a partir de los años 60, la ciudad empieza a crecer. Hasta esta fecha, en el Centro Histórico se concentraban las embajadas y las oficinas de las principales empresas, era el eje político y empresarial.

A inicios de los setenta, cuando el ‘boom’ del petróleo empezó, la mayoría de los bancos y oficinas se empiezan a trasladar al norte, en especial a la zona de La Mariscal y El Ejido. La inauguración del nuevo aeropuerto Mariscal Sucre también influyó.

En el segundo Plan Territorial de Quito, en 1967, se identifica al sector de El Inca y a la Granados como otra zona industrial, al igual que el sur de Quito, que registró más empresas, cada vez más alejadas.

Para Vallejo, la ciudad empezó a crecer más hacia los extremos y alrededor de las industrias, que antes se asentaban es zonas despobladas. Ahora, allí hay viviendas y comercios.

Hace 40 años, la fábrica de Textiles Texsa se construyó en el sector de San Bartolo. Fuad Misle, su fundador, aseguró que en ese entonces la zona era deshabitada y por eso la escogió. Actualmente, en los alrededores de la fábrica hay casas.

El empresario José María Ponce, nieto de Misle, es el gerente financiero de esta empresa. Tiene 30 años y en la oficina viste de terno. Para él, Quito le ha ofrecido la oportunidad para desarrollarse empresarialmente.

Se preparó en el exterior, en la Texas Christian University. Su fábrica elabora 90 toneladas de hilo acrílico (sustituto de la lana) y da trabajo directo a más de 110 personas. Considera que una de las facilidades de tener una empresa en Quito es que se puede enrolar con facilidad con otros empresarios. “Estar relacionado con ellos me da la posibilidad de insertarme en la competencia y estar al día con la dinámica empresarial” aseguró.

Otra de las fortalezas, para él, es la mano de obra calificada.

Según datos de la Cámara de Industrias y Producción, el total de personas ocupadas en la ciudad de Quito, durante septiembre del 2010, fue de 747 261. Lo cual representa el 18% del total de ocupados en el país. La tasa de desocupación en el mismo período fue de 5,77%, mientras que la tasa nacional fue de 7,44%.

Para 1993, en el Plan Territorial de Quito se consolida la zona industrial de Carcelén, Calderón y en el sur la densidad de empresas disminuye debido a que estas se trasladan a sitios más alejados de lo urbano.

Mónica Varea de Reyes edificó en Calderón, el 1 de junio del 2004, la empresa Plastisacks, que fabrica sacos y telas de polipropileno.

“Esta ciudad me dio la oportunidad de cristalizar mi sueño”. En ese año fabricaba 4 millones de sacos, ahora fabrica 16 millones y exporta a Colombia, Chile, Perú, Venezuela y EE.UU. En su empresa trabajan 450 personas.

Se considera una humanista y actualmente desarrolla un programa habitacional para sus empleados con 80 viviendas. Además, tiene un proyecto de guardería para la comunidad.

Nicolás Espinosa, presidente ejecutivo de Automotores y Anexos y Miembro de la Cámara de Industrias y Producción, recordó que en 1976 montar una empresa en Quito era difícil, ya que el acceso a los servicios básicos era complicado.

Por ejemplo, “para obtener una línea telefónica tenían que pasar entre tres y cuatro meses”.

Ahora, considera que es todo lo contrario. “A eso hay que sumarle la infraestructura vial”. Este empresario da trabajo a 600 personas en la capital.

Otro de los puntos positivos es el poder adquisitivo de las personas En el 2009, el PIB per cápita (Producto Interno Bruto por persona) estimado de la ciudad fue de USD 6 617, el nacional es de USD 3 715. Esto refleja un mayor poder adquisitivo de los habitantes de Quito.

Para el 2010, en el plan territorial se consolida el sector del eje oriental (Pifo, Píntag, El Quinche) como una nueva zona industrial. Influyó la construcción del aeropuerto de Tababela.

Para los tres empresarios, el futuro del Quito empresarial es prometedor. No solo por las facilidades logísticas que existen en la ciudad o por la construcción del nuevo aeropuerto. Coinciden en que el factor principal es la calidad de la gente.

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