10 de March de 2010 00:00

En la av. El Inca hay preocupación por la inseguridad

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Redacción Quito

Locales comerciales protegidos con rejas para atender a los clientes, y casas con sistemas de seguridad hasta en los techos son el panorama que se observa en la av. El Inca.

En esa vía del norte de la urbe, desde la av. 6 de Diciembre hasta la calle De las Palmeras, el comercio no descansa durante el día. Allí se ubican talleres automotrices, locales de ropa, restaurantes, ventas de abarrotes y tiendas.

La mayor parte de sus propietarios mantiene las rejas cerradas desde la mañana por seguridad. Varios moradores aseguran que el sector no tiene un resguardo policial constante y que los robos a locales y a personas son cotidianos.

Mauricio B. tiene un negocio de útiles de aseo personal en la avenida El Inca desde hace 15 años. Hace un tiempo, varias personas ingresaron en su local al mediodía, lo apuntaron con una pistola y saquearon la tienda llevándose los objetos de mayor valor.

Desde ese día, este comerciante colocó rejas dentro del local y dejó una especie de ventana para que los clientes entreguen el dinero y reciban el producto. Aún así -explica- los intentos de robo a su almacén no han disminuido. “Los delincuentes circulan diariamente por esta vía. Tuve que protegerme así porque a otros vecinos les han robado varias veces”.

Laura J., propietaria de una tienda, no ha sufrido asaltos en su local ni en su vivienda que se ubica en la planta alta. Pero, de todas formas, decidió instalar las seguridades en su tienda. Ahí hay mallas hasta en el techo de su vivienda para evitar asaltos.

Ella cree que el sitio se ha vuelto más inseguro desde que apareció una banda de jóvenes que recorre la vía día y noche. Laura J. asegura que los muchachos visten pantalones anchos y no tienen más de 16 años. “Siempre se los ve pasar en grupos grandes, entran a los locales y se llevan lo que está al alcance de sus manos sin que nadie pueda hacer algo”.

Aunque, Jacinto M., quien trabaja en un taller automotriz del sector, afirma que la presencia de estos chicos ha disminuido en los últimos meses. Pero para él los patrullajes policiales en la zona son necesarios, pues los robos no son solo a los locales comerciales sino también a personas.

A partir de las 18:00 -explica- el barrio se vuelve más inseguro. “A veces se escuchan gritos en las calles transversales o vienen al local personas que han sido asaltadas. Asustadas llaman a la Policía, pero en ocasiones ellos ni siquiera llegan”, dice indignado.

Jacinto M. considera que la instalación de una Unidad de Policía Comunitaria (UPC) no resolvería el problema. Según él y otros moradores, la UPC de la Urbanización Dammer (a cuatro cuadras de la avenida) rara vez acude a las llamadas de auxilio.

En la UPC Dammer laboran cinco gendarmes y un oficial.

Según los uniformados, los patrullajes en las zonas aledañas a su ubicación son recurrentes. Vehículos y motos circulan a diario en diferentes horarios. Los policías aseguran que las llamadas de denuncias que ingresan al 101 son transmitidas inmediatamente a la UPC. Además, informan que en cada caso no tardan más de 6 minutos en llegar. Detienen a los presuntos delincuentes y los trasladan a la Comisaría que se encuentre de turno.

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