9 de December de 2011 00:04

Alarma y trancones en el norte tras el fuerte estruendo

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El tránsito vehicular se caotizó en el norte, luego de la explosión en el Grupo de Intervención y Rescate (GIR). El paso se restringió en la av. Córdova Galarza y hubo trancones en la Mariscal Sucre, en El Condado y en Carcelén. El ingreso a la ciudad, por el norte, se complicó pasadas las 11:15.

Para facilitar el acceso de ambulancias y de los equipos de socorrismo al cuartel del Grupo de Intervención y Rescate (GIR), la Policía desvió el tránsito en la av. Mariscal Sucre, en la intersección con la calle Bernardo de Legarda, en sentido norte-sur.

En el momento de la explosión, Augusto Acevedo circulaba por el redondel de Carcelén y debía dirigirse a Pusuquí. “Se levantó un hongo rojizo en el cielo, los vendedores ambulantes y conductores se sorprendieron, no sabíamos qué pasó”, dijo.

A las 11:20 tomó un taxi, pero ya no le dejaron pasar hacia El Condado, era un caos y habían largas filas de carros. Ni los buses podían ingresar. Las personas caminaban hacia El Condado y desde allí hacían trasbordos en camionetas. Acevedo llegó a Pusuquí en un carro del Municipio.

Allí, pedían a través de altavoces, que no dejen pasar a los vehículos. Los familiares de los policías del GIR querían burlar el cerco para llegar al cuartel y averiguar sobre sus seres queridos.

Pasado el mediodía se reabrió la circulación vehicular por la Córdova Galarza y ya no hubo desvíos. La circulación empezó a fluir. Personal policial seguía ubicado en diferentes intersecciones, como el redondel de El Condado, en Pomasqui, y en la Diego de Vásquez.

A las 13:00, un bus de la Cooperativa Minas permanecía estacionado en la Córdova Galarza. Su destino era Nanegalito y los 20 pasajeros presionaban para que el chofer arranque. El conductor Jonathan Flores temía que a la altura del cuartel del GIR ocurra una nueva desgracia. A las14:30, la calle Alborada, vía principal de ingreso al GIR, era la única que permanecía cerrada.

Un fuerte estruendo fue lo que escuchó Mónica Solís, moradora de Carcelén, un barrio aledaño a Pusuquí. A esa hora, ella se encontraba en la cocina de su casa. “Creí que había explotado el cilindro de gas de alguna casa vecina”. Salió de su domicilio hacia el parque central de Carcelén, junto a sus dos hijos pequeños, de 1 y 3 años. En ese lugar se sintió más protegida.

Testimonios

Edmundo Corral  /Vecino Carcelén

‘Nos reunimos en el parque entre vecinos’

Vivo solo y a la hora de la explosión estaba durmiendo. El estruendo me despertó, pensé que se acababa el mundo. Luego salí de mi casa y me reuní con más vecinos en el parque central de Carcelén. Nadie sabía lo que pasaba, presumíamos que era algo muy grave. En menos de cinco minutos se escuchó el ruido de las ambulancias y de los patrulleros. Nosotros tratábamos de ver desde dónde sale humo.

René Benavides/ Vecino Carcelén

‘Vi una columna de humo de color rojizo’

Le visitaba a mi primo  cuando escuché la explosión. El ruido fue tan fuerte que me dolió la cabeza. La ventana estaba abierta y una especie de viento movió mi cuerpo. Luego subimos a la terraza. Me  sorprendí al ver una columna de humo de color rojo con destellos azules de cerca de
1 km de altura, en la loma de enfrente. Las llamas se expandían por la loma. Los vidrios del edificio de al lado estaban rotos.

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