14 de December de 2012 00:01

12 chicos achuar tuvieron su encuentro con Quito

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No se despegaba de la ventana. Miraba cada bus, cada auto, cada bicicleta que pasaba por las avs. 12 de Octubre y Gran Colombia, rumbo al Centro Histórico. Cuando el transporte tomó la calle García Moreno, se emocionó, al igual que los otros 11 chicos de nacionalidad achuar, que viajaban en la unidad.

“¿Te cuento una historia de Quito? Yo me sé”, dijo. Y detalló cómo Cantuña se libró de ir a la cárcel y de entregar su alma al diablo, gracias a una piedra. Quería conocer San Francisco, para ver dónde faltaba la piedra. Felipe Etzamaren tiene 9 años y es un alumno destacado del 5° año de la escuela Tarqui. Vive en La Malaria, comunidad cercana a Tarqui, y esta fue su primera visita a Quito.

El pequeño estaba interesado en el relato de la policía metropolitana Andrea Quezada, quien guió al grupo invitado por Kapawi Ecolodge, por sus buenas notas. Al cruzar la Plaza Grande, oyó la historia del león, de la antorcha y de los laureles del monumento a la Independencia, pero pronto algo le atrajo más. “¿Por qué están esos pájaros? ¿Se dejarán coger?”, preguntó.

Los visitantes tienen entre 4 y 16 años. Salieron del Puyo, en Pastaza, a las 06:00 del miércoles. A las 12:30 llegaron a Quito, cansados, somnolientos y pálidos. El trajín del viaje causó efectos; algunos, por mareo, tuvieron problemas después de desayunar en el camino un sánduche de embutidos, papas fritas y leche chocolatada; cuando su dieta habitual contiene yuca, pescado y sopas.

Pronto recobraron energías. En el Swissôtel, donde se hospedaron, les ofrecieron jugos de frutas y galletas. Entonces llegaron Miguel Ángel, Hiroshi y Daryna, del elenco de Pequeños Gigantes México, que se presentará el domingo en Quito. Los acompañantes de los niños achuar les pidieron tomarse una foto juntos. “Sí les he visto. En la tele salen, pero no les conozco”, dijo con apatía Anthony Vargas, de 10 años. El cambio de clima les sorprendió. La sopa de bola de verde del almuerzo fue un aliciente; junto al pollo a las finas hierbas y a la torta de manzana y nuez con helado.

En el Centro Histórico también pasearon por el Museo Alberto Mena Caamaño, la iglesia de La Compañía y la Plaza de San Francisco. Sheyla Vargas, de 7 años y de la escuela Amauta Ñampi, se puso su chompa amarilla y la capucha. Mencionó a sus hermanos, padres, tíos y primos, a quienes les contará que Quito es “bonito, aunque frío”.

Las palomas de San Francisco los cautivaron. ¡A jugar! Los pequeños corrían y decenas de aves alzaban vuelo y formaban una nube sobre ellos. No se tocaban entre sí; estas volvían a tocar las piedras del piso y a despegar.

Desde las gradas los miraban Purtar Piruch, dirigente achuar, y Juan Callera, de Kapawi. Ambos viajaron con los niños desde la Amazonía. Se reían, parecía que querían jugar también. Callera tenía los zapatos recién lustrados, en el Palacio Arzobispal. La tarde se puso fría y los juegos en La Ronda se suspendieron.

La mañana de ayer, pese al cielo nublado, el juego fue intenso en el parque de ‘Don Ferro’. Allí se divirtieron con las rondas del pato, pato, ganzo, y el gato y el ratón... No faltó‘una puerta se ha caído’. Antes, conocieron la Estación del Ferrocarril Chimbacalle.

Luego pegaron cromos en un álbum del tren, pero estaban ansiosos de ir al Vulqano Park. “Yo quiero ir al Centro de Quito, mejor”, decía Mura Santi, de 12 años. El deseo se le cumpliría, porque el almuerzo sería en el Hotel Plaza Grande, luego de ir al Museo Interactivo de Ciencias.

Turistas extranjeros tomaban fotos y los quiteños pasaban sin advertir la belleza que les rodeaba. Para los pequeños, la ciudad era “emocionante”, “grandota”. Cristin Pincho, de 6 años, lo dijo: “Me quiero llevar Quito a mi casa, para enseñarle a mis amigos”.

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