27 de octubre del 2015 00:00

El trole funcionará solamente con diésel en caso de caída de ceniza

Trole ceniza

En los ductos de ventilación del trole se colocarán telas. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

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Mayra Pacheco
Redactora (I)
mpacheco@elcomercio.com

Las unidades del Sistema Trolebús, que pueden operar con electricidad o diésel, en caso de una caída de ceniza funcionarán usando solo el combustible. Esto ocurrirá porque el material volcánico dificulta la transmisión de electricidad desde los cables hasta las unidades.

De los 113 troles que operan en el sistema, 54 cumplirán en diciembre 20 años de vida útil; en una eventual emergencia, estos deberán ser retirados de las vías porque su motor no permite recorridos largos, informó la Empresa Pública Metropolitana de Transporte de Pasajeros Quito (Epmtpq).

El 14 de agosto pasado, cuando cayó ceniza en Quito proveniente del volcán Cotopaxi, estas unidades no circularon entre las estaciones de Quitumbe y El Recreo, en el sur de la urbe. Ese día, la ceniza se acumuló sobre el tendido eléctrico del Trole y obstruyó el paso de la energía hacia las unidades. El material, además, afectó a estas infraestructuras. Fue necesario limpiar las catenarias (red de alimentación de electricidad) y los carbonos que están en los extremos de las antenas de los troles.

Los ductos de ventilación y las plumas de los troles estuvieron también expuestos ante este evento. Por esto, la entidad desarrolló un plan de contingencia (ver infografía).

En el Corredor Central, donde opera el trole, se cuenta con 25 articulados que funcionan a diésel, y en caso de la presencia de ceniza los filtros de aire, el sistema de plumas y los radiadores deberán ser protegidos para que puedan operar bajo estas condiciones.

Para que las unidades brinden el servicio, sus ductos de ventilación se protegerán con unas telas especiales para evitar el ingreso del material volcánico. “La ceniza podría acumularse en las tarjetas electrónicas u otros circuitos de los troles”, precisó la Epmtpq.

La caída del material volcánico, en la zona urbana, dependerá de la dirección de los vientos. Si la ceniza llega a Quito, la Empresa operará con 84 troles, articulados y, de ser necesario se incorporarán buses tipo. Todos trabajarán con diésel. El servicio se prestará mientras las condiciones lo permitan. En el trole se movilizan 275 000 pasajeros al día.

En promedio, para aplicar este plan en una eventual emergencia se destinará USD 1 millón. Los recursos se usarán para comprar repuestos y enfrentar los eventos derivados de una posible erupción.

Sandra Paredes, usuaria de este sistema de transporte público, comentó que durante la caída de ceniza del 14 de agosto tuvo que esperar más tiempo por una unidad en la estación de Quitumbe.“Había mucho polvo en el ambiente. Los troles no venían tan seguido”.

En este tipo de emergencias, los viajes en transporte público se vuelven más lentos, precisó Diego Hurtado, integrante de la Asociación de Peatones de Quito. Por esto recomendó a los usuarios de este sistema tomar precauciones. “Los buses deben circular a menos velocidad para evitar que se levante el polvo que está en la calzada”.

Además, recomendó a las autoridades analizar la gratuidad del pasaje en este tipo de circunstancias. La prioridad en
una eventual caída de ceniza de consideración, debe ser que los pasajeros lleguen a sus casas.

En este escenario, si la caída de material volcánico es fuerte, se podría incluso realizar un cambio de alerta, de amarilla a naranja, siempre y cuando haya una disposición de las autoridades que están a cargo del tema: Ministerio Coordinador de Seguridad. Las actividades en la urbe se podrían suspender.

Esto ocurrió ya entre 1999 y el 2000, cuando se reactivó el volcán Guagua Pichincha, ubicado al suroccidente de Quito. En cada erupción cayeron alrededor de 200 000 a 300 000 toneladas de ceniza. “Fueron 23 explosiones, de estas en 10 ocasiones cayó ceniza”, recordó el exalcalde Roque Sevilla.

Esto obligó a suspender la asistencia a clases, operaciones aeroportuarias, entre otras. Sin embargo, el servicio de transporte público siguió operando hasta cuando las condiciones de visibilidad permitieron circular en las vías de la ciudad.

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