20 de mayo de 2017 00:00

Quito registra una sobreoferta de departamentos en arriendo

Una de las zonas más afectadas por la baja en los arriendos es el norte de Quito. Foto: Patricio Terán/EL COMERCIO

Una de las zonas más afectadas por la baja en los arriendos es el norte de Quito. Foto: Patricio Terán/EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
Redactora (I)
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Hay letreros pegados en las ventanas de los departamentos y anuncios colgados en las guardianías de los edificios que llevan el mismo mensaje: ‘Se arrienda’.

La búsqueda infructuosa de inquilinos es más evidente al caminar por la avenida 12 de Octubre, por la República de El Salvador, o por la Mariano Paredes, en Ponciano.

En los tres sectores hay al menos 37 departamentos, oficinas o locales vacíos, a la espera de arrendatarios. Construir un departamento y rentarlo dejó de ser un buen negocio desde el 2015, cuando la baja en el petróleo devino en una menor demanda y un decrecimiento de la economía.

El sector inmobiliario empezó a sentir los estragos de la falta de liquidez y pasó de rendir un 8 o 9% anual al dueño del inmueble, a un 4 o 4,5% , según las estadísticas de Market Watch, una empresa especializada en estudios de mercado en el sector inmobiliario.

Esta firma dice que en el 2013, la renta de una oficina AAA (acabados de lujo en zona de alta plusvalía) costaba en promedio USD 18 el m², por mes. Incluso en algunas zonas como La Coruña, Santa Lucía Alta o La Carolina, llegó a sobrepasar los USD 25.

Hoy, en esos mismos lugares, el precio bajó a USD 13 el m² por mes, y se puede encontrar incluso a USD 11. La baja en el precio de los arrendamientos afectó también a las oficinas de clase media, pero en menor medida, explica Gonzalo Rueda, gerente de General Market Watch.

Esta situación se replica cuando se habla de arriendos para viviendas. Para hallar inquilinos, las personas han tenido que bajar entre un 30 y 40% el precio de las rentas, sobre todo en las zonas más costosas de vivienda como son la González Suárez, Quito Tenis, República de El Salvador, Santa Lucía y San Juan en Cumbayá, en Tumbaco y Los Chillos.

En esas zonas, en el 2014, el costo del metro cuadrado por mes superaba los USD 10. Hoy está en menos de USD 7. Rueda asegura que desde el último trimestre del 2016 la situación se ha estabilizado. Quizás en marzo, comenta, se sintió una leve recuperación.

La crisis se refleja además en el tiempo de espera del rentista, desde que saca su departamento al mercado, hasta que lo arrienda. Rubén Gómez, presidente de la Asociación de Corredores de Bienes Raíces de Pichincha, a la que pertenecen unos 970 corredores, asegura que antes rentar un mueble tomaba de 15 a 30 días. Hoy, se tarda hasta siete meses.

Ese es el caso de Magdalena Altamirano, quien tiene un departamento en El Batán desde hace ocho años y lo rentó en USD 700 mensuales hasta octubre pasado. Su inquilino se fue luego de que su esposa perdiera el trabajo, y desde entonces no ha podido hallar otro arrendatario, pese a que hoy pide USD 500.

Esa situación es común, explica Gómez, debido a varios parámetros como la crisis económica, el proyecto de ley de plusvalía, los fenómenos naturales y el proceso electoral.

Una casa en arriendo cerca de la Universidad San Francisco con 900 m² de terreno y 600 de construcción se rentaba en USD 4 200 hasta mediados del 2016. En junio pasado quedó vacía y hasta ahora no se arrienda, pese a que el precio bajó a USD 2 000.

Lo mismo ocurre en las zonas más económicas. Un departamento pequeño de dos dormitorios, 60m² en San Pedro Claver, se renta en USD 250, incluido consumo de agua, pero desde hace cinco meses no halla arrendatario.

En el Quito Tennis, el edificio Puerta Blanca tiene dos departamentos desocupados que buscan arrendatarios por USD 1 500 mensuales. En la Gaspar de Villarroel y 6 de Diciembre hay otro más a USD 500.

Gómez calcula que el 60% de departamentos que se ofertan en el mercado logró rentarse, el 40% continúa a la espera.

La situación afectó especialmente a aquellas personas que compraron un bien y lo pusieron a la renta con miras a pagar las cuotas. Según datos de la Superintendencia de Bancos, en abril de este 2017, el índice de morosidad de créditos en vivienda aumentó ligeramente a 3,47%, mientras que en abril del 2016 fue 3,26%.

Gómez lanza una razón adicional para que la gente alquile menos: la posibilidad de crédito por parte del Seguro Social ha hecho que la gente prefiera acceder a una línea de crédito directo y pagar las cuotas de su casa, así eso le signifique vivir en zonas periféricas.

Incluso, otras familias, han preferido ir a vivir a casa de familiares.
Silverio Durán, presidente de la Cámara de la Construcción de Pichincha, explica otra razón: muchos de los constructores, al no poder vender las propiedades, las han puesto en arriendo, lo que posiblemente haya incrementado el número de unidades que están en el mercado. Hay registros de que hasta enero había un represamiento de alrededor de 20 000 unidades de vivienda que no se han vendido.

Para Gerardo Romero, presidente Federación Nacional de Corredores de Bienes Raíces, la poca demanda se replica en todo el país, sobre todo en Quito, Guayaquil, Cuenca y Machala. Y más aún en sectores de clase alta, donde una casa amueblada se rentaba en USD 3 000 y hoy en 1 200.

Según Durán, existe un déficit de vivienda de más de
800 000 unidades a escala nacional. Sin embargo, añade, hace falta realizar un estudio para actualizar esta cifra. Según el INEC, en Quito, un total de 248 330 familias viven en una casa arrendada, lo que representa alrededor del 33% de la población total.

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