21 de April de 2015 21:14

Cabildo ejecutará 4 proyectos para no construir otro relleno sanitario

La disposición final de desechos en El Inga se la realiza mediante cubetos que son celdas de gran tamaño en donde se arrojan los desperdicios comunes. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

La disposición final de desechos en El Inga se la realiza mediante cubetos que son celdas de gran tamaño en donde se arrojan los desperdicios comunes. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

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Éricka Guarachi

El relleno sanitario del Distrito Metropolitano está al 80% de su capacidad. De continuar recibiendo el volumen diario de basura, 2 000 toneladas, en cinco años deberá cerrar, ya que no le queda espacio para seguir expandiéndose.

En la actualidad, esta infraestructura tiene 58 hectáreas. Cuando comenzó a funcionar, en enero del 2003, ocupaba 15 hectáreas, en las que se recibían 1 200 toneladas cada día.

Sin embargo, en los próximos 18 meses se empezará a utilizar el último cubeto que queda, el 9. Este tiene una superficie de entre 8 y 10 hectáreas, en donde cabría un millón más de toneladas de desechos, tomando en cuenta las 2 000 toneladas diarias.

Luis Mayorga, gerente de la Empresa Metropolitana de Gestión Integral de Residuos Sólidos (Emgirs), que maneja el relleno, dice que en apenas en dos años el total de basura se incrementó en 300 toneladas: es decir, en el 2013 eran 1 700. Ese año, la población era de 2,2 millones de habitantes. Se estima que el quiteño genera 0,8 kilogramos de desechos, en promedio al día.

Inicialmente se habló de operaciones por cerca de 18 meses, pero por necesidades ese funcionamiento se ha extendido con la apertura de nuevos cubetos, superficies de terreno para la creación de las terrazas. Hasta el 2005 se habían depositaron 1 366 115 toneladas.

John Bonifaz, coordinador de residuos ordinarios y responsable del manejo del relleno sanitario El Inga, prevé que si se mantiene las condiciones actuales, a El Inga le quedarán cinco años más de operación.

Ante este escenario, Mayorga no plantea la creación de un nuevo relleno, pues confía en la disminución de los desechos mediante cuatro proyectos que serán impulsadas por la actual administración.

La acción más inmediata arrancaría en siete meses en la Estación de Transferencia Sur; se implementarán unas bandas de separación de la basura. Estas tendrán un costo de USD 3,5 millones y reducirían 160 de las 800 toneladas que salen des ahí a El Inga. Se lo logrará separando los residuos orgánicos, inorgánicos, los papeles, cartones y los plásticos.

Los desechos que llegan al relleno proviene de las estaciones de transferencia Norte (Zámbiza) y Sur (San Martín). Además, llegan del cantón Rumiñahui y de otros gestores autorizados (empresas que generan desechos que no son recolectados por Emaseo).

Otro proyecto que estará listo para inicios del 2016 es la creación de una nueva Estación de Transferencia Norte. Estaría a 6 km de la actual, en Zámbiza. De igual forma, aquí, se reducirá un 20% de las 1 000 toneladas que arriban a esta estación, con la instalación de las bandas de separación.

A mediados de ese año se construirá una planta de compostaje y bioles y, a finales, otra de biodiésel, respectivamente. Con ambas acciones se reduciría, en total, un 10% exclusivamente de desechos orgánicos. Cada día, los mercados de Quito generan 150 toneladas de estos desechos. Su implementación costaría USD 500 000.

La planta de generación eléctrica es el proyecto más ambicioso que tiene, ya que su funcionamiento requeriría de una cantidad superior al 50% de desechos que se generan. Según sus previsiones estaría listo en el 2018, a menos de un año de terminar esta administración, y costaría (USD 250 millones).

En octubre se culminarán los estudios y, en noviembre, se iniciaría con los convenios públicos privados para su implementación. Ya hay empresas interesadas, lo que facilitaría la concreción de este proyecto ambiental. En otras administraciones, ya se habló de generar energía con los desechos.

Daniel Salgado, docente de Ingeniería Ambiental de la UDLA, dijo que se debe realizar un estudio del impacto ambiental y económico en torno a estos proyectos. Por ejemplo, en las plantas de biodiésel, de compostaje y bioles se debería analizar qué mercado compraría esos productos, sino “solo se acumularía el producto”.

En el caso de la planta de energía eléctrica, se debe analizar el método que se utilizará, sí se lo hace por combustión se generará impacto en el aire.

En contexto

En el Distrito Metropolitano quedan pocos espacios que permitan el desarrollo de un nuevo relleno sanitario; esto principalmente por la expansión urbana. Hay regulaciones técnicas internacionales que deben cumplirse, por ejemplo, en la ubicación y la distancia.

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