17 de December de 2014 20:35

En los pueblos montubio, indígena y afro tampoco se denuncia el maltrato

María solicitó ayuda a la Fundación Nosotras con Equidad tras sufrir el maltrato de su esposo, durante un año. Foto: EL COMERCIO

María solicitó ayuda a la Fundación Nosotras con Equidad tras sufrir el maltrato de su esposo, durante un año. Foto: EL COMERCIO

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Redacciones Sierra Centro, Esmeraldas y Manta

Castigos, insultos, agresiones y maltrato psicológico son los casos de violencia que soportan las mujeres de los pueblos montubio, indígena y afro.

Sus casos no se alejan de los que se presentan en zonas urbanas, pero hay particularidades. En Riobamba (Chimborazo),la Fundación Nosotras con Equidad recibe las denuncias de mujeres golpeadas, como María, quien llegó a las oficinas llorando y con moretones en su rostro.Su esposo Víctor la golpeó y la amenazó con matarla si se atrevía a denunciarlo. Viven en una comunidad, en el páramo de Guamote.

Nancy Taipe, abogada de la Fundación, explica que el machismo y la violencia en los indígenas es común. Solo 15 casos de los 45 que se procesan cada semana son denunciados por mujeres indígenas y de esos solo dos concluyen el proceso.

Para erradicar la violencia, la semana pasada se hizo una capacitación sobre el Código Penal en una comuna. Las mujeres se sonrojaron y se ocultaron bajo la chalina mientras los hombres las miraban fijamente. “En su cultura está muy arraigado de que el rol de la mujer es atender la casa, cuidar huertos y animales. Es muy difícil ingresar a las comunidades para hablar de violencia porque las mujeres son sumisas y los hombres las dominan”.

Narcisa, otra denunciante, también fue víctima. Cuando falleció su esposo, sus suegros y su cuñado se hicieron cargo de ella. “Me golpean, me insultan, sentí que me moría cuando me hicieron tragar tierra”, relata la mujer de 27 años.

No es la única que ha sido golpeada en su comunidad Santa Rosa, en Licto. Muchas de sus amigas son golpeadas cuando no cumplen a tiempo con las tareas del hogar, pero solo ella se animó a denunciar.

“Estamos luchando contra la violencia, pero es una tarea difícil, porque cuando una mujer incumple su rol, su marido la golpea. Cuatro compañeras que intentaban formarse como líderes fallecieron en el 2009 en Guamote”, dice Delia Caguana, presidenta del Movimiento Indígena de Chimborazo.

En el pueblo afro, la realidad es parecida. Según el Foro Permanente de la Mujer y la Familia de Esmeraldas, los problemas de agresión de hombres a mujeres o viceversa, en la mayoría de los casos ocurren en estado etílico.

Las agresiones tienen su origen (80%) en el consumo de alcohol y se dan cuando las esposas reclaman por los gastos para la compra de licor. Meury Vera, representante del Foro, señala que ocho de cada 10 mujeres son agredidas física y verbalmente por sus convivientes bajo los efectos del alcohol.

Para Luther Montaño, especialista en drogodependencia, esa tendencia guarda relación con la información del Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censo. Según la ingesta de licor, por autoidentificación, los afroecuatorianos ocupan el segundo lugar con el 9,7%, después del pueblo montubio con el 10,8%.

Desde la Unidad de Género de Esmeraldas, integrada por 20 instituciones de la provincia, se promueve la campaña Antes de pegar hay que hablar. “El objetivo es bajar el índice de violencia contra la mujer”, explica Lucetty Coronel, responsable de la campaña.

En Manabí, la violencia es física, sexual y sicológica, asegura Isabel Palma, activista de los derechos de la mujer. “El hecho de que la mujer sea en muchos casos relegada a las tareas domésticas ya es un una característica de violencia; ellas tienen que cuidar a los hijos y estar al pendiente de los requerimientos de sus esposos”.

En lo físico, la mujer especialmente aquella que vive en la zona rural tiene doble responsabilidad: ver lo doméstico y ayudar en las tareas agrícolas. Según Palma, la violencia física no muchas veces viene acompañada de golpes o puntapiés, basta que no se considere el múltiple trabajo de ella.

La actriz y activista cultural Gloria Leiton, asegura que no solo hay violencia sobre la mujer montubia, la mujer chola, compañera del pescador también está sometida a maltrato físico y sicológico.

Para Leiton, la amenaza es notoria cuando los hombres se van de pesca y les gritan con frases intimidantes relacionadas con la infidelidad, mientras ellos están ausentes. “Cuidado miras a otro, cuando regrese si me entero de algo ya vas a ver”. Esas frases son recurrentes y es violencia, comenta la activista.

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