16 de febrero de 2017 08:13

Un pueblo chino conmemora el final de los sacrificios humanos de hace siglos

La celebración se organiza cada año en la aldea de Tufang, en la provincia de Fujian (este), con motivo de la fiesta de los faroles, hacia mediados de febrero. Foto: AFP

La celebración se organiza cada año en la aldea de Tufang, en la provincia de Fujian (este), con motivo de la fiesta de los faroles, hacia mediados de febrero. Foto: AFP

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Agencia AFP

Vestidos como muñecas, los niños de un pueblo chino desfilan en medio de un estruendo de petardos en conmemoración del final de los sacrificios humanos que se realizaban en la localidad hace siglos.

Esta curiosa celebración, muy colorida, se organiza cada año en la aldea de Tufang, en la provincia de Fujian (este), con motivo de la fiesta de los faroles, hacia mediados de febrero, dos semanas después del Año Nuevo lunar.

Los niños lucen vestidos bordados de colores vivos y maquillajes sofisticados. En la cabeza llevan extravagantes adornos de seda, metal y plumas, lo que recuerda a los trajes de la ópera china.

Enfundados en estos atuendos estrambóticos desfilan por el pueblo, de pie en palanquines adornados con flores rosas y rojas. A los lados del cortejo estallan petardos, de los que se desprende humo blanco.

Los hakkas, una población china con una identidad cultural y tradiciones distintas al resto del país, perpetúan así una costumbre de orígenes trágicos.

La celebración se organiza cada año en la aldea de Tufang, en la provincia de Fujian (este), con motivo de la fiesta de los faroles, hacia mediados de febrero. Foto: AFP

Foto: AFP

Hace 700 años, la población local tenía por costumbre realizar sacrificios de niños para apaciguar a los demonios. Hasta que dos personalidades míticas, Tu Dalang y Lai Balang, independizaron el pueblo y prohibieron esta práctica bárbara.

Cuenta la leyenda que los dos cruzaron las montañas del centro de China en busca de poderes mágicos con los que exorcizar los demonios de Tufang.

Incienso y velas

Actualmente la población venera a estas dos figuras como si de dioses se tratara. Creen que pueden influir en la meteorología y repartir bendiciones a los que les rinden homenaje.

El desfile infantil es una fiesta destinada a honrarlos. A su paso los habitantes queman incienso y encienden velas en mesas instaladas fuera de sus casas, entre un barullo incesante de petardos.

La celebración se organiza cada año en la aldea de Tufang, en la provincia de Fujian (este), con motivo de la fiesta de los faroles, hacia mediados de febrero. Foto: AFP

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En el pueblo de Luofang, también en la provincia de Fujian, se celebra una fiesta similar. Catorce niños vestidos con trajes tradicionales representan a las siete familias aristocráticas que otrora dominaban la región.

Los transportan de dos en dos: en cada pareja un niño representa a un héroe local y el otro a su guardaespaldas. Todos los dúos participan en una carrera por ser el primero en llegar a la cabeza del cortejo.

La procesión, rica en símbolos, también representa los siete valores fundamentales de la cultura china, de entre los cuales los más importantes son la lealtad, la honradez, la compasión y la paz.

La ceremonia tiene una connotación religiosa, con el humo de los petardos, el perfume acre del incienso y las oraciones cantadas por los habitantes que claman al cielo que derrame sobre ellos cosechas abundantes.

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