6 de junio de 2015 13:30

Protestas acompañadas de música, disfraces y gas pimienta reciben al G7

La marcha central contra la reunión de jefes de gobierno de siete de los países más ricos del mundo (G7) recorrió la ciudad con ambiente festivo. Foto: Michael Kappeler/ EFE

La marcha central contra la reunión de jefes de gobierno de siete de los países más ricos del mundo (G7) recorrió la ciudad con ambiente festivo. Foto: Michael Kappeler/ EFE

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Agencia DPA

Cánticos, proclamas, disfraces y un pulpo gigante: los manifestantes tomaron este 6 de junio la idílica ciudad alpina de Garmisch-Partenkirchen para mostrar su repulsa contra la cumbre del G7 que se celebra este 7 y 8 de junio en el sur de Alemania.

Con temperaturas rozando los 30 grados y en medio de un masivo despliegue policial, la marcha central contra la reunión de jefes de gobierno de siete de los países más ricos del mundo (G7) recorrió la ciudad con ambiente festivo.

Pese a la tensión con que se esperaba la protesta, solo hubo incidentes aislados. "Queremos llamar la atención sobre una cumbre para la que se dedica una gran cantidad de dinero que podría destinarse a otra cosa", comentó Nicole, una alemana de 38 años acompañada de su marido y sus tres hijos, uno de ellos de apenas unos meses, sobre los 150 millones de euros que costará el encuentro de dos días.

"Estoy aquí porque me preocupa", agregó. La mujer se mostró serena ante el riesgo de disturbios: "No tengo miedo. No estoy haciendo nada prohibido. Parece que los que tienen miedos son ellos, que montaron este dipositivo", agregó sobre la policía.

Hippies, anarquistas, jóvenes, niños, ancianos, bávaros, familias... La manifestación unió a personas de todo origen y edad en un cuadro más propio de un carnaval multicultural que de una marcha anticapitalista, si no fuera por los miles de policías.

La ciudad alpina quedó tomada por carrozas con música tecno, pelucas, payasos, performances y vecinos asomados a los balcones viendo pasar el desfile de manifestantes. "Que se abran las puertas del comercio internacional es el robo a nuestras vidas", dijo la salvadoreña Sulma Larín, que aseguró estar acompañada por activistas de México, Honduras, Nicaragua o Colombia que viajaron a Alemania para protestar contra el G7.

"¿Molestamos?", se leía en un cartel. Otro llevaba el lema: "Ustedes son siete. Nosotros 7 000 millones". Un enorme pulpo con cabeza de calavera se movía sobre los manifestantes acompañado de un cartel donde se podía leer "World Wide War", entre el ritmo de Bob Marley y las consignas gritadas por altavoces desde las caravanas.

Otro de los carteles más repetidos llevaba el lema: "Stop TTIP" contra el acuerdo de libre comercio que la Unión Europea (UE) negocia con Estados Unidos, uno de los focos principales de las críticas junto con el trato a los refugiados en Europa, la política de defensa o el cambio climático.

Como ya ocurrió el jueves 4 de junio en otra marcha contra el G7 que reunió a 34 000 personas en Múnich, la marcha transcurrió de manera pacífica, a excepción de un par de incidentes aislados hacia el final.

Según fuentes policiales, unos activistas atacaron a los agentes con botellas con líquido no inflamable y extintores. La policía respondió con gas pimienta e informó de siete policías heridos.

También varios manifestantes fueron atendidos por los servicios médicos por problemas en los ojos. En total unas
3 600 personas, según la policía, y entre 4 500 y 5 000, según los organizadores, acudieron a la manifestación convocada por la plataforma 'Stop G7 Elmau', que agrupa a varias agrupaciones de diverso signo. El número quedó por debajo de los 10 000 que se esperaban.

La cumbre viene marcada por el temor a que se produzcan disturbios, en especial en la marcha prevista para este 7 de junio hasta el palacio de Elmau, donde se reunirán la alemana Angela Merkel, el estadounidense Barack Obama y sus pares de Francia, Reino Unido, Italia, Japón y Canadá.

De momento, solo una exigua manifestación de hasta 50 personas podrá protestar "al alcance del oído y de la vista" del G7.

La primera jornada de protesta se vivió en un ambiente festivo desde la mañana. Mientras algunos lugareños habían tapado sus tradicionales fachadas bávaras para protegerlas de posibles lanzamientos de pintura durante las protestas, otros negaban tener miedo. "Son gente amable y no creo que tengan en mente hacer nada malo", comentaba Ingrid Koppes, vecina de la idílica localidad de unos 26 000 habitantes en la frontera con Austria, acompañada de una amiga y vestida con el traje típico de la zona.

Ambas se acercaron a visitar el campamento de protesta instalado en la ciudad. "Todo transcurre más como una fiesta y de manera pacífica", contaron. Habrá que esperar a mañana para ver si la cumbre de Elmau logra evitar las imágenes vividas en anteriores encuentros del G7 se repiten.

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