7 de junio de 2018 07:09

Programa atómico norcoreano, 40 años de desarrollo y demasiados enigmas

Corea del Norte dijo el domingo que probó con éxito una bomba de hidrógeno, que puede ser instalada en uno de sus misiles balísticos intercontinentales. Foto: AFP

Corea del Norte dijo en septiembre del 2018 que probó con éxito una bomba de hidrógeno, que puede ser instalada en uno de sus misiles balísticos intercontinentales. Foto: Archivo / AFP

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Agencia EFE

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El programa nuclear norcoreano es el centro de la histórica cumbre de Singapur pese a que su verdadera dimensión y alcance siguen siendo aún muy desconocidos después de casi 40 años de incansables esfuerzos de los investigadores extranjeros para desentrañarlo.

El proyecto arrancó originalmente con el apoyo soviético en los sesenta para que Corea del Norte tuviera energía nuclear de uso civil, aunque no fue hasta finales de los setenta y principios de los ochenta cuando Pyongyang decidió desarrollar a todo gas un programa de armas atómicas.

El primer paso fue la construcción de un reactor de 5 megavatios en el centro de investigación nuclear de Yongbyon (unos 80 kilómetros al norte de Pyongyang) capaz de producir plutonio y de otras instalaciones para reprocesar combustible y hacerlo apto para bombas, además de habilitar centros de ensayo para detonaciones.

Entre estos últimos el más famoso es Punggye-ri (noreste del país) por haber sido el que el régimen ha utilizado desde 2006 para realizar sus seis explosiones nucleares subterráneas, que junto a los exitosos ensayos de misiles balísticos (que se usarían para dirigir las bombas) de 2017 constituyen el culmen de este programa.

La mayoría de expertos duda de que Corea del Norte disponga aún de una tecnología de misiles suficientemente avanzada como para golpear con un arma nuclear y de manera precisa un objetivo, especialmente si se trata de uno situado en EE.UU. que requiera de un proyectil de alcance intercontinental.

Eso no quita para que las reservas de combustible para bombas de las que dispone Corea del Norte le permitan fabricar varios dispositivos, aunque incluso en estas estimaciones los expertos no logran ponerse de acuerdo.

Los cálculos sobre la cantidad de cabezas nucleares que podría construir Corea del Norte a partir del material fisible del que dispone varían de las 6 a las 60 armas atómicas.

Sin embargo, se desconoce por completo dónde tiene Corea del Norte sus silos y si éstos en realidad solo albergan misiles con cabezas explosivas convencionales no atómicas.

Basta comprobar también los datos que ha recopilado de manera exhaustiva la ONG Nuclear Threat Initiative para darse cuenta de la cantidad de información que no se conoce incluso de las instalaciones más ostensibles del programa nuclear de los Kim.

El tamaño y el estado operativo de la mayoría de activos, incluyendo la docena de yacimientos de uranio que se cree que hay en el país o la decena de laboratorios y centros de investigación académica, están clasificados con la etiqueta "desconocido".

Un reciente estudio para la Universidad de Stanford encabezado por Robert Carlin, negociador de EE.UU. en anteriores conversaciones atómicas con Pyongyang, y Sigfried Hecker, reputado científico nuclear y la única persona que ha visto instalaciones clave del programa norcoreano para reprocesar combustible, puede sin embargo ayudar a señalizar algunas de las piezas clave del programa.

Esta hoja de ruta sugiere un hipotético acuerdo entre EE.UU. y Corea del Norte con un plan a 10 años para lograr una desnuclearización eficiente de Pyongyang.

Como requisito inmediato propone, además de la destrucción del arsenal de bombas y material fisible o la suspensión de pruebas nucleares y de misiles (a la cual el régimen ya se ha comprometido inutilizando, por ejemplo, Punggye-ri), cerrar ipso facto una serie de instalaciones, muchas de ellas en Yongbyon.

Además de la unidad de fisión de 5 megavatios, el estudio cree que en Yongbyon deberían clausurarse de inmediato el reactor de agua ligera que se empezó a construir en 2009 (y cuyo verdadero estado operativo se desconoce) y el reactor de investigación IT-2000 que en los sesenta ayudó a construir Moscú en el mismo complejo.

Y tanto fuera como dentro de Yongbyong, la hoja de ruta considera fundamental detener con presteza todas las plantas usadas en el país para enriquecer, tratar y reprocesar combustible (se cree que habría por lo menos cinco de estas instalaciones repartidas en diversos puntos del país).

Con esto, y aún sabiendo que la verdadera dimensión del programa está aún por esclarecerse, se lograría una cosa segura: que Pyongyang no disponga de materias primas para fabricar nuevas bombas.

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