25 de abril de 2016 20:13

Portoviejo siente con fuerza las secuelas del terremoto

El centro de Portoviejo, manabí, es resguardado por Policias y Militares. En la calle 9 de Octubre varias personas esperan el salvoconducto para retirar sus objetos personales de las casas. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

El centro de Portoviejo, manabí, es resguardado por Policias y Militares. En la calle 9 de Octubre varias personas esperan el salvoconducto para retirar sus objetos personales de las casas. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Geovanny Tipanluisa

12 camiones llenos de militares. Soldados patrullando las calles. Tractores derrumbando lo que queda de las casas. Así comenzó esta semana Portoviejo, una de las zonas manabitas afectadas por el terremoto del 16 de abril del 2016.

Al entrar a este sector, las secuelas del movimiento telúrico empiezan a aparecer poco a poco. En una pequeña casa levantada con madera viven tres hermanas: Filina, Isabela y Blanca Mendoza.

La menor tiene 70 años y la mayor 85. Las tres se quedaron si su casa posterior. Todo está en el piso y ahora pasan en otra habitación cuarteada.

"Fue feísimo como temblaba la tierra. No pudimos hacer nada, porque a nuestra edad ya no podemos ni movernos", dice Isabela, la mayor de todas.

Ellas viven en la entrada a Portoviejo, por donde van y vienen carros militares y policiales. El capitán Gregorio Peña está al frente del operativo militar que traslada las ayudas. Llegaron del centro país apenas se produjo el terremoto. "Hemos venido a ayudar a nuestros hermanos que fueron afectados", dice.

Más adelante, en uno de los cuarteles policiales, decenas de personas aparecen debajo de tres carpas. Son clientes del banco Pichincha que abrió una unidad móvil para atender a los usuarios.

Javier Morán asegura que desde el sismo no pudo sacar dinero para comprar las medicinas que necesita su esposa. Ella sufre convulsiones, pero por falta de dinero no pudo adquirir los fármacos.

"Apenas me enteré que estaban atendiendo aquí me vine corriendo para sacar el dinero", cuenta. "Ahora tengo que comprar de urgencia más pastillas".

Otros clientes cuentan algo parecido. Daniela Vega había recibido la quincena de abril, que cayó viernes. Decidió retirar el dinero el domingo, pero el sábado se produjo el terremoto y todos los servicios quedaron cerrados.

El ajetreo es más fuerte en el centro de Portoviejo. Gigantes tractores botan parte de las casas que quedaron. La gente solo ve cómo se destruyen las viviendas.

Unos vecinos están acostados en el piso. Otros pasan sobre sillas de plásticos. Unos están solos. Otros permanecen con toda la familia.

En la calle 9 de Octubre lo único que se ve es polvo. Las casas se caen poco a poco por presión de la maquinaria.

Los policías vigilan ese lugar. "Al inicio hubo intentos de saqueo", recuerda un aspirante a policía que llegó de Quito.

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