8 de August de 2010 00:00

Santos entregó los discos de R. Reyes

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Santiago Zeas B.

Los presidentes Rafael Correa y Juan Manuel Santos dejaron ayer en claro que están dispuestos a normalizar de forma plena las relaciones entre Ecuador y Colombia.

La Casa de Nariño fue el escenario de su primer encuentro cara a cara, que se constituyó en un segundo aire de los contactos bilaterales, suspendidos desde mayo pasado por la campaña presidencial colombiana.

Santos tuvo la deferencia de que la reunión con Correa fuese su primera actividad oficial como presidente en funciones. Apenas recibió el saludo protocolar de los 17 jefes de estado que asistieron a su ceremonia de posesión, el flamante gobernante se dirigió a uno de los salones de la Casa de Gobierno para recibir a su par ecuatoriano.

Aún con la banda presidencial en su pecho y con sus ministros esperando por su posesión formal en un salón contiguo, Santos conversó durante 20 minutos con el Mandatario ecuatoriano.

Ese fue un gesto valorado por Correa, quien rescató que en el día mismo de su posesión el flamante mandatario haya priorizado el contacto directo.

Aunque la entrevista fue privada, se conoció que ambos presidentes reiteraron su disposición de avanzar en el diálogo entre sus gobiernos y, así, dar un nuevo impulso al proceso. Si bien durante su encuentro expresaron su deseo de mirar hacia el futuro, también dejaron sentado sus peticiones para ir hacia el restablecimiento efectivo de relaciones bilaterales.

En el caso ecuatoriano, Correa reiteró la necesidad de que Colombia incremente su presencia en la frontera común, entregue los ordenadores del abatido jefe guerrillero Raúl Reyes y comparta la información del ataque a la base de las FARC en las selvas ecuatorianas.

Ante esos pedidos, el Santos le entregó los discos duros de los computadores de Reyes y se comprometió en entregar hasta el viernes en facilitar la información del ataque a Angostura.

Por todo ello, al concluir la cita bilateral, Correa se mostró optimista por la consolidación del proceso de acercamiento.

Mientras que del lado colombiano la principal solicitud fue que la Justicia ecuatoriana archive el proceso judicial contra los funcionarios colombianos que participaron en el ataque de Angostura. Entre ellos figura el propio Santos, quien por entonces dirigía el Ministerio de Defensa, así como el jefe de la Policía, general Óscar Naranjo.

Ante ello, el presidente Correa más flexible reiteró que no puede intervenir en la Función Judicial, pero le dijo a su homólogo colombiano que puede ir cuando desee a Quito. Entre otras razones, porque su inmunidad como Jefe de Estado lo protege ante cualquier decisión judicial ecuatoriana.

Como resultado de la reunión, que se desarrolló de forma fluida y en un ambiente de amabilidad, ambos mandatarios instruyeron a sus cancilleres que aceleren el proceso de acercamiento y resolución de diferencias.

En ese marco será determinante la reunión que el mediodía de hoy sostendrán ambos funcionarios en el Palacio de San Carlos, sede de la diplomacia colombiana. Pero el intercambio de gestos entre ambos mandatarios empezó desde el inicio de la jornada.

Hacia las 10:50, el Jefe de Estado caminó por primera vez por la pista de la base aérea de Catam (ver breves). En medio de la expectativa de periodistas locales y extranjeros, brindó una breve declaración, en la que deseó “suerte” y ofreció “apoyo” a la nueva administración colombiana.

“Un abrazo fraternal de esa patria hermana, amiga, el Ecuador. Muchísima suerte, muchísima suerte, hermanas y hermanos colombianos, en este nuevo periodo de gobierno”. Esas fueron las primeras palabras de Correa, quien en principio debía ser recibido por el Canciller colombiano, pero que finalmente fue acompañado por Camilo Ruiz, delegado para América Latina de la Cancillería colombiana.

Antes de tomar juramento, el Presidente colombiano se acercó a Correa para saludarlo y agradecerle su presencia. Y ya finalizado el ceremonial, el Presidente ingresó a la Casa de Nariño para cumplir con la tradición colombiana de felicitar al nuevo gobernante, con quien por segunda vez se apretaron sus manos. La tercera fue en los salones del Palacio, donde definitivamente rompieron el hielo.

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