12 de May de 2010 00:00

Las peripecias de los viajeros para sortear el bloqueo vial

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Nancy Verdezoto.

Gonzalo Guerra caminaba lento, con un mochila verde en su hombro. Estaba cansado por el fuerte sol y las dos horas de recorrido a pie. Él es un artesano y debía llegar a Ambato para trabajar. Contó que salió desde su casa en Otavalo a las 08:00 y luego de tres horas había avanzado pocos kilómetros, hasta el sector de El Cajas, en el límite entre Imbabura y Pichincha, donde descansó.

A pesar del esfuerzo, comprendía la importancia de proteger el agua. Incluso justificaba el bloqueo de la carretera y el trajín de su viaje. El bus en el que viajaba se desvió en Eugenio Espejo, para esquivar una protesta y logró llegar hasta San Pablo. Apenas recorrió tres kilómetros. Desde ese lugar tuvo que caminar hasta El Cajas, que son 10 kilómetros. Allí esperaba conseguir un bus que lo conecte con Quito y luego con Ambato. “Tenía que haber llegado a mi trabajo a las 14:00, pero me demoraré unas seis horas más. Espero que sean compresivos, no es mi culpa”, contó preocupado. Al igual que él, cientos de personas afrontaron el mismo problema. Un grupo de turistas australianos se quedó atrapado. Ellos iban a visitar el lago San Pablo y a la laguna de Cuicocha. Steve Wilson, uno de los extranjeros, se bajó del bus para curiosear. Para ellos, el tema del agua también es vital, pues en Australia cada galón es indispensable y no se desperdicia. “En mi país hay una autoridad que tiene todo el control del agua, porque no hay mucha y hay que saber distribuirla”. Para él, el bloqueo le daba un encanto extra al paseo. “Esto no es común en mi país. Es una experiencia”. Pero no todos tomaron con humor la protesta. David Sánchez, un mecánico que trabaja en la zona de Guachalá, estaba molesto porque debía entregar una “obra” en la noche y todavía no podía llegar a su taller. Viajó a Cayambe, a unos 30 minutos de Guachalá, para comprar un perno que necesitaba para reparar un vehículo. Cuando regresaba con la pieza, a la altura del puente sobre el río Pisque, se topó con un grupo de indígenas que protestaban. A unos 50 metros del puente decidieron bloquear el paso, dejando piedras y rocas. Luego de hacerlo regresaron a Guachalá. “Es el colmo que hagan estas cosas. Cada vez vamos para atrás como país”, se quejaba. Para él, estas protestas solo perjudican a las personas que trabajan. “Por una cosa de 40 centavos tengo que aguantar el cierre de la vía”. Con alivio miró la llegada de policías que escoltaban un tractor. El vehículo retiró las piedras de la vía. Sánchez ayudaba con lo que podía. Cuando se habilitó el paso fue uno de los primeros en cruzar. “Solo trabajando podremos salir adelante como país”.

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