6 de March de 2012 00:01

Julio Andrade, la memoria del general está viva un siglo después de su muerte

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Con una ceremonia, en el parque quiteño que lleva su nombre, familiares, políticos, historiadores y autoridades municipales, recordarán los cien años de la muerte del general Julio Andrade. El suyo es uno de los nombres imprescindibles a la hora de estudiar la historia de la Revolución Liberal.

El encuentro se realiza hoy desde las 10:30. En el parque Julio Andrade, ubicado en la avenida 10 de Agosto y Veintemilla (centro norte de Quito), se realizará un homenaje donde el historiador Jorge Núñez pronunciará el discurso central resaltando lo más importante del legado de este militar y diplomático.

No es una simple coincidencia que Julio Andrade haya muerto el 5 de marzo del 1912. Es decir, 37 días después del apresamiento y arrastre del general Eloy Alfaro y sus tenientes en Quito.

Según el historiador Enrique Ayala Mora, los días inmediatos al victimación del Viejo Luchador el ambiente tenso en el Ecuador continuaba. El encargado del poder, Carlos Freile Zaldumbide, cuyo gobierno fue señalado, en 1919, como el principal responsable del crimen de El Ejido, no podía mantener ni la paz social ni la calma política, a pesar de que se avecinaba un proceso electoral.

Los generales Andrade y Leonidas Plaza Gutiérrez eran las figuras predominantes en ese momento político. Ambos, desde su liderazgo en el Ejército Nacional, combatieron a los insurrectos encabezados por Pedro J. Montero y Flavio Alfaro, quienes pretendieron tumbar al gobierno a finales de 1911, protagonizando una guerra civil que por sangrienta levantó el descontento popular y la crítica de los sectores influyentes.

Precisamente, Eloy Alfaro regresó de su exilio en Panamá para, en calidad de ‘mediador’, buscar la paz interna. Pero su viaje terminó en la cruenta masacre.

Plaza representaba el ala más moderada del liberalisimo, proclive a los acercamientos con grupos aristocráticos en la negociación política, pero determinante al momento de mantener el proyecto de un Estado laico y central, tal y como había comenzado con la revolución en 1895.

Julio Andrade había pertenecido a esa ala, sobre todo e n la parte final del alfarismo, pues se convirtió en uno de sus duros críticos. Para 1912, este general se había distanciado de Plaza, y sus partidarios lo propusieron con candidato a la Presidencia. Sus dotes de buen militar, hombre capaz y abierto al diálogo eran sus credenciales, dice Ayala Mora.

Pero el liberalismo se encontraba dividido entre él y Plaza. Al punto que el 5 de marzo de ese año, el mismo día de la muerte de Andrade, hubo una fuerte discusión entre los dos por la forma en la que se conducía el Ejército.

En la cita estuvo Freile Zaldumbide, quien nombró a Andrade ministro de Instrucción Pública. Según Ayala Mora, al día siguiente, el General tenía previsto desituir a Plaza de su cargo de Comandante del Ejército, que se habían alterado políticamente.

Pero casi a medianoche, en la Intendencia de Policía, donde Andrade decidió despachar, se oyó un disparo que segó su vida.

Núñez sostiene que el placismo es el responsable de su muerte. Aunque sobre esta hipótesis no se ha dicho la última palabra. Cabe recordar que Plaza resultó electo ese año, Presidente.

Núñez asegura que ambos generales mantuvieron una cercanía ideológica, pero que las manos de Andrade “no estuvieron manchadas de sangre”. En su disertación de hoy, por ejemplo, recordará el importante papel que cumplió como Embajador de Alfaro en Bogotá. Andrade -señala- entendió la pretensión que Colombia y Perú tuvieron en 1830 al firmar el Tratado Pedemonte Mosquera, para repartirse los territorios de Ecuador. Sobre el análisis de documentos secretos impulsó una serie de negociaciones soberanas para defender la soberanía territorial. El historiador además advierte que el talento militar de Andrade fue superior al de Plaza Gutiérrez.

Sobre la vida de este liberal también se prepara un libro. La publicación se realizará este año y es el producto del trabajo de siete prestigiosos historiadores ecuatorianos contemporáneos. En la investigación -financiada por el Instituto Metropolitano de Patrimonio, ex Fonsal- se recopiló una gran cantidad de información y documentos (entre los cuales se incluyen fotografías), e incluso pertenencias del General.

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