3 de April de 2012 18:48

Cumpleaños adelantado, con pastel y caldo de manguera

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Son las 12:30 y la mesa ya está servida. Bajo un galpón de techo metálico, hambrientos comensales degustan sus platos a un ritmo frenético, sin levantar la mirada. No es para menos, hoy hay un menú especial para los 300 obreros que construyen las nuevas viviendas fiscales para la Policía. El proyecto de USD 9,6 millones albergará, ya terminado, a 320 policías y sus familias.

La oferta es caldo de manguera como entrada y, como plato fuerte, filete de pollo asado con ensalada de fideo. El menú es especial porque hoy el invitado a la mesa lo es. El presidente Rafael Correa arriba al estrecho espacio minutos después, empapado en sudor y en medio de un séquito de guardaespaldas y cámaras de la prensa oficial.

Parece desconocerlo, pero allí le espera una sorpresa. La constructora de la obra le ha organizado un cumpleaños adelantado. Correa, quien cumple 49 el próximo viernes, les ha reclamado a los organizados del festejo, poco antes, por el retraso en la entrega de la obra, ha reprendido a su ministro del Interior porque “tenemos que ir más rápido” y se ha solidarizado con los obreros que -según cuentan- son mal pagados.

Un pastel con forma de edificio, con un carrito policial como decorado, luce imponente al fondo del comedor. Hoy no hay seguidores con banderines de la lista 35, ni quienes griten “¡Reelección¡”, solo cansados obreros que, desganados, se suman a la ‘celebración’.

Los comensales se levantan para recibir al mandatario y felicitarlo junto al pastel. Unos pocos se aseguran una foto con el ‘Presi’. Otro de ellos, el más ‘pilas’ lo alienta a ‘morder’ la torta. Correa se niega cortésmente. El chef, un hombre regordete, corta un trozo y se lo ofrece. “Que lo pruebe primero el Ministro de Seguridad”, bromea el homenajeado. La reportera de un programa de variedades, cuyo canal también le ha traído un pastel, se ofrece para probarlo. Correa duda, sonríe, observa a sus acompañantes y finalmente, tras mucha insistencia, se decide a pagarle un mordisco.

El mandatario se sienta a la larga mesa con el resto de comensales, se sirve el mismo potaje del resto, y el festejo sigue, en privado. La prensa observa detrás de la muralla de guardaespaldas. Para la prensa también hay pastel, y agua embotellada para sofocar el calor.

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