13 de January de 2011 00:00

¿Consulta para legitimar qué?

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El asambleísta Rolando Panchana ya se adelantó a victimizar a la consulta popular, al afirmar que se está conspirando contra un mecanismo legítimo de consulta directa. Nadie discute la legitimidad del mecanismo, aunque extraña que quienes la defienden satanicen, en cambio, otros arbitrios también legítimos como la revocatoria.

Pero el debate sobre la consulta no se centra en su legitimidad sino en su utilidad y en su pertinencia, y hasta en su utilización política. Veamos algunos antecedentes:

Debiera llamar la atención que en la consulta se incluyan aspectos que ya fueron establecidos en la Constitución refundacional y/o legislados, como la caducidad de la prisión preventiva, las medidas cautelares para delitos graves y la estructuración del Consejo Nacional de la Judicatura.

Se podría decir que errar es de humanos, y no estaría mal que el Gobierno enmendara en temas cruciales como la rebaja de penas, la “ciudadanía universal”, el derecho a la resistencia, los cambios en la Fuerza Pública, la consulta prelegislativa, los tratados internacionales y hasta el lío creado a los ecuatorianos que viven en España cuyos hijos no pueden ser considerados españoles de nacimiento.

La lógica dice que la vía es la reforma constitucional y legal, que daría el espacio debido a la Asamblea Nacional y permitiría que otras instituciones den su aporte y se comprometan a sostener los cambios en el tiempo. Pero pensar en esa vía es pensar en lo imposible, pues de lo que se trata es de un hecho político que, paradójicamente, es leído por el presidente Correa como un asunto de legitimación. ¿Legitimación de qué, cuando tiene popularidad y poder al final de cuatro años y tiene por delante dos y medio más?

Nada garantiza que los resultados se traduzcan en soluciones prácticas a problemas que están rebasando al Gobierno como la inseguridad, de modo que la consulta, a más de contradictoria, podría ser inútil. Y, lo más importante, desde ahora cumple un papel distractor de los problemas reales, al punto que ya se habla de conspiración y se arma revuelo cuando ni siquiera se concretan las preguntas.

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