14 de June de 2013 20:45

Un año de encierro, las posibles consecuencias en Assange

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En la calle Hans Crescent, a escasos metros del conocido y gigante almacén Harrods, en pleno centro de Londres, vive Julián Assange.

Hace un año el fundador de WikiLeaks llegó a la Embajada de Ecuador, ubicada en el primer piso de un edificio en el lujoso barrio de Knightsbridge.

Desde entonces su vida ha transcurrido al interior de las instalaciones de la Embajada, que cuenta con ocho habitaciones y está resguardada por al menos 20 policías británicos, según datos de la agencia EFE.

Al periodista australiano se le asignó uno de estos ocho cuartos, con un espacio de aproximadamente 20 metros cuadrados, que utiliza para dormir y una parte como despacho.

Salvo por las dos o tres reuniones diarias que Assange mantiene con representantes del Gobierno de Ecuador, pasa la mayor parte del tiempo trabajando en su improvisada ‘oficina’.

Sin embargo, a pesar de esta evidencia de aislamiento, mantiene una relación humana y cordial con los ocho empleados que forman parte del staff de la delegación ecuatoriana, según comentarios receptados por EFE.

Las condiciones bajo las cuales ha estado viviendo Julián Assange podrían considerarse normales y ciertamente ‘cómodas’, salvo por una circunstancia: por ningún motivo puede atravesar la puerta de la Embajada y salir y mucho menos cruzarla la calle para, por ejemplo, dar un paseo por el cercano Harrods. Claro, si lo hace sería arrestado y posiblemente extraditado a Suecia.

El fundador de WikiLeaks está confinado a un aislamiento indefinido y ya ha permanecido encerrado por el lapso de un año. No es de extrañar que por un confinamiento de este tipo llegue a presentar, si es que no se han evidenciado aún, alteraciones psicológicas.

Lo que el encierro implica para Assange se resume en ciertas declaraciones de Ricardo Patiño, publicadas en el portal Terra. El canciller manifestó que "(Assange) está coartado su derecho a la intimidad, su derecho a la movilidad, a una vida regular, a la salud".

Para la psicóloga Rocío Cabezas, la reclusión por la que atraviesa el australiano se traduce en una presión interna adicional para el individuo, que en cualquier momento puede ocasionar un desborde de emociones.

En tal medida, el primer aspecto que se ve afectado por las emociones internas de una persona, es el estado anímico, que está a su vez relacionado con ciertas respuesta fisiológicas.

Estas afirmaciones de la experta significan que el permanecer tanto tiempo en un mismo lugar, sin la posibilidad de movilizarse fuera de un perímetro establecido, provoca variaciones en las emociones que Assange percibe internamente y que pueden desembocar en respuestas fisiológicas como la pérdida o el exceso de apetito.

Un ejemplo del desgaste emocional que el encierro puede producir en un ser humano es la situación por la que atravesó el ex mandatario de Panamá, Manuel Antonio Noriega, en diciembre de 1989 cuando se refugió en la embajada del Vaticano en su país tras la invasión de Estados Unidos.

El ex presidente aguantó apenas 11 días en las instalaciones de la Nunciatura Apostólica, como consta en un artículo publicado en BBC Mundo. Sumado al aislamiento al que estaba confinado, los soldados que se encontraban en las afueras del edificio, hicieron sonar rock a todo volumen (género por el que Noriega no sentía ningún aprecio) como método de intimidación.

Por su parte, Assange, resultó tener una capacidad de hierro para manejar y controlar sus emociones, frente a la adversidad.

Durante los primeros meses en calidad de refugiado, tuvo un estado de ánimo invariable, dentro de los estándares y según información de la agencia EFE dio “muestras férreas de discreción y un carácter frío”.

Varios meses después, en marzo de 2013, Fander Falconí, Secretario Nacional de Planificación y Desarrollo de Ecuador visitó a Assange en la Embajada. Al respecto Falconí expresó que el fundador de Wikileaks estaba con ‘buen ánimo’ y su estado de salud era favorable.

El tiempo que transcurre hasta que las afectaciones por el encierro se vuelven visibles, depende del temperamento, la personalidad y la sensibilidad del individuo, afirman Cabezas y el psicólogo Napoleón Vázquez.

Adicionalmente, se debe considerar que no todos tienen la misma fortaleza interior. Para la psicóloga, posiciones como en la que se encuentra Assange “evidencian cómo es nuestra fuerza interna, nuestra capacidad de resistencia y de poder mantenernos en situaciones, sin tener un impacto mayor”.

Entre tanto, el psicólogo Napoleón Vázquez percibe tres traumas que desembocan del estado de encierro: el miedo al aislamiento, la introversión y la aversión al confinamiento.

No obstante, cuando llega el momento en que el sujeto se ve en libertad, en ciertos casos pudiera presentarse el hecho de que la persona busque constantemente nuevas situaciones de aislamiento. Entonces empieza una lucha por alcanzar una readaptación social y ambiental.

Vázquez establece además, que la reclusión “quiera o no va a afectar a la autoestima de la persona”, y por lo tanto a sus relaciones interpersonales.

Con todo, el psicólogo añade que los efectos son reversibles, siempre y cuando el sujeto se someta a un tratamiento y reciba apoyo psicológico. Sin una ayuda profesional, las consecuencias serían pérdidas de control en el carácter y desarrollo de estados nerviosos.

Al rememorar algunos casos emblemáticos de personajes que se han refugiado por un largo período de tiempo en instituciones diplomáticas, resalta el del fundador del partido Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), Víctor Raúl Haya de la Torre.

El político peruano permaneció asilado en la embajada de Colombia en Lima por cinco años. Durante este tiempo estuvo rodeado de libros, se dedicó a trabajar constantemente en sus ensayos, a alimentar a las palomas que acudían a su ventana y hasta adoptó a una perra como su mascota.

La situación del australiano, con respecto a la Haya de la Torre, varía en detalles pero no en esencia. Además de ocupar su tiempo en trabajar, como lo haría si no estuviera en reclusión, suele comer junto con los empleados de la embajada e inclusive en ciertas ocasiones vio acompañado de ellos las transmisiones de los Juegos Olímpicos.

Este tipo de acciones son las que Rocío Vázquez recomienda para sobrellevar el encierro, “leer, refugiarse en los libros y o en lecturas ayudan al individuo a trasladarse a otros escenarios”. Acota también que de esta manera la persona aprende a desarrollar un contacto más profundo y constructivo con uno mismo y evita un desgaste emocional mayor.

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