17 de May de 2011 18:14

‘Un acercamiento no implica que volvió la confianza Caracas-Bogotá-Quito’

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Entrevista a Arlene Tickner, analista y catedrática colombiana.

¿Cuál es la explicación a la postura conciliadora que ha tenido el presidente Juan Manuel Santos en relación con los gobiernos de Hugo Chávez y Rafael Correa?

Es importante diferenciar el caso ecuatoriano del venezolano. Las tensiones con cada uno de ellos se han manejado de forma distinta. Por eso no es sorpresivo el tono conciliador de Santos frente a Ecuador, país con el que hay un trabajo más adelantado. En ese punto lo que ha hecho es darle continuidad a ese proceso, satisfaciendo algunas de las exigencias del gobierno de Correa.

¿Y por qué razón decide cambiar de actitud frente a Venezuela?El tono conciliador de Santos y Chávez ha sido sorpresivo, pero no incomprensible. Por el lado del Presidente colombiano, la oferta de un diálogo le ha permitido marcar distancia frente al gobierno de Álvaro Uribe. Eso ha generado una lectura positiva (hacia Santos) no solo de la región sino de otras partes del mundo, que ayuda a posicionarlo como un presidente con un estilo y posturas distintas a las de su antecesor.

¿Qué pasa con el caso de Hugo Chávez?

Hay dos factores que explican el cambio de tono. Por un lado la crisis económica interna y las elecciones de septiembre, que son una apuesta muy importante en la posibilidad de profundizar su revolución. Por otro lado ha recibido presiones significativas por parte de distintos líderes de la región, en aras de superar la crisis con Colombia, sobre todo la constante influencia de Fidel Castro. Tener un conflicto con Colombia no le resulta rentable políticamente en esta coyuntura. Por eso lo beneficia adoptar otra postura frente a Santos, con quien ha tenido un paso conflictivo, pero que no es Álvaro Uribe, con quien existía un claro antagonismo personal. Tener a Uribe fuera del escenario abre la puerta para el acercamiento.

En este escenario, ¿la política exterior de Uribe tenía la mayor cuota de responsabilidad en el deterioro de relaciones con Quito y Caracas?

Es un problema de lado y lado. Pero sin duda las posturas intransigentes del gobierno de Uribe dificultaron muchísimo la posibilidad de un acercamiento con Correa y Chávez. En el caso del Ecuador se observa que se dio un paso positivo solo en el momento de despersonalizar el manejo de la crisis bilateral y de acordar tiempos y objetivos manejados institucionalmente por las cancillerías. Entonces, solo cuando Uribe estuvo sin utilizar el micrófono para expresar sus descontentos frente al Ecuador permitió encaminar un proceso de normalización de la relación. Mientras que en el caso venezolano el rencor personal hacia Chávez fue un obstáculo casi insalvable.

Entonces, ¿la figura de Uribe y su manejo diplomático son perdedores en esta nueva etapa de relaciones entre Venezuela y Colombia?

Ese puede ser el resultado de todo esto. No creo que haya sido su intención ni la de Santos, pero al tomar la decisión de sacarse el clavo de Chávez al final de su gobierno, terminó perdiendo en las relaciones con la vecindad. Ahora, al tomar Chávez la posición pública y explícita de no permitir que las guerrillas estén en Venezuela, se puede también decir que toda la pataleta de Uribe antes de dejar la Presidencia surtió algún tipo de efecto. Con ello, no queda tan mal.

Con las últimas movidas diplomáticas de Santos frente a Correa y Chávez, ¿su imagen se convierte en más amigable con la región, en comparación con la figura de Uribe?

Sin duda. Ese fue uno de los efectos no esperados en la mente de Uribe, tras su decisión de denunciar a Venezuela ante la OEA. Se generó una imagen de Santos 180° distinta a la de su antecesor. Pero hay que recordar que fue el Presidente colombiano quien en su calidad de Ministro de Defensa orquestó el bombardeo al campamento de Raúl Reyes y tuvo pronunciamientos muy fuertes frente a Chávez. Y que, en lo ideológico, sigue siendo similar a Uribe. Aunque en el estilo sí hay un cambio, cuando se observa una mayor autoridad en la figura de la Cancillería y un mayor profesionalismo en la diplomacia. Esa percepción queda en la región.

¿Los problemas estructurales entre ambos países siguen activos?

El problema con Venezuela no se va a resolver con la entrega de unos discos duros ni la entrega de información del bombardeo como en el caso de Ecuador. Se tratan ya de diferencias profundas sobre temas que afectan a una frontera grande y compleja.

¿Cómo cambia la geopolítica de la región tras el acercamiento de Colombia a Ecuador y a Venezuela?

El hecho de que haya un acercamiento y una relativa normalización no significa que se haya restaurado la confianza entre los tres gobiernos. Quizá lo que se ha logrado es que la zona andina deje de ser un punto de tensión en Sudamérica en términos de seguridad y de posibilidades de conflicto. Pero no veo que vaya a cambiar mucho el escenario sudamericano, más allá de eliminar una de las fuentes de tensión que en foros como Unasur se constituía en un obstáculo para mayores relaciones de cooperación y concertación entre sus miembros.

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