9 de abril de 2015 20:59

Policía busca pistas sobre 8 cuerpos abandonados

Oculto entre matorrales, los policías hallaron el cuerpo de Juan Calos V., en Los Chillos. Foto: Jenny  Navarro / EL COMERCIO

Oculto entre matorrales, los policías hallaron el cuerpo de Juan Calos V., en Los Chillos. Foto: Jenny Navarro / EL COMERCIO

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Sara Ortiz

Los comentarios sobre un crimen recorren aún las polvorientas calles de la Ciudadela Hospitalaria. El hallazgo del cadáver de un joven desconocido alteró la calma del valle de Los Chillos, en las afueras de Quito.

El cuerpo desnudo, excepto por un calcetín, fue encontrado el domingo pasado por un vecino. Estaba oculto entre la hierba y arbustos pequeños, en una calle sin iluminación; rodeada de terrenos baldíos y construcciones inconclusas.

Ese asesinato tiene las mismas características que otros siete anteriores sucedidos en 35 días: a las víctimas las abandonaron en zonas poco pobladas, en lugares accesibles, pero rodeados de terrenos baldíos.

Tras este fenómeno no se oculta un asesino en serie ni todos son obra de una banda delictiva. Así constan en expedientes judiciales de tres casos en los que ya hay detenidos. La hipótesis de la Fiscalía es feminicidio, riñas y robos violentos.

La Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida (Dinased) lleva la investigación de estos homicidios. “Cada uno de estos hechos es una historia diferente”, sostiene un agente que prefiere no ser identificado.

Detalla que las características de la muere de un quiteño ocurrida el 28 de marzo delatan, por ejemplo, una aparente modalidad delictiva. Su cuerpo fue abandonado en un parque, tenía golpes y cortes. Su vehículo fue encontrado en Machachi (Pichincha). Estaba desmantelado.

La causa de su muerte fue una laceración en el pulmón debido a un arma blanca. Nadie vio algo extraño esa madrugada.

Una de las razones por las cuales los sospechosos buscan lugares apartados es para no dejar testigos, pero también este comportamiento responde a los cambios que Quito ha tenido en temas de seguridad.

Eduardo Jarrín, experto en seguridad, dice que el aumento de cámaras de video vigilancia, la mayor cantidad de luminarias en parques y los controles policiales en vías periféricas obligan a los autores de estos hechos a buscar zonas despobladas, sin presencia policial.

En el 2012, las zonas despobladas de la urbe fueron escenas de crímenes. En ese año se reportaron más homicidios que en los últimos cuatro. Solo en junio de ese año se dieron 25 asesinatos. A 19 víctimas las dejaron en zonas deshabitadas como El Troje, Simón Bolívar. Ahora allí hay cámaras de vigilancia y fotorradares.

El cadáver hallado en la Ciudadela Hospitalaria fue identificado como Juan Carlos V., de 32 años. Su muerte se dio luego de una discusión con un amigo. Según la Policía, mientras bebían se desató una riña. Así, Juan Carlos terminó con un corte profundo en el cuello. Los agentes descubrieron que sobre un camino lastrado había rastros de sangre casi imperceptibles. La estela roja terminaba en un departamento, a solo 100 metros del cadáver.

La dueña de esa casa es una mujer de 80 años que no ha podido dormir desde que se enteró que en uno de los departamentos que arrienda sucedió un crimen. Aún en el patio hay pequeñas manchas de sangre que su inquilina trató de borrar con detergente y cloro.

Ahora, la arrendataria está detenida, junto con su padre, quien también posiblemente la ayudó. Además, su hermano es sospechoso, pero está prófugo.

En donde también se halló un responsable fue en la muerte de Nicole M., de 17 años. La Dinased arrestó a su novio, acusado de haberla asesinado supuestamente por celos y haberla dejado en la quebrada Calicanto, en Quitumbe, el 3 de marzo. El crimen de Nancy del Pilar L., de 49 años, se catalogó como un feminicidio.

Su ex pareja está en prisión luego de que en su vivienda se hallaran prendas de la víctima manchadas de sangre. Ella también fue arrojada en un terreno baldío.

Entre los casos que aún faltan por resolver está la muerte de Yanielis M., una joven cubana de 26 años que trabajaba en un restaurante, en el norte. Su cuerpo, casi desnudo, fue arrojado en una zona casi deshabitada, en Chilibulo. Esto sucedió el 31 de marzo, a kilómetros de su casa, alrededor de su cuello había unos cordones que pudieron servir para estrangularla, según policías. Ahora su tía busca la forma de reunir USD 5 000 para repatriarla a Cuba.

En contexto

El 2014, Quito se ubicó como la cuarta capital con la tasa más baja de homicidios de Latinoamérica: 5,7 por cada 100 000 habitantes. En las últimas semanas se han reportado ocho cuerpos abandonados. Uno de ellos fue el de dos jóvenes en la Reserva del Pululahua.

La ubicación de los hallazgos dentro de la ciudad
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