8 de enero de 2015 23:33

La policía estrecha cerco a sospechosos de cruento ataque

Varias personas dejan flores y encienden velas como homenaje a las víctimas del ataque de ayer a la sede del semanario satírico Charlie Hebdo  en París, Francia, hoy, jueves 8 de enero de 2015. Foto: EFE

Varias personas dejan flores y encienden velas como homenaje a las víctimas del ataque de ayer a la sede del semanario satírico Charlie Hebdo en París, Francia, hoy, jueves 8 de enero de 2015. Foto: EFE

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Redacción Mundo Con EFE, DPA y AFP (I)

Francia lanzó ayer una operación sin precedentes en busca de los hermanos Kouachi, sospechosos de haber perpetrado la masacre en el semanario Charlie Hebdo. Una movilización que, sin embargo, no evitó que el terrorismo se cobrase una nueva víctima mortal, una policía municipal tiroteada en el sur de París.

Todavía en estado de shock por el asesinato de 12 personas en el ataque contra la revista satírica, los franceses tratan de recomponerse y, sobre todo, de acabar lo antes posible con la amenaza de los terroristas que continúan sueltos.

Entre las 12 víctimas del ataque al semanario fundado en 1970 y que se hizo famoso por su humor irreverente, figuran cinco dibujantes, Charb, de 47 años, Wolinski (80), Cabu (76), Tignous (57), Philippe Honoré (73), así como otros colaboradores incluyendo el economista francés Bernard Maris, hijo de republicanos españoles refugiados en Francia.

Said y Chérif Kouachi (de 34 y 32 años), acusados por el Ministerio del Interior de ser los autores del peor atentado en suelo francés en medio siglo, fueron identificados ayer en una gasolinera que asaltaron en las proximidades de Villers Cotterts, en la región de Picardía, al noreste de París.

Los hermanos fueron vistos ayer por la mañana cuando iban a bordo de un coche Clio gris con armas de guerra.

Las fuerzas de seguridad extendieron el nivel de alerta máxima a esa región, y centraron allí su búsqueda, apoyadas por militares y desde el aire por helicópteros. El hermano menor, Chérif, ya fue condenado en 2008 a tres años de cárcel por participar en una red de envío de combatientes yihadistas a Iraq para Al Qaeda.

Mientras que su hermano Said pasaba inadvertido. Ambos estuvieron bajo el cuidado de los servicios sociales entre 1994 y 2000 en un centro educativo del centro de Francia.

Sobre Chérif también pesaba la sospecha sobre todo de ser un allegado de otra figura del Islam radical francés, Djamel Beghal, que purgó diez años de cárcel por preparar atentados. Chérif Kouachi era sospechoso de participar en entrenamientos con Djamel Beghal.

No obstante, aunque tanto Chérif como Said habían sido vigilados por los servicios secretos, “no había elementos que apuntaran a la inminencia de un atentado”, según el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve.

Más de 88 000 efectivos han sido movilizados en todo el país, anunció Cazeneuve. Afirmó que nueve personas han sido detenidas hasta ahora en relación con el caso. Se trata de allegados de Said y Chérif. Un joven de 18 años, de nombre Hamyd Mourad, sospechoso de complicidad, se entregó a la policía la noche del miércoles.

Pero la condición de islamista de este presunto cómplice fue puesta en duda ayer por los testimonios de vecinos y compañeros de clase, que aseguraron que Mourad estuvo en el instituto secundario en el que estudia “toda la mañana” del miércoles, y que “no tiene nada que ver” con los fundamentalistas musulmanes.

Un nuevo ataque

Cuando los franceses todavía lloraban a sus muertos del semanario Charlie Hebdo, el terrorismo volvió a hacerse presente con el asesinato de una policía municipal tiroteada ayer por un desconocido que portaba un chaleco antibalas, cerca de la Puerta de Chtillon, en el sur de París. Otro hombre fue gravemente herido.

Aunque Cazeneuve insistió en que todavía no se ha hallado ningún vínculo entre la masacre del miércoles y el atentado de ayer, las autoridades sí lo han considerado como una “acción terrorista”. La jornada de luto nacional que debía servir para honrar la memoria de los caídos por la libertad de expresión acabó con una nueva muerte y la certeza de que un nuevo terrorista anda suelto y amenaza a los franceses.

El nuevo hecho de violencia de ayer no impidió que miles de personas volvieran a tomar las calles de Francia en honor de las víctimas de la masacre.

A mediodía de ayer, la nación guardó un minuto de silencio, solo roto por el tañido de las campanas de la catedral de Notre Dame. Ya de noche, otro emblema nacional, la Torre Eiffel, se unió al dolor apagando las luces que la iluminan.

Ante el desafío terrorista, el Gobierno convocó para el próximo domingo una cumbre que deberá reunir a los responsables del Interior de los países europeos más afectados, como España, y de EE.UU. También ese día se celebrará una manifestación que está llamada a encarnar la unidad de los franceses frente a los radicales que quieren acallar cualquier crítica a través de las armas.

Riesgo de islamofobia

Muchos franceses esperan un año difícil. La economía está empantanada, las reformas son controvertidas y los niveles de popularidad del presidente socialista, François Hollande, son más bajos que los de cualquiera de sus antecesores. A ello se suma que la integración de los extranjeros es muy complicada.

La relación entre musulmanes y no musulmanes es más tensa que nunca antes. En Francia viven cinco millones de musulmanes, muchos de ellos en los marginados suburbios. Allí casi la mitad de las personas está desempleada. La frustración lleva a los musulmanes más jóvenes a buscar alternativas.

Al parecer, ya son unos mil los jóvenes franceses los que se unieron a la milicia terrorista Estado Islámico. Observadores políticos temen ahora que el atentado profundice esta grieta en el país y refuerce los resentimientos hacia los musulmanes.

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