6 de junio de 2014 21:20

Dos pioneros de Diario Hoy evocan sus vivencias

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Byron Rodríguez Vásconez/Editor

Este día (7 de junio de 2014, Diario Hoy cumple 32 años de vida. Dos conocidos periodistas y escritores, Gonzalo Ortiz Crespo y Francisco Febres Cordero, El Pájaro, ofrecen sus testimonios de los comienzos del Diario y su desarrollo.

Testimonio de Gonzalo Ortiz Crespo

Gonzalo Ortiz Crespo

“Un domingo de junio de 1981 nos fuimos Jaime Mantilla y su familia - yo y la mía- al refugio del Cayambe.

A lo largo del viaje, el Gringo Mantilla me contó que había dejado diario EL COMERCIO y que se proponía crear un nuevo diario. Tenía ya constituida la compañía, comprado el terreno... ¡y quería que trabajase con él!.

Resistí todo lo que pude. Yo creía inviable el proyecto y argumenté que en Quito no había espacio para otro diario. Traté de distraerle con los guaguas, el hermoso nevado, el refugio, los glaciares, pero no hubo caso: Jaime seguía rácate-raca.
A la noche, cuando me dejaba en la casa (ambos vivíamos en Los Chillos), me había convencido.

La idea que me subyugó fue la de hacer un matutino que respondiera a la nueva época que vivía el país: un diario plural, en que tuvieran cabida todos los sectores políticos; un diario, como se diría hoy, incluyente, donde aparecieran también noticias sobre los obreros, los indios, los barrios; un diario que defendiera la libertad y la democracia, reconquistadas hacía menos de dos años.

El Gringo Mantilla soñaba en tener un accionariado tan plural que la Redacción no se viera sometida a intereses de nadie. Comenzó unos días después, a medio tiempo.

Fui el cuarto empleado del diario, cuyo nombre no lo decidiríamos hasta unos 10 meses más tarde. Esa utopía tardó solo un año en concretarse.

El precio del barril del petróleo estaba a más de USD 30, aunque declinaría sin parar en el Gobierno de Osvaldo Hurtado, mientas subía la deuda externa. 1982 era un año tremendo: el conflicto con el Perú, la muerte del popular presidente Roldós, y la crisis de la deuda, que no tardaría en estallar.

Pero Jaime Mantilla tenía la decisión y el empuje para concretar esa utopía. Fue uniendo gente, voluntades, capitales, y para diciembre del 81 empezamos a reclutar a los miembros de la Redacción.

Por las condiciones de la economía nacional decidimos que una de las revoluciones del diario sería dedicar las páginas 2 y 3 a la economía, algo que hasta entonces ningún diario lo había hecho, y que yo estaría a cargo. Tenía ya experiencia en prensa gráfica, en análisis socioeconómico e, incluso, en el sector público.
El diario daba mucha importancia al diseño y resolvimos que siempre habría un análisis con gráficos muy explicativos, en la página 2, y las noticias económicas en la 3.

Logré constituir un equipo extraordinario, escogiendo a los mejores estudiantes de Economía de la Universidad Católica (allí era Subdecano). El primer equipo estuvo conformado por Diego Palacios (que ha hecho una carrera en la ONU), Pepe Samaniego (que ha hecho una destacada carrera bancaria), Fidel Jaramillo (que fue ministro de Finanzas y hoy es representante del BID en el Perú), el mejor alumno de primero A, y la que luego sería su esposa María del Carmen Araujo, la mejor alumna de primero B.

Para el análisis social vino Felipe Burbano de Lara, estudiante de sociología de la PUCE (quien fue director del diario Hoy y es profesor de la FLACSO). Pero, además, de los analistas necesitábamos periodistas, y tuvimos algunos extraordinarios como Jeannette Vásquez (que luego sacó su PhD en literatura y es profesora titular en una universidad de EE.UU.).

El diario Hoy fue el primero en América Latina en hacerse íntegramente en computadora. Teníamos unas terminales que se llamaban "inteligentes" porque podían guardar la increíble cantidad de dos páginas A4 de texto, mientras el servidor central tenía lo que entonces parecía una capacidad de memoria muy grande, 4 gigas, lo que hoy tiene un Blackberry cualquiera. La edición luego se guardaba en floppy-discs.

Jaime Mantilla trajo a un diseñador estadounidense, quien hizo el machote, con mucha participación de todos nosotros, en especial Luis Ochoa que luego sería el jefe de diseño. Solo el diseño de la letra "o" del logotipo tomó como una semana. Jaime Pozo y Jaime Alfonso Paredes fueron también excelentes diseñadores que trabajaron desde el inicio.

El segundo día de publicación del diario se fue la luz, se encendió automáticamente el generador de emergencia (primera vez que veían que eso sucedía) y estabámos felices hasta que arrancó la rotativa: el generador se incendió y hubo que parar la prensa.
Por poco no salen ese día.

Convocaron a todos los ingenieros eléctricos amigos, e iluminaron la caseta del generador con los faros de los carros. Al fin, a la madrugada, el generador estaba listo, apagaron todo lo demás, cruzaron los dedos y arrancó la rotativa: ¡el diario salió de prensa cuando ya cantaban los gallos!

Otro recuerdo entre triste y feliz es el de la toma del diario por los guerrilleros de Alfaro Vive Carajo, que secuestraron a nuestros compañeros de prensa para obligar a imprimir una proclama y que el diario circulase con ese panfleto. Lo que nunca supieron es que el Gringo Mantilla fue tan vivo que distribuyó solo unos pocos centenares de ejemplares del diario con la proclama, en unos cuantos puntos estratégicos de Quito y los "alfaros" creyeron que toda la edición estaba circulando y soltaron a los rehenes. Entonces sacamos una segunda edición contando los hechos, pero sin decir nada de la estratagema. Creo que nadie lo ha contado hasta hoy: el Gringo fue más vivo que los del AVC.


El testimonio del Pájaro Febres Cordero

'Pájaro' Febres Cordero


“Fue una locura como para que descifren los astrólogos: el 7 de junio, bajo el signo de Géminis, confluyeron asteroides jóvenes y cometas casi púberes que fueron absorbidos por un agujero negro donde estaban el Gringo Mantilla, Benjamín Ortiz y Clemente Vallejo Larrea. Se produjo el big-ban y de allí¬ brotó todo, en orden y concierto. ¿Entiendes cómo? Francamente yo, hasta ahora, tampoco.

Todo anunciaba el fracaso a comienzos de los ochenta. Si esa situación envolvía lo externo, internamente nuestros salarios se redujeron al límite. Pero nada más que hacer lo que tení¬amos que hacer nos importaba: ¿idealismo?, ¿estupidez, ¿quijotería? Todo eso tal vez, más juventud y pasión. Sobre todo juventud y pasión.
Viendo las cosas en perspectiva, tampoco puede explicarse cómo la hicieron (la Sección Cultural), porque yo era entonces tan bruto como soy ahora. Tal vez lo que me sobraba era audacia, que suplí¬a mis carencias. Solo puedo contar que iba al diario el instante en que me despertaba (a veces a las tres, otras a las cuatro de la mañana) y regresaba a mi casa por la noche, exhausto. Y así y todo, era feliz.

Todos hací¬an todo. La Redacción era un hervidero (cuando las redacciones era tales y no los quirófanos asépticos en que se fueron convirtiendo), los géneros fluían con tanto desparpajo como las granputiadas y los reportajes volaban como el humo de los cien mil cigarillos que consumí¬amos frente a la pantalla de las computadoras que recién aprendí¬amos a manejar y que hicieron que Hoy naciera con una tecnología de punta.

El diario fue hecho a nuestra imagen y semejanza y lo que escribí¬amos revelaba nuestras personalidades, sin ningún pudor. Eso, probablemente, fue lo que hizo que los lectores nos siguieran.
En Hoy continué el aprendizaje de este oficio, que inicié en El Tiempo y terminé en El Universo. Digo terminé, pero es mentira: sigo aprendiendo, acertando y equivocándome, pero jugándome entero al decir lo que pienso. En el aspecto humano, la construcción de algunas amistades que perduran y de otras perdidas para siempre.

El diseñador se llamaba Rolf Reghe (o algo así¬). Era gringo, alemán o algo así, pero un genio que venía de diseñar y rediseñar los más grandes periódicos del mundo. El implantó el sistema modular, tan deslumbrante como las piernas de la panameña.
Yo lo único que quería era ser cronista policial. Y jodí¬a y jodí¬a con eso, hasta que Benjamín Ortiz, cansado, me cambió de fuente y me puso a órdenes de Marco Jurado, lúcido representante del género.

Eso coincidió con el apresamiento del violador y asesino Daniel Camargo Barbosa y fue mi estreno en el mundo del crimen. Pero también hice crónicas deportivas, taurinas, políticas y todo lo que se me pasaba por delante, menos económicas: tan bajo nunca caí¬, por suerte.

“(…). No somos supermanes y, peor, en tiempos en que Lex Luthor tiene en sus manos la criptonita verde. Vivimos en una época inquisitorial y hay que hacer lo que hicieron los nigromantes en los tiempos medievales para no ser llevadas a la hoguera: brujería. Así, con brujería, saldrán nuevas maneras de decir, de contar, de descifrar, de poner en evidencia tanto despotismo, tanta prepotencia, tanta trapacería.

Hay que ir inventando, poco a poco, la pócima mágica con la alquimia de nuestro verbo. Hay, de alguna manera, que reiventar la forma de hacer periodismo para burlar a los Torquemadas que, furiosos, intentan conducirnos al potro de torturas. Hay que aprender a ponernos serios ante tanta payasada y hay que reírnos de la tanta seriedad con que el autoritarismo pretende disfrazarse de democracia.

Para mí, el Hoy es un largo ayer. Pero, como lector, es también mañana esperanzadora y luminosa”.
 

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