19 de febrero de 2015 10:36

Los pesticidas amenazan los naranjos enanos de Vietnam

Los escándalos de seguridad alimentaria son frecuentes en este país, con productos que superan el nivel máximo autorizado de residuos de pesticidas. Foto: Hoang Dinh Nam/ AFP.

Los escándalos de seguridad alimentaria son frecuentes en este país, con productos que superan el nivel máximo autorizado de residuos de pesticidas. Foto: Hoang Dinh Nam/ AFP.

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Agencia AFP
Hanói

Para el año nuevo lunar, los vietnamitas compran un kumquat o naranjo enano, como símbolo de prosperidad, pero los tradicionales bocados confitados elaborados con los frutos de este arbusto están desapareciendo por miedo a la toxicidad de los pesticidas.

Los escándalos alimentarios en Vietnam no acaparan las portadas de los periódicos internacionales, pese a que el problema es similar al de China, de donde proceden los pesticidas.

“Hoy en día cada planta está cubierta de pesticidas. Incluso las verduras que compro en el mercado a diario”, lamenta Mac Thi Hoa, una profesora jubilada.

Para las fiestas del Tet, el nuevo año lunar, Hoa siempre compró un kumquat y hasta hace poco cocía con azúcar las pequeñas frutas anaranjadas del arbusto. Pero ahora dejó de hacerlo.

“Aunque los vendedores aseguran que no usan productos químicos en el árbol, no les creo”, reconoce esta mujer de 65 años, que se contenta con usarlo de decoración.

Los productores de kumquat alegan que deben vender árboles sin imperfecciones y asegurarse de que todos los frutos estén maduros para el año nuevo lunar ante la enorme demanda. Un desafío casi imposible -según ellos- sin el uso de insecticidas y abono.

“Los kumquats no serían bonitos” sin productos químicos, afirma Nguyen Thi Hang a la AFP, un agricultor que reconoce que desgraciadamente la fruta acaba siendo tóxica.

Si se come la fruta recogida del árbol “no es bueno para la salud”, afirma. Según ella, los consumidores deben esperar varias semanas y lavarla con esmero para intentar eliminar los residuos químicos.

Intoxicación química

Los expertos estiman que el caso de los kumquats ilustra el alcance de la contaminación química en Vietnam.

Un gran problema en un país exportador de arroz, café y marisco, y con planes para estimular la exportación de frutas y verduras, que ya aumentó un 36% en 2014, según cifras oficiales.

Los escándalos de seguridad alimentaria son frecuentes en este país, con productos que superan el nivel máximo autorizado de residuos de pesticidas. La prensa suele hacerse eco de conservantes prohibidos hallados en productos chinos importados.

El año pasado Vietnam se gastó más de USD 770 millones en la importación de pesticidas, según cifras oficiales, pero los expertos creen que es mucho más, teniendo en cuenta lo que entra ilegalmente de China.

Además un tercio de los agricultores vietnamitas no usa correctamente los pesticidas, estima el ministerio de Agricultura.

“Cualquier insecticida es peligroso”, confirma Vu Huu Nhung, agricultor del municipio de Dang Xa, a las afueras de Hanói, mientras pulveriza productos químicos sobre sus campos de coles.

“Pero creo que si se siguen estrictamente las instrucciones es bastante seguro”, dice, aunque admite haber comprado estos productos fabricados en China sin saber exactamente lo que contienen.

Según Nguyen Van Touat, director adjunto del Instituto de ciencias de la agricultura de Vietnam, la excesiva utilización de pesticidas ya tiene “un impacto negativo” .

“Algunos agricultores aumentan la cantidad de productos químicos utilizados” -advierte- con el consiguiente riesgo de intoxicación.

“Los pesticidas también pueden eliminar insectos útiles, lo que podría desencadenar diversas epidemias”, estima.

Los consumidores ya “no saben dónde y cómo comprar productos seguros, perdieron la confianza”, explica.

Estos problemas de seguridad alimentaria cobran especial importancia en Vietnam, gran consumidor de verduras crudas o poco cocidas y de hierbas aromáticas.

Algunas empresas locales intentan producir más productos ecológicos pero Vietnam carece de un sistema de certificación riguroso y además resulta difícil encontrar fertilizantes biológicos.

“Bueno o malo, tenemos que comer frutas y verduras todos los días”, afirma Hoa. “Todo el mundo se muere un día, así que preferimos morir con el estómago lleno...”

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