27 de December de 2009 00:00

El periodismo es sentir la realidad desde adentro: Kapuscinski

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Rubén Darío Buitrón
EL COMERCIO

No era un “periodista a secas”. O quizás sí, porque para él ser periodista era asumir la vida con  filosofía, humildad,  rigor,   vasto conocimiento de la realidad y  de los contextos de esa realidad.

El polaco Ryszard Kapuscinski era todo eso. Y más. 

Será por eso que casi tres años después de su muerte (enero de 2007) su pensamiento, su obra y sus ideas se mantienen vigentes.
 
“El mejor reportero del mundo”, como lo llamaban quienes valoraban la calidad y el compromiso social de su trabajo, escribió una veintena de libros con traducciones a decenas de idiomas.

“Kapuscinski es una de las figuras prototípicas de este siglo, un disidente y objetor del poder que siempre estuvo del lado de la libertad y que, por esa misma razón, usó toda su inteligencia para burlar a los censores”.

Lo dijo el periodista norteamericano Chistopher Hitchens, quien para referirse al notable cronista polaco nacido en 1932 añadió que la clave  de Kapuscinski fue  estar donde debía estar, del otro lado, cruzando fronteras no solo geográficas sino ideológicas, políticas, raciales...

Kapuscinski no solo fue un extraordinario contador de historias vivas sino un profundo pensador del oficio: “Cualquier selección de la información es censura”, decía.

Y explicaba que uno de los papeles  de los periodistas contemporáneos era  arrancar las cortinas-censuras que atraviesan el trabajo mediático cotidiano, muchas veces de manera sutil.

“El papel del periodista en épocas de crisis  -expresaba- es hablar de aquello que no se habla, subrayar lo que se margina, llamar la atención a la sociedad sobre aquellos aspectos de la realidad que no tienen posibilidad de volverse temas estrella, de aquellos problemas que ni con calzador se pueden meter en el estrecho marco de la reluciente pantalla de televisión”.

Kapuscinski elogiaba a quienes, desde el rigor del oficio, eran capaces de provocar profundas reflexiones no solamente a los que  ejercen el poder, sino, sobre todo, a la sociedad: “Lo esencial es que seamos capaces de motivar que la sociedad se mire a sí misma, analice cuáles son sus vicios y virtudes y adquiera el hábito de corregir sus errores”.

Viajero incansable y testigo de al menos 10 revoluciones, ocho golpes de Estado y decenas de revueltas e intentos de magnicidios, Kapuscinski decidió contar la vida desde la vida y así articuló su conocida filosofía del buen periodismo, del periodismo de la gente común: “Ir, ver, comprender, sentir, contar...”.

Afirmaba que no era ético intentar, siquiera, trasladar al papel un hecho sobre el cual el periodista, por falta de actitud, no tuviera profundo conocimiento.

Detestaba la televisión como instrumento de información y acercamiento a la realidad:  “Una época, a la hora de desayunar, veía el programa matutino de noticias. Pero un día me di cuenta, después de dos horas de ver la pantalla, que mi conocimiento del mundo era exactamente el mismo que tenía en el momento de encender el televisor”.

“Durante aquellas dos horas- relataba-  no pararon de suceder cosas en la pantalla, pero, ¿qué cosas  sucedieron? No lo supe. Entonces me vino a la memoria el título de un libro: ‘Cuanto más miras, menos sabes’.

Opuesto a todo fanatismo e ideología autoritaria, extremista  y oscurantista (nació y creció en una Polonia devastada por las guerras y sometida por el estalinismo soviético), Kapuscinski era demoledor en sus críticas contra quienes arribaban al poder y prometían cambios radicales en beneficio de los pobres:

“Juramos crear un nuevo Estado y nos entregamos   en vasallaje a un Estado  mucho más grande. De momento algo hemos ganado: nuestra miseria, la piel y los huesos, todo esto podemos tapar con nuestra flamante bandera nacional, con nuestros himnos y discursos que alegran las almas y los corazones”.

Pero Kapuscinski era claro con las obligaciones  del  periodista: no  ejercer   el oficio desde el discurso contradictor ni desde la inflamada retórica política, sino desde el conocimiento de los hechos, desde el compartir la cotidianidad con los personajes de los reportajes, desde la actitud de empaparse de realidad.    Por algo repetía, siempre, una frase del dramaturgo Strindberg: “Yo no tengo casa. Solo tengo una maleta”.

Maestro, ¿qué es ser periodista?

Ryszard Kapuscinski era de modales suaves y hablar pausado, pero  firme en sus expresiones.

“Los periodistas al estilo clásico ahora son minoría”, dijo alguna vez en un foro en México.

Lamentaba que, cada vez en mayor número, los periodistas no supieran escribir o,  simplemente, decidieran no escribir.

“Esos periodistas no tienen problemas éticos ni profesionales:  no se hacen preguntas, no se cuestionan, no se autocritican”, expresaba con   asombro y decepción.

El ‘Señor K’,  como lo llamaban sus discípulos, contaba que la pregunta más recurrente que le hicieron durante sus centenares de  talleres y conferencias  era: “Maestro, ¿qué es ser periodista?”.

Su respuesta solía ser esta:   “Antes, ser periodista era una manera de vivir, una profesión de toda la vida, una razón para existir, una identidad. Ahora la mayoría de los ‘media workers’ cambian constantemente de trabajo: un tiempo hacen de reporteros, luego son animadores de programas de radio, luego son conductores de TV. No se identifican con su profesión. En el fondo ven al periodismo como una oportunidad y una fiesta, nunca como un compromiso con la sociedad”.

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