20 de octubre del 2016 00:00

Carlos Pareja escaló en el sector público con un discurso anticorrupción

Carlos Pareja cuando tenía las riendas de Petroecuador. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Fernando Medina
Redactor (I)
fmedina@elcomercio.com

El hombre que hizo un ataque feroz a la corrupción hoy es acusado de ser parte de un entramado de millonarios sobornos. Quienes conocieron a Carlos Pareja Yannuzzelli dicen que su actual situación es paradójica. En su juventud, el guayaquileño arremetía contra todo aquel que negociaba fuera de la ley y que se enriquecía ilícitamente. Ahora, él es blanco de esas denuncias.

Fue articulista en diario Expreso. Durante varios años escribió más de 500 artículos. Siempre hablaba de “la honestidad como forma de vida”. Relataba las presiones que tenía en las entidades estatales y decía que el sistema petrolero del país estaba corrompido.

Ese férreo ataque lo catapultó en el actual Gobierno. Se convirtió en uno de los hombres de confianza de Rafael Correa. Ahora, el Primer Mandatario lo califica de desleal.

Pareja Yannuzzelli ha estado en el mundo del petróleo desde hace más de tres décadas. A finales de los 70 tenía solo 22 años.
Acababa de graduarse de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad de Guayaquil. Era un desempleado más y llevaba los primeros años de matrimonio con Dora Matilde Avilés, a quien conoció en la etapa universitaria.

Pasó meses tratando de abrirse campo, pero fue difícil. Jorge Pareja Cucalón, su primo en segundo grado, le apoyó en esos momentos. Le consiguió un empleo en una empresa petrolera y a su esposa la ayudó a hallar trabajo en la Dirección Nacional de Hidrocarburos.

La pareja del guayaquileño pasó a Petroecuador en el 2011, cuando él ocupaba la Gerencia de Refinación de esa empresa. Allí, Avilés se desempeñó como analista inspectora y especialista de integridad y confiabilidad, hasta abril del 2016.

Pareja Cucalón dice que después no volvió a tener contacto con su primo. Supo, por la prensa, de la supuesta red de corrupción que lo envuelve.

En su juventud entró y salió del sector público. Por sus denuncias contra la corrupción -sostuvo Pareja Yannuzzelli en uno de sus artículos de opinión- fue despedido tres veces de la Dirección de Hidrocarburos y ocho de Petroecuador.

Fernando Santos, exministro de Energía en el gobierno de León Febres Cordero, recuerda que el guayaquileño “vivía ajustado”. A inicios de los 80, Dora Avilés lo invitó a cenar en su casa. “Era una modesta vivienda, de una planta y con los sillones forrados de plástico”.

Con los años, su situación económica mejoró. En marzo del 2013 compró un terreno de 886,19 m², en la Urbanización La Ribera del Batán, en Samborondón, Guayas, valorado en USD 221 527. Luego, ese bien fue transferido a Geapronsa S.A., de sus dos hijos, uno de ellos Carlos Andrés, también indagado en este caso.

Actualmente, el único inmueble que aparece a nombre de Pareja es un departamento de 160 m² en Lomas de Urdesa, en el norte de Guayaquil.

Allí vivió hasta enero. Uno de sus vecinos relata que era “amable y colaborador”, pero que no lo veía mucho, pues viajaba constantemente a Quito.

La relación con Rafael Correa empezó en el 2005, en la administración de Alfredo Palacio. En ese entonces, Correa era ministro de Economía y Pareja estaba al frente de Petroecuador.

Mantuvieron reu­niones y hablaron de la caducidad del contrato con la petrolera Occidental (Oxy). Esos momentos están registrados en el libro ‘Caso Occidental: Soberanía o sometimiento’, publicado por Pareja, el 2006.

En ese texto narra, entre otras cosas, la buena relación con el Jefe de Estado. De hecho, el prólogo fue escrito por Correa. Allí, el Primer Mandatario aseguraba que tiene el “inmenso placer” de ser su amigo. Y mencionaba que los unía “la identidad de ideales” por buscar una “patria soberana”.

Pero el exministro de Hidrocarburos no siempre fue bien visto por los funcionarios del Régimen. Alberto Acosta tuvo diferencias con él cuando ocupó el Ministerio de Energía, en el 2007. “Nunca me generó confianza”, dice Acosta.

En su computadora aún guarda las caricaturas de tres diarios donde se plasmaba la disputa entre ambos por la explotación del campo ITT.

Acosta recuerda que Pareja quería explotar esos campos a cualquier precio. Incluso dice que descubrió que gestionaba convenios con Brasil a sus espaldas. Eso provocó un primer impasse con Correa: le pidió que eligiera entre él o Pareja, pues el exgerente de Petroecuador no apoyaba sus iniciativas y no lo obedecía. Acosta fue a la Asamblea y Pareja continuó en el cargo.

Esa no fue la primera vez que él no acataba instrucciones de sus superiores. En el gobierno de Palacio también se mostró contrario a seguir órdenes.

Eso lo corrobora Iván Rodríguez, ministro de Energía de ese entonces. Durante su gestión, Palacio recomendó a un funcionario para un cargo en Petroecuador, pero Pareja se negó. “Eso no es negociable ni con el Presidente”, dijo en una noche de tragos, recuerda Rodríguez. A raíz de eso, Palacio pidió su renuncia al cargo.

En su libro, Pareja relata que el gobierno de Palacio le dio la espalda por impulsar la caducidad de Oxy, lo cual niega Rodríguez, quien cuenta que su salida fue porque mantenía una glosa de USD 34 000.

Ese expediente aún reposa en la Contraloría y se precisa que fue por la compra de tetraetilo de plomo, cuando ocupó la gerencia de Petroindustrial. El guayaquileño pagó esa deuda antes de asumir la presidencia de Petroecuador, en el 2006.

Desde entonces, el ingeniero químico escaló vertiginosamente. En ese año tributó USD 1 320 al Servicio de Rentas Internas y para el 2015 la cifra creció a USD 16 725.

Pareja y su hombre de confianza, Álex Bravo, encabezaron la repotenciación de la Refinería de Esmeraldas, un proyecto emblemático del Gobierno que costó USD 1 200 millones, según reportes estatales.

Entre 2006 y 2016 reportó 109 viajes a 16 países. En su oficina tenía fotos de sus visitas a París, Roma y Madrid. Mientras fue ministro de Hidrocarburos, en Quito, se hospedaba en la suite del Hotel Marriott. Santos comenta que hace 10 años pedía posada en la casa de su hermano, cada vez que llegaba desde Guayaquil.

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