8 de julio de 2015 09:07

Una cita del alegría y oración en el Quinche

En Campo Mariano, detrás del Santuario de El Quinche, se pintaron las paredes, se colocó piso nuevo y se hizo una cubierta. Foto: Alfredo Lagla/ EL COMERCIO.

En Campo Mariano, detrás del Santuario de El Quinche, se pintaron las paredes, se colocó piso nuevo y se hizo una cubierta. Foto: Alfredo Lagla/ EL COMERCIO.

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Carlos Augusto Rojas

La reunión por la vida consagrada, que ha citado a cientos de religiosos y religiosas en el Quinche transcurre con música, alabanzas y alegría sin medida.

Este 8 de julio el Campo Mariano, como se conoce a la zona posterior del Santuario de El Quinche, está colmado por personas que optaron por una vida consagrada a Cristo. Aquí están Jesuitas, Franciscanos, Capuchinos, entre otras conocidas congregaciones repartidas por el mundo. Pero también se encuentran grupos de pocos miembros como la Comunidad Agnus Dei, que quiere decir Cordero de Dios.

Sus integrantes, con barba y cabello largo, visten de verde y usan sandalias.  Esta comunidad de origen alemán está en el país desde hace 18 años y tiene una casa de oración continúa en Santo Domingo de los Tsáchilas. En el país, cuenta con ocho integrantes.

Párrocos, seminaristas, novicios, religiosas... la diversidad es enorme en la comunidad católica. Eso se nota por los diferentes colores, negro, café, blanco, celeste, que identifican a las distintas congregaciones.

Todos ellos se citaron para compartir unos minutos con el papa Francisco, a quien se espera a las 10:30. "Debe haber novicios de unas 60 congregaciones y comunidades", dijo Miguel Vargas, de 22 años y de la Asociación de la Inmaculada Concepción de Colombia.

Estas personas, en algún momento de la vida, sintieron el llamado de Dios y eso es lo que celebran este día.

El hermano Francisco, de la Toca de Asís, lo explicó a su manera. "Estamos alegres por la venida del Papa y por la vida religiosa, por la vida consagrada, porque Cristo es nuestro más grande regalo", dijo el religioso brasileño que radica en Quito.

La fiesta se extendió hasta las 08:30 y luego muchos se sentaron para reflexionar sobre el acontecimiento que iban a vivir. Luego se unieron en una oración por el país y por la Iglesia.

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