29 de March de 2010 00:00

El uso de la palma de cera persiste

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Redacción Quito
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Un tenue aroma a romero se sintió ayer durante la procesión del Domingo de Ramos.

Los fieles católicos llegaron desde muy temprano  para bendecir sus ramos y caminar por las calles del centro de Quito. Este ritual marca el inicio de la conmemoración de la Semana Santa.

La procesión partió a las 09:47,  desde la iglesia de La Basílica, en la calle Venezuela. El intenso sol acompañó a los fieles durante el recorrido. Seis hombres, vestidos con ternos oscuros,  cargaron la imagen de Jesús del Gran Poder y avanzaron por las vías del centro.

María Jesusa Olmedo,  de 75 años, y su esposo, Pedro  Chicaiza, llegaron  desde Riobamba para asistir a esta celebración. Ambos iban acompañados de su nieto Andrés,   de 8 años.
 Los tres llevaban ramas de romero que estaban envueltas en pequeñas canastas hechas con  palma. Ellos  agitaban los arreglos en el aire mientras oraban y avanzaban en medio de la procesión. 

A Chicaiza le pareció extraño que el número de   arreglos elaborados con palmas haya disminuido. “Antes había más adornos.  Así se demostraba la fe de la gente”.
Pero su nieto le explicó que esa planta está en peligro de extinción y por eso no se la debe comprar. “Los pajaritos se van a morir porque no tienen dónde vivir”, dijo  el pequeño a su abuelo.

Chicaiza se quedó sorprendido ante la respuesta del pequeño. “Ahora ellos saben más que uno”. 

A Lidia Aguirre  también la convencieron de no comprar palmas para celebrar el Domingo de Ramos. Ella llevó  ramas de arrayán y romero para que sean bendecidas. “Escuché una campaña y sé que la fe no se mide por las plantas”, dijo la madre de familia mientras avanzaba en la procesión.

 Los devotos caminaron por las calles Venezuela, Manabí y  García Moreno hasta llegar a  San Francisco. Los cánticos y las oraciones no cesaron  en la procesión.

  Rosa Benavides también  sustituyó las palmas por rosas. Ella llegó desde el barrio El Tejar acompañada de su hermana María.

Pero no todos optaron por alternativas. José Morocho, por ejemplo, dijo que usar palmas es parte de su tradición. “Yo no cambiaré mi fe   ni la devoción al Señor”.

La procesión llegó a San Francisco a las 11:17.  En el lugar se vendieron libremente ramos elaborados con palmas. Los fieles ocuparon un cuarto de la plaza para escuchar la misa campal.

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