26 de mayo de 2015 16:16

Las Damas de Blanco de Cuba y viñetista venezolana defienden las libertades en Noruega

Fotografía facilitada por Oslo Freedom Forum de la líder del movimiento opositor cubano Damas de Blanco, Berta Soler. Foto: Agencia EFE

Fotografía facilitada por Oslo Freedom Forum de la líder del movimiento opositor cubano Damas de Blanco, Berta Soler. Foto: Agencia EFE

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Agencia EFE

La líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, la viñetista venezolana Rayma Suprani, la dibujante de "Charlie Hebdo" Zineb El Rhazoui y el fugitivo norcoreano Ji Seong-Ho defendieron hoy en el "Oslo Freedom Forum" la importancia de las libertades frente a la opresión.

"El humor es también una forma de resistir", afirmó Suprani en un discurso en el que lamentó la carga que supone, a su juicio, expresar libremente ciertas opiniones en Venezuela y en el que pidió la liberación del opositor Leopoldo López, quien comenzó una huelga de hambre este viernes.

Suprani, conocida por sus viñetas críticas contra el Gobierno de Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro, recordó que fue despedida del diario "El Universal" tras 19 años trabajando en él. En su opinión, los periodistas han sido "perseguidos y calificados de terroristas" en su país.

La caricaturista defendió que la libertad de expresión es "un espejo de la sociedad" y que, además, "no tiene límites".

"Yo dibujaba en todas las paredes, mi madre trataba de limpiar los trazos que yo volvía a dibujar al día siguiente. Entonces me propuso un trato: escoge una pared, no puedes tocar las otras. Sonreí y dibujé toda hasta que no quedaba espacio. Y ahora me doy cuenta 40 años después de que esa pared es infinita", afirmó.

Otra dibujante tomó la palabra en esta segunda jornada del "Oslo Freedom Forum", la francesa nacida en Marruecos Zineb El Rhazoui, que forma parte del elenco de artistas del semanario satírico "Charlie Hebdo" que sufrió en enero un atentado yihadista.

El Rhazoui, que va acompañada de fuertes medidas de seguridad, describió el acoso que sufre desde entonces a través de las redes sociales, unas amenazas que incluso se han extendido a su marido, obligándole a abandonar su puesto de trabajo en Marruecos.

"Empecé a recibir amenazas de muerte. El Estado Islámico me escribió para decirme: sobreviviste por milagro el glorioso ataque en el que se mató a tus compañeros de Charlie Hebdo, pero tenemos muchos otros leones que tienen un ojo puesto sobre ti y no descansaremos hasta que tengas tu cabeza separada de tu cuerpo", dijo.

El Rhazoui explicó que recibe un mayor acoso que otros compañeros no por su trabajo, sino por el hecho de ser mujer nacida en un país musulmán, ser atea, fumar, beber alcohol y vivir libremente.

Por su parte, la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, pidió a Estados Unidos y la Unión Europea que en sus negociaciones para reanudar las relaciones con Cuba "no dejen de lado a la sociedad civil".

"Vemos que ni el Gobierno de EEUU, ni la UE, ni el papa Francisco se han pronunciado respecto a las denuncias de los derechos humanos" en la isla, apuntó la opositora cubana, quien interpretó estos gestos como "una luz verde que se le está dando al Gobierno cubano para que siga violándolos".

"Si no se condiciona al Gobierno cubano, va a ser más de lo mismo o peor", consideró Soler en una entrevista a Efe.

La intervención más emotiva para el público fue la del norcoreano Ji Seong-Ho, quien logró escapar de lo que es a menudo considerado como el país más hermético atravesando un río a nado junto a su hermano.

El ahora defensor de los derechos humanos relató que, durante las hambrunas que afectaron a Corea del Norte en los 90, vendía carbón robado a cambio de comida y que, un día en 1996, la debilidad le hizo perder la consciencia y caer a unas vías ferroviarias, donde fue arrollado por un tren.

"Es difícil describir el dolor y el miedo que sentí cuando desperté", confesó Ji, cuya mano y pierna izquierda le fueron amputadas en un centro médico donde "no había anestésicos, ni transfusión sanguínea", ni tampoco anestesia.

Afincado en Corea del Sur, Ji no pudo evitar romper en lágrimas mientras relataba las penurias que pasó hasta que pudo abandonar el país, una tristeza que contagió al público e incluso a su traductor al inglés.

"Es muy importante hablar al mundo de lo que pasa en Corea del Norte, pero es aún más importante hablarle a los norcoreanos del mundo de fuera", aseguró el norcoreano, quien alzó su muleta de madera "como un símbolo de que se puede lograr con cualquier cosa".

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