9 de January de 2010 00:00

La Orquesta de Cámara Quito gustó en su recital

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Redacción Cultura

Era el primer concierto de la temporada 2010 en la Casa de la Música y los nueve músicos de la Orquesta de Cámara Quito lucían emocionados.

Sujetando sus instrumentos conversaban y sonreían, tras bastidores, la noche del pasado jueves. A las 20:10,   los músicos salieron al escenario. Les siguió Gustavo Lovato, quien esta vez no  apareció como director musical de la Casa de la Música, sino como titular  de la Orquesta.



Sentí esa relación íntima, entre la orquesta y el director.
Paquita Le Goulven / Directora de corosLovato levantó sus brazos, se tomó unos segundos y el Tango Obertura para orquesta de cuerdas sonó. Así, esta obra  escrita en 1996 por el maestro cubano estadounidense José Manuel Lezcano se estrenó en el país.

“Una interpretación bastante moderna, pero en apariencia  difícil”, dijo  Alba Jurado,  asistente.
Los aplausos llegaron a las 20:23. De inmediato, un puesto adicional, con su respectivo atril, fue colocado junto a Lovato. Lezcano salió con su guitarra en mano y  se unió al grupo.

Entonces, las 350 personas escucharon los tres movimientos del concierto para guitarra y orquesta de cuerdas en Re mayor, de Vivaldi. Durante la obra, los dedos de Lezcano se deslizaron con soltura sobre las cuerdas.

Tras los aplausos, le siguió el concierto para mandolina y orquesta de cuerdas en Do mayor. 

A Jaime Calderón le gustó mucho. “Fue una interpretación vibrante, más aún acompañada por la guitarra. La participación del guitarrista fue sobresaliente”, comentó al finalizar la primera parte del recital.

Con su punto de vista coincidió Byron Bravo, otro asistente. A él le encantó escuchar el clavecín,  instrumento antecesor del piano.

A las 21:11 se inició la segunda parte, en la cual  no participó Lezcano. El propio Lovato tocó su flauta y, a la vez, dirigió a la Orquesta, que interpretó la Suite
Nº. 2 para flauta, orquesta de cuerdas y continuó BWV 1067.

Para Paquita Le Goulven, directora de coros, fue un momento único. “Sentí esa relación íntima, entre la orquesta y Lovato, pese a que él estaba de espaldas”.  Al final sonó la obra Yachag, para orquesta de cuerdas y percusión. Encantó, por ello los asistentes aplaudieron de pie a   los músicos.

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